La obra de Octavio Arosemena ha seguido un paso progresivo, meditativo y ascendente. Empezó hace unos diez años a explorar las posibilidades de la auto-expresión a través de la pintura, específicamente de la acuarela sobre papel. Lo hizo a solas y de manera autodidacta, descubriendo la magia y las posibilidades del agua y los colores, que combinaba en composiciones que revelaban una sensibilidad muy personal y un sentido innato del orden.
Su más reciente exposición individual titulada Espirales muestra cómo este artista ha podido trasladar de manera exitosa los efectos que lograba con la acuarela sobre papel y luego en paneles de clayboard (cartones blancos con preparación arcillosa, tipo gesso), al medio del acrílico sobre lienzo. En estas nuevas pinturas, las composiciones con formas iterativas que lo caracterizan se presentan más atrevidas y con un colorido más variado que en el pasado. Los patrones horizontales y verticales han dado paso a formas dominantes de espirales o curvas en composiciones de mayor tamaño. Por lo general, sus espirales nacen de un centro oscuro y se distienden hacia una creciente claridad. A veces, los círculos se abren, convirtiéndose en grandes formas curvas, como olas que se extienden y se multiplican, una sobre otra. Las grandes espiras se encuentran y se traslapan, son invadidas, o ceden su espacio a otras formas, triangulares o rectangulares, curvas o rectas, creando interesantes dinámicas visuales. A primera vista, podría interpretarse como una exposición de arte abstracto con colores tenues, que fluyen dentro de composiciones basadas en formas geométricas esenciales.

Al acercarnos, percibimos cómo dentro de esos laberintos curvilíneos hay un sinnúmero de celdas rectangulares, cada una de las cuales contiene una pequeña y solitaria figura humana. Aunque tienen cabezas y extremidades, las formas de sus mini-hombres son como grafismos casi abstractos, tanto así que se convierten en signos de lo humano. A la vez, son dinámicos, con formas que se mueven en diversas direcciones, como las alas de aves o los tentáculos de las medusas en el mar. Aparecen de pie, de cabeza, volteándose, con brazos abiertos, y piernas extendidas o contorsionadas. Dan la impresión de estar sometidos a un movimiento mayor que el de su fuerza propia, como llevados por corrientes de aire o de agua, sobre las que los hombres no tienen control alguno.
Los títulos revelan una relación interesante con el concepto del tiempo, del pasar de los meses, de la continuidad inexorable de la vida. Arosemena describe los trabajos con nombres como espirales "de marzo" o "de junio". En otros casos, los títulos parecen inspirados por los colores o sentimientos, como en los espirales "de verano" o los espirales "amorosos". Sin embargo, aunque todos estos seres pasan muy cerca unos de otros, siempre están solos en sus espacios propios. Más bien, en el fluir de las estructuras que los contienen parecen elementos individuales que en conjunto crean una sensación de armonía.
Es tentador, quizás inevitable, asociar las formas de estas obras con la música. Antes de ser pintor, y aun ahora, Octavio Arosemena ha sido un gran amante de la música clásica, tema sobre el cual incluso dirigió por años un programa de radio. Sus obras despiertan asociaciones con lo rítmico, sensual y melodioso. Los colores generalmente son suaves y agradables, deshaciéndose de manera progresiva desde lo más intenso hasta una gentil claridad, aunque en sus nuevas obras hay una búsqueda por lograr contrastes más dramáticos. Son experimentaciones necesarias, en las que el artista aun no ha encontrado todas las respuestas.
Aunque la mayoría de las obras de Arosemena dan una impresión inicial de tranquilidad, al verlas, nos saltan a la mente las implicaciones de estos pequeños seres encerrados en mundos propios, como pequeñas cárceles. La aparente flacidez de sus extremidades insinúa total sometimiento a las fuerzas que mueven las espirales en las que se encuentran atrapados, quizás gustosamente, pero sin opciones. Recordamos que, en el pasado, Arosemena ha pintado flores pero también misiles de guerra, "dictados" líricos de letras pero también documentos ilegibles, así como las formas de gente pero también de fantasmas. Este artista seduce con la delicadeza de sus trazos, el color, la transparencia y la acuosidad del medio, pero hay un trasfondo en el que unas curvas suaves representan un misil, las flores aparecen solitarias, y los seres humanos viven inconexos en una espiral sin fin.
Arosemena produce estructuras nítidas, impecables, casi obsesivas, que reflejan largas de horas de trabajo minucioso. Uno puede visualizar el proceso mismo de su creación, con la recreación hipnótica de sus formas y la tranquilidad que el ser humano encuentra al llevar a cabo operaciones sencillas y repetitivas. Con un lenguaje engañosamente sencillo, el artista nos entrega verdaderos actos de catarsis.
MONICA E. KUPFER
