El estudio del espacio, como entorno, recinto, territorio o perímetro, donde se desarrolla la actividad humana, es una temática recurrente en la obra de Richard López. En el transcurso de los últimos años, sus composiciones adquieren una dimensión panorámica que abarca el circuito citadino, avanzando en el género del paisaje mediante la clásica técnica de la pintura al óleo. Desde los inicios de su carrera el artista ha preferido los encuadres inusuales en los cuales no suele haber figuras humanas —a diferencia de algunos trabajos, como en la serie Centros de poder (2009)—; sus planteamientos representan sitios y lugares habitados o visualizados por individuos que no aparecen en la escena de manera relevante. De este modo, comenzó por registrar interiores que transmiten esa quietud propia de una pintura que se apoya en temas convencionales, como los bodegones y naturalezas muertas. En esas composiciones se vislumbran ángulos y rincones intersecados por elementos de uso cotidiano, y si se quiere intrascendentes, lámparas, muebles, puertas, ventanas, etc., con lo cual adquieren presencia y un nuevo protagonismo cercano a lo escenográfico. La paleta de López, comedida en los tonos, pero incisiva cuando se trata de marcar los contrastes, les confiere a estas piezas un rasgo acogedor, familiar y sosegado; un ejemplo de ello es la serie Espacios habitables (2004). Paulatinamente, abandona la intimidad para explorar el entorno aledaño, indaga en las esquinas, las aceras, las fachadas, hasta llegar al espacio abierto; desde ahí dibuja edificios, azoteas, vallas y detalles arquitectónicos que son referentes del conglomerado urbano, como se observa en las series Tránsitos, Ornatos (2008), Azoteas, Vistas de la ciudad y Vallas (2009).

Estas búsquedas se reafirman en la reciente producción del artista, que expone la galería Carmen Araújo Arte, entre el 14 de noviembre y el 19 de diciembre de 2010, con el título Richard López. Caracas pictórica. En esta exposición se presenta un conjunto de nueve piezas, de formatos mediano y grande, ejecutadas en 2010, que tratan lo arquitectónico, lo publicitario y lo atmosférico de esta ciudad capitalina. Con una pincelada de tono realista, el artista describe construcciones y zonas que son emblemáticas de algunos sectores caraqueños: las Torres del Centro Simón Bolívar, la Torre Polar, el conjunto residencial Parque Central, las avenidas Lecuna y Bolívar, y la Plaza Venezuela. Como en toda ciudad cosmopolita, estas vistas incluyen anuncios propagandísticos que forman parte de nuestra memoria colectiva. En la serie Vallas, por ejemplo, la atmósfera diáfana aviva los colores, destaca los contornos y diseños a gran escala de la firma Nescafé, con su enorme taza roja que se contrapone a la esfera de Pepsi-Cola; así lo muestran las obras Torre Polar —Vista norte y Vista sur—. Actualmente, ambos avisos comerciales han sido desincorporados de las instalaciones que las sostenían; al respecto señala el artista: "La ciudad y lo urbano como tema es inagotable. Es dinámica, se está transformando todo el tiempo. Caracas es colorida, verde, estridente".
En la serie Torres del CSB, Vista oeste y Vista sur, el autor enfoca su atención hacia estas edificaciones que marcaron el inicio de la modernidad durante los años cincuenta en Venezuela. Diseñadas como dos torres gemelas, este bloque constituye un ícono identitario del centro de Caracas, el cual ha sido ampliamente reseñado a lo largo de nuestra historia reciente en libros, postales y fotografías. No obstante, López no teme recrear los típicos encuadres que caracterizan a este tradicional complejo arquitectónico. Pero, además de representar el esplendoroso contraste que da vida a la ciudad durante los días soleados, él ha querido captar la sombra brumosa, esa suerte de niebla ligera que acompaña la intensa luminosidad que suele impregnar, a través de un leve vapor invisible, el ambiente veraniego que envuelve las figuras silueteadas de los árboles y las masas de concreto que se proyectan, en un juego de llenos y vacíos, sobre el horizonte inmediato, como se ve en la serie Calina y sus distintas versiones: Gris I y Gris II, Av. Lecuna y Sepia, Torres del CSB, Av. Bolívar. En estas composiciones el estallido cromático desaparece para dar paso a una gama de negros, marrones, grises y sepias de acento telúrico que se conjugan en una escala de valores y degradaciones. Pintor al fin, López se entrega a la visión contemplativa de estas variables, sabe mirar con deleite los cambios climáticos, resalta lo sutil, lo etéreo y lo evidente, traslada al lienzo ese cúmulo de sensaciones que agitan en su interior: "El paisaje urbano —comenta el autor— es un acontecimiento visual que incita al acto pictórico. Es comparable al deleite de un exquisito bodegón, servido para ser degustado, retratado o pintado".
GLADYS YUNES YUNES
