Exposición Individualmar 2011 - may 2011· Por Elisa Rodríguez Campo

Anna Maria Maiolino

Fundació Antoni Tàpies

Anna Maria Maiolino, brasileña de origen italiano, celebra 50 años de trayectoria artística y nunca mejor que con su primera exposición retrospectiva en Europa. En esta oportunidad Maiolino trabajó conjuntamente con la curadora Helena Tatay en la concepción de la muestra, en la que felizmente un centenar de piezas de diversas disciplinas convivieron en un extraordinario montaje, especialmente junto a la instalación Una vez más (2010), que protagonizaba la sala principal, en la cual 6.000 kilos de barro crudo fueron amasados por la artista, con la colaboración de estudiantes y ceramistas profesionales días antes de la inauguración. Este conjunto de piezas modeladas fueron exhibidas pulcramente sobre enormes mesas, y al no estar horneadas, irremediablemente se convirtieron en polvo, desvaneciéndose en los espacios de la Fundació Antoni Tàpies en Barcelona, España.

El eje central del trabajo de Maiolino reside no sólo en el gesto que traduce la importancia indiscutible del proceso, sino en la reivindicación del cuerpo como lugar de acontecimientos y transformaciones, el cuerpo como una maquinaria humana —quizá demasiado humana— capaz de sintetizar contenidos profundos para digerirlos y codificarlos en un nuevo lenguaje seriado.

Desde muy joven Anna Maria Maiolino se involucró con el movimiento neoconcreto del arte, que cobró ímpetu en Brasil comenzando la década del sesenta del siglo XX, alejándose de códigos geométricos para proponer un vocabulario construido sobre la arquitectura del cuerpo.

Exposición Individual: Anna Maria Maiolino — imagen 1
Anna Maria Maiolino. De... Para..., de la serie Fotopoemação (Fotopoemación), 1974. Fotografías analógicas en blanco y negro. 63,5 × 48 cm.( 24 ¾ x 18 ¾ pulgadas).

Maiolino participó junto a Lygia Clark y Hélio Oiticica en diferentes exposiciones de dicho movimiento, y años más tarde, en 1967, forma parte de la exposición Nova Objetividade Brasilera (Nueva objetividad brasileña) en Río de Janeiro, de la cual se desprende La declaración de principios básicos de la nueva vanguardia, que retomaba el Manifiesto antropófago de 1922 y defendía la solidez e independencia del arte brasileño.

Si bien el movimiento concreto que precede a esta artista decantaba cualquier connotación lírica construyendo sobre las matemáticas y la industria un lenguaje que fuera universal, se estaba gestando la necesidad de un cambio radical que ofreciera nuevas dimensiones expresivas al hombre moderno.

Maiolino responde incorporando un nuevo vocabulario en el cual amasa humanidad, sublimando aquella seriación industrial en un gesto manual que, cociendo o moldeando, sintetiza la fragilidad y complejidad del individuo.

Las piezas contenidas en esta exposición y su distribución en el espacio guardan una relación directa con su discurso plástico. Son testimonios de un proceso gradual y acumulativo, metáforas de cómo asimila el caudal emotivo que la colma y cómo consigue drenarlo, un eterno retorno entre la plenitud y la vacuidad, lo nutritivo y lo abyecto.

Esta artista trabaja en series abiertas que están en constante proceso constructivo, alimentándose y reciclando contenidos muy personales, en lo que resulta una exquisita antropofagia. Hilo, papel, barro, yeso, tinta derramada, madera, cristal soplado o emanado, huevos y, básicamente, el propio cuerpo son utilizados como palabras enhebradas, espacios que ocupa, vacíos que acusa.

En la serie Indicios (2004-2010) borda, guiada por su intuición táctil, sobre la cara anterior y posterior del papel, mientras que la serie Vestigios (2000-2010) compendia diferentes dibujos en tinta sobre papel que trazan huellas en las páginas posteriores; la serie Codificaciones matéricas evidencia cómo la gravedad dibuja directamente sobre el papel, goteándolo con tinta y creando una armonía en la que un dibujo inconcluso lleva al siguiente; la serie Mapas mentales constituye cartografías de su preocupación por la situación política que atraviesa Brasil durante la dictadura militar que le toca vivir, destacando Alma negra de América Latina-Situación geográfica (1976), un mapa de Sudamérica que colorea en tinta negra sobre madera, e incluso Vacuum (1972), palabra con la que comprime la sensación de vacío que sufre.

No obstante, hay un asomo de esperanza ante este panorama y está condensado en la performance Entrevidas (1981), en la que la propia artista recorre a tientas un camino minado de huevos y hojas secas. Quizá sea ésta una de sus metáforas más delicadas, donde refleja el proceso gradual de gestación y cambio político que desea para Brasil. Una de las salas inferiores de la Fundació A. Tàpies recogía la secuela de esta pieza, en una instalación que recibió el mismo nombre: Entrevidas (1981-2010).

Sus Fotopoemas y las diferentes piezas audiovisuales exhibidas versaban sobre el paso del tiempo, ciclos eternos, versos/inversos, superposiciones y opuestos complementarios. Vale destacar In-Out (Antropofagia) (1973-1974), loop en el que la artista deglute y devuelve hilos, como palabras de un discurso político fracasado e inconcluso. Por otra parte, el audiovisual/autorretrato Un momento por favor (1999-2004) nos deja ver en detalle la vulnerabilidad contenida en las líneas de expresión que surcan su rostro, mientras nos habla al mismo tiempo con su voz y con la contundencia visceral de la carne desgastada de su cuerpo.

Anna Maria Maiolino desarrolla un ritual digestivo y asimila poéticamente la concepción contemporánea del proceso en el que blancos y vacíos son pausas antes de ocupar, silencios antes de manifestar, manchar, estirar, multiplicar, acumular y construir desde su cuerpo. Aquellas manos maternas que siempre estuvieron ocupadas zurciendo o amasando pan, no la estrecharon —según confiesa Anna Maria—, y ahora son las suyas las que permanecen ocupadas mezclando y cociendo sentimientos para poderlos liberar.

ELISA RODRIGUEZ