La exposición Siqueiros: Landscape Painter, en el Museo de Arte Latinoamericano de Long Beach, la primera de su tipo que se haya presentado en parte alguna, arrojó una luz sobre un aspecto deslumbrante aunque poco conocido de la obra de este artista. Esta cuidadosa y rigurosa exploración de sus paisajes puso en primer plano su diversificada postura sobre las intensidades de la existencia humana sobre la Tierra; estableció su lugar original dentro de la tradición del paisajismo y reconsideró con una nueva nitidez algunas de las discrepancias que separan su obra de la vanguardia pictórica purista que él inspiró en las primeras décadas del siglo XX.
Las dinámicas pinturas estaban arregladas en grupos temáticos, antes que en orden cronológico. Entre los grupos temáticos había vistas aéreas y estratosféricas; obras dominadas por representaciones alegóricas de árboles; pinturas que describían onduladas montañas "con sus venas expuestas" (palabras de Siqueiros) y una serie de alegorías de acontecimientos y figuras históricas específicos.
Una pintura similar a un mandala, llamada Abstraction, de 1934, dominaba el primer tramo de la exposición y marcaba la pauta. Hecha en piroxilina, una resistente pintura sintética utilizada para automóviles, que el artista adoptó en su primer viaje a Estados Unidos, Abstraction estaba dominada por un luminoso disco de densa pintura blanca que parecía desplazar físicamente hacia los bordes del rectángulo un surtido de manchas oscuras más pequeñas. Aunque el denso despliegue de piroxilina recreaba el proceso de la pintura y creaba su superficie real, la imagen conservaba su ilusiva profundidad y su tonalidad local. Ningún purismo formal, ninguna buena opinión de la autonomía plástica o reverencia por la lógica interna de la pieza refrenaban la sensación de que esta abstracción podría ser, de hecho, un preciado objeto en un estante.

No lejos de Abstraction, y contrastando mucho con su sensación de intimidad, la exposición presentaba diversos paisajes con una espectacular vista desde el espacio exterior. En Stratospheric Antennas (1949), pintada sobre una tabla cóncava, varios volcanes se comunicaban con el espacio astronómico mediante gigantescas antenas que, como formaciones naturales, emergían de sus cráteres contra un vibrante firmamento de dinámicas formas abstractas. En Atomic Spacecraft, realizada también sobre una tabla curva, Siqueiros imaginó una enorme nave especial biomorfa, con seudópodos metálicos salpicados de miles de ventanas. El grupo exponía en términos inequívocos el entusiasmo reverencial del artista por el cosmos, la tecnología y el progreso. Y, del mismo modo que Abstraction no necesitaba su autonomía para ser una abstracción para Siqueiros, la Tierra y su entorno celestial no necesitan estar libres de futuros artificios imaginados para conservar su fascinación. Esto contrasta en gran medida con la actitud de los paisajistas tradicionales, que tendían a excluir elementos urbanos y tecnológicos de sus parentéticos encuentros con la naturaleza.
El lugar de encuentro con ésta no era un futuro intrépido sino un pasado arcaico e idealizado.
Las pinturas que representaban alegorías de sucesos y figuras históricas mostraban seres individuales hechos en intensos elementos geográficos o colocados en ellos. Incluían una colosal y espectral aborigen similar a una montaña, que ocupaba la totalidad de la pintura y abrazaba con instinto maternal torres de perforación y grupos compactos de personas que eran, comparadas con ella, tan pequeñas como hormigas (alegoría de la nacionalización del petróleo, 1945).
En otra agrupación, puesta sobre la tierra, había árboles colosales que, como emisarios o extensiones de la inmensidad universal, ponían de manifiesto la pequeñez de la existencia humana, representada por grupos dispersos de dos o tres personas del tamaño de una hormiga, casi invisibles.
Al presentar las obras en grupos temáticos, al no restringirlas a una coherencia histórica narrativa, los curadores crearon placenteros ámbitos de resonancia poética para cada una de las muchas aproximaciones de Siqueiros al paisaje. Esta misma atención y este mismo respeto por las diversificadas resonancias de la obra se reflejaban en el aire disciplinario del catálogo, que incluía ensayos de diez ensayistas muy competentes y variados. Siqueiros envió un agradable e inesperado paquete. Siqueiros: Landscape Painter ha empezado a desempacarlo con cuidado.
FABIÁN CEREIJIDO
