El lenguaje corporal, una de las primeras preocupaciones estético-formales de Nela Ochoa (Venezuela, 1953), al paso del desarrollo de su obra ha derivado hacia múltiples ordenaciones formales y estéticas, entre ellas la exploración de códigos genéticos de organismos vivos (humano, vegetal, animal), como seria propuesta vanguardista de un sistema de representación expresivo del tiempo presente que deviene historia. El suyo es un trabajo de arte, de acción política y social, que ubica al hombre de hoy en un contexto cultural y social que le resulta inaceptable. La libertad, su única posibilidad de creación, desde siempre le originó la certeza de que el camino a seguir "es el de revelar la noción del cuerpo como un todo material e inmaterial" (catálogo El cuerpo como altar. Retrospectiva 1981-2006, conversación con Julio Ortega). Lo material: el objeto; lo inmaterial: el significado de ese objeto.
Desde la importante serie Baleados (Carne de cañón, tela impresa con radiografía de baleado, 1998), en lo formal y conceptual, a partir del año 2000 reprograma su trabajo hacia "secuencias genéticas" analizadas desde varias dimensiones estéticas. No con curiosidad estrictamente científica, pero sí como derivaciones de formas continuas perceptibles, bidimensionales y tridimensionales, sus planteamientos objetuales oscilan entre la abstracción y figuración de significados altamente intelectuales. A partir de resultados visuales perceptibles, Nela Ochoa "redescubre" una forma plástica expresiva que utiliza también como vehículo irónico y crítico de la situación del ser contemporáneo, bien ejemplificado en Eco genético, 2006 (secuencia genética Homo sapiens SLC6A4, relacionado con el miedo), video digital que muestra la apropiación de la imagen de El grito de Munch; la repite e identifica con dramáticas expresiones de diferentes rostros, evidencias de las relaciones políticas y sociales con su contexto. La ironía sutil es significativa en cuanto a los temas que selecciona bajo las premisas de "códigos genéticos": Pidiendo cacao fue una instalación referencial a la expresión popular venezolana de estar al borde de la angustia o la desesperación, en contraposición a la fruta cacao, símbolo de la nacionalidad del país.

En Gen y figura, exposición reciente, la simbiosis entre significado, medio y forma resulta eficaz en la configuración de la obra final que indaga la representatividad de secuencias del ADN, calificados como "retratos genéticos". Los títulos de las obras son expresiones significativas del resultado final: Cerebro 3 (2006), objeto blando realizado en lana impresa, pintura acrílica, cordón plástico, hilo y relleno de algodón; Anorexia helix (2009), cucharas de metal dispuestas en espiral y recubiertas por cuatro colores de pintura metálica; ExTagua (2010), barrotes de metal pintados de amarillo, verde, blanco y rojo, haciendo una escultura en movimiento reclinada sobre una base, y Fósil (2008), muñecos plásticos danzantes, de rojos intensos y dispuestos al filo de círculos acrílicos que descansan sobre una mesa rodante. Metáforas estéticas e ideológicas de la posición discursiva, crítica y analítica, de una artista que ha volcado su trabajo a la autorrelación del ser humano, interior y exterior, con su contexto, la naturaleza y la vida de los otros.
La superioridad del objeto abstracto-figurativo, importante dualidad estética y plástica en esta nueva propuesta del conocido "arte corporal", no trata del uso directo del cuerpo, sino de ciertos rasgos de identidad personal a partir del ADN. Construido con cierta ironía, la conformación genética como modelo de base, plásticamente define el objeto como realidad en crisis. La intensidad cromática se ajusta a esa realidad, así como a las formas seleccionadas, por lo general activadas industrialmente, compradas en mercados (cucharas, muñecos de plástico, mesa de disección). La repetición de la forma igual, al final crea un barroquismo imaginativo de gran poder de convicción y fuerza estética que bordea el concepto de lo "nuevo bello".
BÉLGICA RODRÍGUEZ
