Exposición Individualmar 2011 - may 2011· Por María Clara Bernal

Consuelo Gómez

Cámara de Comercio de Bogotá

Muchas han sido las reencarnaciones del objeto surrealista y su capacidad transformadora. La primera faceta de Cinturón rojo, que se puede visitar en la Cámara de Comercio de Bogotá, es una aproximación idiosincrásica al asunto desde un contexto local.

La más reciente exposición de Consuelo Gómez está basada en su investigación de campo sobre algunos de los barrios populares más tradicionales de Bogotá. En este caso, se trata de La Perseverancia, un barrio fundado a comienzos del siglo XX para alojar en su mayoría a los obreros de la fábrica de cervezas Bavaria. Las casas, con su estética particular, tanto arquitectónica con todas las implicaciones que trae la autoconstrucción, como en su decoración, fueron el punto de partida de los objetos y esculturas que se presentan en Cinturón rojo.

Las obras reunidas en la exposición, curada por Eduardo Serrano, logran abordar la historia del barrio y sus habitantes y transportan al espectador a ese lugar de la memoria capitalina a través de una serie de formas cuidadas y calculadas que, sin embargo, incluyen visos de nostalgia, como se puede ver, por ejemplo, en un balón impreso en tela de uniforme guardado en lo que parece ser una vitrina y una torre de agua al mismo tiempo.

Exposición Individual: Consuelo Gómez — imagen 1
Consuelo Gómez. 3-89, 2010. Madera, vidrio y pergamino. 180 x 40 x40 cm. (70 ¾ x 15 ¾ pulgadas).

En la última década Bogotá no sólo ha sido testigo de un cambio radical en infraestructura sino que también ha presenciado un auge sin precedentes en la construcción de edificios de viviendas que se construyen derribando las grandes casas de los vecindarios tradicionales de la ciudad, con lo cual gran parte de la historia de Bogotá desaparece minuto a minuto. La obra de Consuelo Gómez hace un señalamiento de la tradicional vida de barrio que tiende a esfumarse enfrentada a los megamercados y las grandes avenidas.

Aunque las piezas están basadas en lugares concretos, no se trata de hacer un recuento descriptivo casa por casa del vecindario de La Perseverancia; más bien, intenta captar la esencia de lo doméstico y lo local que esta cargado de historias. Las alusiones al barrio son pensadas y reelaboradas bajo una mirada afectiva y a la vez distante. La utilización de la numeración de la direcciones de las casas que inspiraron cada pieza como títulos de las mismas es muestra de ello. Por ejemplo, 31-26 designa una caja de metrónomo que contiene una columna en vidrio, y 02C-32 corresponde a un biombo hecho de madera doblada y malla de acero.

La comunión de lo escultórico y el oficio artesanal es algo que ha caracterizado la obra de Consuelo Gómez, y esta exposición no es la excepción. Su interés por involucrarse con la técnica del artesano se hace evidente en las botellas sopladas que conforman un híbrido entre la vasija para chicha —la bebida tradicional a base de maíz—, los contenedores precolombinos y las botellas de cerveza. Siempre cercanos a la historia del lugar, estos objetos son tal vez unos de los más intrigantes y poéticos de la exposición. Muestran en su forma la transición de la costumbres indígenas a las europeas, de la subsistencia agraria a la industrial y las transformaciones que esto conlleva en un pueblo y sus hábitos, resalta la naturaleza y el momento histórico del cambio a principios del siglo XX.

Lo artesanal y lo escultórico alcanzan un grado de conversación interesante en la superficie de Juncal, una pieza que parece marginal pero de cierta manera amarra la exposición. Se trata de una mesa con un relieve sobre su superficie que hace eco de la fotografía de unos juncos en el río Bogotá, que cuelga en la pared directamente encima de la mesa. La instalación esta íntimamente ligada a la historia de La Perseverancia, pues los juncos del río eran utilizados para empacar y proteger las botellas de cerveza Bavaria.

El ensamblaje es también una ruta para recorrer la muestra. Los muebles disfuncionales en términos tradicionales, pero totalmente efectivos en su capacidad evocativa, invaden la sala como si fueran los habitantes del barrio de donde salieron. En 31-20 se puede ver la decoración en forma de rombos, que es tan común en las casas de barrios populares de Bogotá y que, se ha dicho, son muestra de la persistencia de cosmovisiones indígenas, en donde se señala la forma en que la vida funciona: empieza en un punto alcanza un pico y después se decae hasta el mismo punto en donde se empezó.

Con gran fuerza emocional pero sin sentimentalismos, Consuelo Gómez hace monumentos a esos lugares y prácticas tan centrales de nuestra cotidianidad que tienden a desaparecer con la fuerza del progreso de la ciudad.

MARÍA CLARA BERNAL

Consuelo Gómez, por María Clara Bernal | artnexus