Exposición Individualmar 2011 - may 2011· Por Janet Batet

Leo Matiz

Ideobox Artspace

París eterno: fuegos de la libertad es el título de la sugerente muestra que nos presenta el espacio Ideobox, con sede en Wynwood Art District. La exposición, compuesta por una treintena de obras realizadas por ese grande de la fotografía que es Leo Matiz, nos cautiva por el alto poder de síntesis y la capacidad de evocación.

La exposición está integrada de una única serie fotográfica que realizó el gran maestro colombiano en la emblemática noche del 25 de agosto de 1944, en París. Asistimos, pues, a un renacimiento. Es la celebración de la Francia liberada. La fiesta tras la entrada de las fuerzas aliadas en París, símbolo de una nueva época, de una Europa liberada de las garras del fascismo.

Y, sin embargo, Matiz no nos presenta una serie-testimonio típica donde el carácter documental sea el predominante. Interesado en la emoción y la incontenible explosión de júbilo, Leo Matiz resume el momento a partir de un giro poético vital: el de los fuegos artificiales que reemplazan los bombardeos sórdidos, imponiéndose los ramilletes de luz como destellos magníficos que retratan el momentum.

Exposición Individual: Leo Matiz — imagen 1
Leo Matiz. Sin título, 1944. De la serie Paris eterno. Fotografía. Cortesía: Fundación Leo Matiz.

Leo Matiz es uno de esos grandes legados que nos ha dejado el siglo XX. El artista, incansable aventurero, nació en el mítico poblado de Aracataca, Colombia, en 1917, y murió en Bogotá en 1998. Matiz recorrió América Central desde joven y se instaló en México. Allí, la ganancia es mutua, alimentándose el artista de toda la efervescencia cultural mexicana, de la que deja retratos psicológicos memorables. Hacia 1948 Matiz se instaló en Nueva York y un año más tarde la ONU le encargó partir a la zona de conflictos del Medio Oriente.

Su obra puede ser clasificada a partir de dos vertientes fundamentales. De un lado, la figurativa, donde afloran el retrato y el testimonio social como pilares fundamentales, imponiéndose ambos por la fuerza psicológica y el diálogo directo con el espectador. La segunda vertiente, de tendencia más abstracta, comprende elementos naturales o arquitectónicos, que, bajo la perspectiva sagaz del artista son trastocados en composiciones geométricas de alta sensibilidad poética. Dominan aquí los ritmos, los altos contrastes, la parte por el todo.

París eterno: fuegos de la libertad tiene el poder de viajar entre ambas zonas, haciéndonos todo el tiempo ir y venir de lo abstracto a lo figurativo, de lo puramente formal al sujeto social, eficazmente resumido aquí a partir de la euforia del retrato colectivo que simboliza cada uno de los destellos captados por el ojo del artista.

En primera instancia, nos hechiza el deleite de las formas per se. Nos seduce el ritmo de formas que se va creando dentro de cada obra y el ritmo general que resulta de la dinámica relacional del conjunto. Invitados ahora por los haces de luz, nuestra imaginación vuela y descubrimos caprichosos gusanitos que dibujan escrituras misteriosas en medio de la noche, alas de insectos ignotos, lluvias de luz.

Una segunda lectura nos descubre, sin embargo, frente a un excelente retrato colectivo. Tal vez uno de los más logrados de este momento histórico tan especial. Asistimos, gracias a la sensibilidad de Leo Matiz, al retrato del personaje colectivo que es París en medio de la euforia de la liberación de la Alemania nazi y el comienzo de la paz. Cada fuego que abre es un individuo que festeja, y es un homenaje, y es una promesa.

Promovida por la Fundación Leo Matiz en colaboración con la Fundación Saludarte, París eterno: fuegos de la libertad es una primicia para nuestra ciudad al estar compuesta en su totalidad por fotografías hasta entonces inéditas. Curada por Alejandra Matiz y Carlos Plaza, la exposición destaca por su solidez y alto poder evocador, haciéndose acompañar de un detallado catálogo con prólogo de Miguel Ángel Flórez Góngora, uno de los más notables expertos de la obra de Leo Matiz. Además del catálogo, los curadores han concebido un portfolio con cinco fotografías, impresas en negativo y positivo, seleccionadas por Alejandra Matiz y Manuel Pérez-Petit, con textos de ambos, en una edición limitada de diez ejemplares.

París eterno: fuegos de la libertad es además un efectivo llamado a la reflexión de nuestra contemporaneidad a partir del hecho histórico. El carácter intemporal acentuado por el título y por el carácter mismo de las fotografías presentadas hace del hecho histórico un canto genérico a la libertad y el respeto de la condición humana.

JANET BATET

Leo Matiz, por Janet Batet | artnexus