Esta nueva exposición de Ciro Beltrán reúne obras que prolongan líneas anteriores de trabajo con las que suponen una innovación o un cambio rumbo del mismo. Las obras anteriores estaban marcadas por la forma como este artista chileno asumió la estrategia de prescindir del marco para permitir que la pintura invadiera el espacio colindante. El antecedente remoto de esta actitud lo sentó el grupo MADI, en la Argentina de los años 40, pero fue Daniel Burén quien con más radicalidad dinamitó el marco y los límites de la sala de exposiciones y diseminó la pintura por la ciudad. Al comienzo lo hizo en los espacios anónimos de la banlieu parisina, luego en las estaciones del Metro y finalmente desembarcó en los museos y en las galerías a las que antes se había opuesto contundentemente. Christo y Jeanne - Claude tomaron el relevo de una manera extraordinaria con su obra Surround Islands, un portentoso homenaje a los Nenúfares de Monet, realizado en 1982. Allí utilizaron seis millones y medio de pies cuadrados de tela plástica de color rosa flamenco para rodear once de las islas de la Byscaine Bay con el fin de ofrecer a los pasajeros de los aviones que sobrevolaban la ciudad de Miami, en la Florida, el espectáculo de una pintura de dimensiones nunca antes vista, sin marco, literalmente desquiciada.

Ciro Beltrán parte de este legado y lo transforma poniendo el énfasis en la ruptura del régimen que regulan las relaciones entre la arquitectura y la pintura y que habitualmente asignan un papel subalterno a esta última. El cuadro colgado en la pared o el mural pintado en el muro subrayan o complementan el papel de la arquitectura como ámbito, confín, contenedor, refugio o escenario donde encuentran su lugar las más diversas actividades humanas. En la obra de Ciro Beltrán, en cambio, la pintura toma el mando y se ofrece audazmente como una alternativa verosímil de la propia arquitectura. Al principio este desplazamiento fue cauteloso. Como en esas piezas que exhibió en Refugio— una exposición realizada en 2005, en la Stadtische Galerie Iserlohn— que eran insólitas esculturas de carácter geométrico construidas con telas y bastidores y que podían ser interpretadas como modelos a escala de arquitecturas constructivistas. Después los desafíos de Beltrán a la arquitectura se volvieron todavía más audaces, dando lugar a la elevación de verdaderas arquitecturas, con interiores lo suficientemente generosos como para sentirse tentado a entrar y asentarse en ellas. Es entonces cuando aparecen las piezas que evocan las carpas de los circos o las tiendas de los nómadas del desierto. Y en las que la función envolvente la cumplen tapetes azules, grises o rojos sobre los que el artista ha realizado dibujos esquemáticos y vigorosos que recuerdan los dibujos rupestres de África o de Australia. En algún caso, como en la instalación realizada en el marco del proyecto expositivo Pinturas habitables realizado en abril de 2009 en Santiago de Chile, Beltrán acopla una de sus "tiendas" con la portería de un campo de fútbol. En otros, como en Construcción arquitectónica ideal, realizada en el marco de la exposición retrospectiva celebrada en 2005, en el Museo de Bellas Artes de Santiago de Chile, la arquitectura efímera de Beltrán se propone como una potente alternativa física y visual, a la arquitectura del museo que se supone debía limitarse a contenerla. Y cabe añadir que Beltrán también utiliza los tapetes para reivindicar un protagonismo del diseño y la ornamentación de los suelos que la arquitectura moderna ha despreciado o devaluado condenando al suelo a cumplir las escuetas funciones de un pavimento cualquiera. En la muestra Revestimientos/ Recubrimientos, celebrada en 2009 en el Centro de Arte Contemporáneo de Medinaceli, en España, él cubrió el suelo con uno de sus tapetes pintados e invitó a la gente a caminar o a pasear sobre ellos.
Todos estos antecedentes se dan cita de manera ejemplar en dos de las piezas de esta exhibición. La primera se titula Refugio - Haus y es una de esas esculturas modelo o maqueta de arquitectura que proyecta sus partes sobre los muros que la rodean. La otra se llama como la propia exposición El espesor del tiempo y es una instalación dispuesta a lo largo de una pared, que invade el suelo y el techo de la sala con tapices pintados y apuntalados por varas de madera. El giro en la trayectoria de Beltrán del que hablé antes está representado por una serie de dibujos titulada Dibujos teóricos, compuestos a partir de frases extraídas de ensayos y de artículos de críticos y teóricos del arte. Con ellos él pretende cerrar el círculo que une la obra de arte con su interpretación crítica que después se proyecta sobre ella, transformándola.
CARLOS JIMÉNEZ
