Enrique Martínez Celaya es un artista multifacético y extremadamente prolífico. Es pintor, escultor, fotógrafo y escritor. Es un creador incansable, que concibe obras más allá de las limitaciones de una técnica en particular. Esto es lo que lo impulsa a adentrarse y dominar con maestría las diferentes técnicas para poder materializar lo que produce su imaginación. A pesar del hecho de usar varios medios, y que consecuentemente cada pieza se vea restringida al potencial de cada uno, toda su obra muestra un lirismo que trasciende el aspecto visual. Trae la poesía de sus textos a sus telas, logrando un flujo continuo de ideas y metáforas. Su obra tiene el don de la fabulación; cada pieza narra una historia determinada pero todas conectadas a él de alguna forma.
Su última exposición en Miami, en la galería Gary Nader, fue preparada conscientemente teniendo en consideración la forma en la que él hace arte. Aunque esta muestra no es una retrospectiva en el sentido clásico, sirve como una buena representación de su obra de los últimos dieciocho años al exhibir un conjunto de piezas de diferentes períodos y de técnicas diversas. Es una buena selección de su obra en general y permite al espectador entender su trabajo y tener una idea clara del mismo.
En muchas de sus pinturas Martínez Celaya recrea un mundo onírico, en el que no hay una frontera definida entre la realidad y la fantasía. Una de ellas es The Sea and the Bear (El mar y el oso) (2009-2010), que se parece a una de las escenas de sueños de una película de Bergman: la muchacha está sentada encima de un oso polar, de espaldas. Los tonos grises, las pinceladas largas y la obvia imposibilidad de la imagen ayudan a afianzar esta asociación. Aunque el rostro de la muchacha está meramente esbozado, tiene suficientes detalles como para percibir un estado de ánimo melancólico.

En todas estas piezas hay una espiritualidad subyacente. En algunas se ve más explícitamente una intención de búsqueda de la verdad, como en The Heard and the Seen (Lo escuchado y lo visto) (2009-2010), intentando representar estas dos acciones descritas en el título: ver y oír, y las implicaciones de cada una. Hay una pregunta suspendida en el aire: ¿cuán acertado puede ser algo que vemos y oímos? ¿Podemos confiar completamente en estos dos sentidos? El artista escogió dos pájaros negros para representar esta dicotomía, poniendo en evidencia el delicado espacio entre percepción e ilusión.
En estas pinturas dominan una atmósfera nostálgica y una sensación de añoranza. Hay una tristeza implícita en estas imágenes, algo intangible, y una oscuridad que no está restringida al uso del color, pero que también se extiende a la parte conceptual. Sin duda, su condición de exiliado ha influenciado su camino artístico, especialmente esa sensación de haber sido arrancado, y sentirse incompleto en cierta forma ha afectado los temas que escoge y las imágenes que crea.
Martínez Celaya usa símbolos recurrentes en su obra, y uno de éstos es el venado. Lo ha representado en casi todas las técnicas en las que ha trabajado. En esta exposición podemos ver dos ejemplos: The Savior (El Salvador) (2008), una escultura de bronce de tamaño natural, y Untitled (Deer) (Sin título [Venado]), del mismo año. La primera sugiere que ve al venado desde el punto de vista totémico, como una presencia fuerte y dominante. En la segunda pieza destaca la gracia y la naturaleza gentil del animal, al cortar la imagen detallada de otra pintura, y presentarlo solo en una pieza separada.
Otro elemento recurrente a través de su obra es la presencia de niños, que son a menudo el centro de muchas piezas. En algunas ocasiones representan su alter ego y en otras sirven como una reminiscencia de su infancia.
A pesar de la universalidad de su obra, podemos ver el influjo de ciertos artistas que abrieron el camino antes que él. Uno de éstos es Joseph Beuys, y su influencia puede verse en Vitrine with Flowers (Vitrina con flores) (2005). Consiste en un conjunto delicado y transparente con flores azules bordadas, colgado en un perchero, que nos recuerda el icónico Felt Suit (Traje de fieltro) (1970) de Joseph Beuys. Martínez Celaya lo utilizó en su conocida fotografía Boy at the Shore (Niño en la orilla) (2005), en la que retrató a su hijo vestido con ese traje. Después de hacer la fotografía el artista retuvo las ropas como una pieza independiente, jugando con un concepto similar al que Beuys se propuso con el suyo.
Esta es la cosmogonía de Martínez Celaya: todos los elementos de su vida reflejados en su arte. La suya es una obra que escapa de la predisposición de ser definida en términos de una tendencia artística, geográficamente o a partir de constricciones étnicas. Las preocupaciones que refleja son de naturaleza espiritual y filosófica. Temas tan generales como sólo el hombre puede ser; mostrando una humanidad que trasciende cualquier otro aspecto. Su obra refleja una búsqueda de identidad, no solamente en términos culturales sino más íntimos y universales, su búsqueda está enfocada a definirse a sí mismo como artista y como ser humano.
IRINA LEVYA
