Exposición Individualmar 2011 - may 2011· Por Eva Grinstein

Gabriel Valansi

YPF Foundation

Cobijado en las inmediatas implicancias del título, Babel, Gabriel Valansi (Buenos Aires, 1956) presenta un conjunto de piezas inéditas que lo ratifican como uno de nuestros más talentosos artistas. Desde hace tiempo, Valansi ha expandido su arte desde la fotografía, en la que se formó inicialmente, hacia la instalación. Y los resultados de su aproximación al espacio son siempre fascinantes, nutridos de la mirada del fotógrafo pero a la vez concentrados en las complejas posibilidades de la tridimensionalidad. Sus temas se caracterizan por cierta oscuridad, cierta falta de euforia pop que lo sitúan en una posición poco frecuente. Tampoco es afecto a los conceptualismos demasiado imbricados, ni a las densas apoyaturas teóricas. O sí, pero sus piezas son ante todo visualmente autónomas y muy potentes, y siempre pueden ser aprehendidas sin el acompañamiento de textos orientativos. Su reciente exposición se presenta en la torre de YPF, un espacio nuevo en la ciudad cuya inserción en el circuito artístico es algo dificultosa, porque la lógica empresarial que allí subyace no termina de acoplarse con los requisitos del mundo del arte donde desea operar. Aun así, salvando algunas peripecias que no vale la pena reseñar y que presumiblemente se irán corrigiendo, la apropiación del espacio que hace Valansi se impone con una contundencia deslumbrante, incitando a la reflexión y proponiendo un paisaje tan cercano como inaudito.

Exposición Individual: Gabriel Valansi — imagen 1
Gabriel Valansi. Cartel. Estructura de aluminio quebrado, instalación lumínica. 7,5 x 4,5 x 3,5 m.

Valansi instala tres piezas monumentales: una estructura de aluminio que podría emular lo que queda de un bastidor para cartelería pública tras el paso de un ciclón; una montaña de escombros que sólo en la máxima proximidad se revelan como miles de teclas de computadora; una larga superficie negra plagada de pequeños relieves y caminos, construida únicamente con plaquetas de computadora pintadas, cientos de plaquetas que conforman la lúgubre vista cenital de una especie de ciudad fantasma. La tercera es la más inquietante de las tres, y su efecto se completa con un mirador (por fuera oxidado, por dentro dotado de tecnología digital que permite pasar de la visión pixelada a la nitidez) demasiado incitante como para no utilizarlo: es en ese tipo de gestos de dirección decidida del punto de vista donde Valansi vuelve a ser fotógrafo, para beneficio del espectador. Lo que se ve por el mirador nos acerca el detalle imposible de abarcar a la distancia, y al hacerlo nos confronta con la rigidez de todo sistema, con su trazado racional, y también con el hecho tácito de que si esto fuera una ciudad, sería una ciudad espeluznante, vacía.

Muchos han pensado ya antes "una Tierra sin humanos". Y muchos han señalado los peligros inherentes a los dispositivos tecnológicos. Pero en el modo que Valansi elige para combinar ambos imaginarios, atravesados por preocupaciones presentes en algunos de sus trabajos anteriores, se erige una respuesta física, palpable, que volverá una y otra vez a nuestra memoria. En la misma línea rotunda y conmovedora que marcó la Babel de Cildo Meireles (otra aproximación al tema difícil de olvidar si uno la ha visto personalmente), la Babel de Valansi corrobora que los grandes relatos siguen siendo el alimento predilecto de los grandes artistas.

EVA GRINSTEIN

Gabriel Valansi, por Eva Grinstein | artnexus