Claudio Vera-Coelho es un artista de la tierra que conoce el valor de los materiales en cuanto a su simbología y referentes conceptuales. Formado bajo los principios de la Escuela del Sur y la batuta de su maestro y amigo Julio Alpuy, Vera-Coelho construye un lenguaje plástico donde el respeto por la materia y la relación con el entorno son visiblemente algunos de los valores más admirables de su trabajo.
La obra de Vera-Coelho es una reflexión plástica, descargada de argumentos políticos o violentos, un cuestionamiento centrado en la vida, en el devenir del tiempo y en la profundidad del pensamiento. Por esta razón, su obra tiene un componente situacional, un manejo de espacio-tiempo en el que el territorio adopta un lugar protagónico. El cuerpo de obra presentado en el Centro Colombo Americano de Bogotá y Cali, respectivamente, en la Galería The Warehouse Art (y próximamente en la nueva sede del Centro Colombo Americano en el Bulevar Niza), es sin duda testigo de lo anterior.

Realizada en su mayoría en Perú, luego de diez años de investigación en Nueva York, esta obra está conformada por más de un veintenar de piezas; toma maderas que vienen arrastradas por el río y sus historias. Maderas que llegan a sus brazos de las formas más insospechadas, a las que él acoge, madura, consiente e interviene. En algunos casos las quema, corta, separa o hiere. La acción frente a la materia depende del valor que adquiere cada una frente a la colectividad. Esta obra habla con buenas palabras de las raíces y las simbologías, porque la gran sombrilla que cubre esta serie son la prudencia y el equilibrio con que trabaja tanto el concepto como el material.
La forma que adoptan las piezas se inscribe en las fronteras de un título que resulta poco gratuito, Strange Structures, y plantean una serie de variables en cuanto a proporción, forma, color y tamaño, que devienen de su amplio conocimiento de las estructuras de la naturaleza y su cualidad orgánica. Esta noción, contradictoria de por sí, hace parte del sistema de comprensión que Vera-Coelho utiliza como vehículo para instaurar una relación estable con el universo.
Strange Structures significa también la fórmula utilizada por el artista para lograr sus ensamblajes. Una puesta en escena donde la lectura individual y la lectura del conjunto tienen raíces diferentes pero complementarias. Cada pieza sola resuelve una ecuación formal en términos geométricos, casi como un problema matemático. Mas cuando esta entidad se inscribe en un entorno cargado de ellas, la lectura se recuesta sobre los principios de la astronomía, relaciones invisibles, tensiones, formaciones y ensamblajes poco evidentes pero definitivamente presentes ante el espectador. Si le adicionamos el olor del material, agradable y conocido, traemos la obra del espacio exterior al cubo blanco de la galería y reconocemos un aire de conocido, muy plácido, que no había sido perceptible a la primera ojeada.
Sin embargo, ser descrito como artista de la tierra no implica únicamente que su trabajo esté realizado con materiales nobles como éste. Vera-Coelho carga consigo una pasión por el dibujo, por el trazo libre frente al paisaje, urbano o rural, que acompaña su continuo movimiento geográfico: Nueva York, Lima, Bogotá, Uruguay, Canadá, entre otros, y su espíritu sin rumbo predeterminado, producen una ecuación de gana-gana frente a su trazo embelesado en sí mismo. Vera-Coelho se concentra en el espacio aparentemente vacío, en las fronteras entre la masa y la luz. Tal como sucede en sus instalaciones, los dibujos plantean una problemática de proporción, y la forma que acaricia el punto donde se desvanece el paisaje, es sin duda un complemento muy interesante para su cuerpo de obra.
Claudio Vera-Coelho trasciende el territorio que ocupa el arte porque entiende que el valor de los objetos se enraíza en la naturaleza y se fundamenta en el espíritu. Un artista de la tierra que establece su territorio en el lugar geográfico que le ofrece nuevos sabores a su investigación.
ESTAFANÍA SOKOLOFF
