Jorge Luis Borges, en una conferencia pronunciada en el Museo de Bellas Artes de La Plata, en 1968, dijo acerca del pintor argentino Xul Solar: "Xul comprendía, Xul sentía que lo que llamamos realidad es lo que queda de antiguas imaginaciones". Xul Solar, astrólogo, pintor, inventor, filólogo, estudioso de las religiones y la filosofía hermética, músico, matemático, ha sido una de las personalidades artísticas más complejas y originales de la Argentina.
Nacido en 1887, en San Fernando, provincia de Buenos Aires, hijo de padre alemán y madre genovesa, se embarcó en 1913 rumbo al Lejano Oriente, viaje interrumpido que lo llevó a recorrer Francia, Inglaterra, Alemania e Italia. En Italia encontró a otro pintor argentino, Emilio Petorutti, quien prologó su primera exposición en Milán, en la Galería Arte. Todos los estímulos de las vanguardias europeas contribuyeron a exaltar su imaginación y su avidez cognoscitiva. Fue permeable a los aportes formales del cubismo, del futurismo, del orfismo y, algo menos frecuente entre los artistas argentinos que aterrizaban en París, del expresionismo alemán, al cual estaba unido por afinidades muy sutiles con el mundo de Klee y de Kandinsky.
El crítico argentino Aldo Pellegrini (1903-1972), profundo conocedor de la obra de Xul Solar, ha hecho notar: "En pocos artistas puede señalarse, como en Xul Solar, una perfecta unidad entre vida y obra. El conocimiento de su vida ayuda a penetrar en su obra y resulta la mejor introducción para comprenderla. Y esa vida no fue más que una vasta aventura en procura del conocimiento esencial"1.

Veamos una descripción que él hace de sí mismo en 1951: "Soy campeón del mundo de un juego que nadie conoce todavía: el panajedrez; soy maestro de una escritura que nadie lee todavía; soy creador de una técnica, de una grafía musical, que permitirá que el estudio del piano, por ejemplo, sea posible en la tercera parte del tiempo que hoy lleva estudiándolo. Soy director de un teatro que todavía no funciona. Soy creador de un idioma universal, la panlingua, sobre bases numéricas y astrológicas que contribuirá a que los pueblos se conozcan mejor. Soy creador de doce técnicas pictóricas, algunas de índole surrealista y otras que llevan al lienzo el mundo sensorial, emocional, que produce en el oyente una audición musical. Soy creador de una lengua para la América Latina: el neocriollo con palabras, sílabas, raíces de las dos lenguas dominantes: el castellano y el portugués"2.
El juego al cual se refiere, juego total o absoluto, es un desarrollo del ajedrez, de base duodecimal, vinculado a la astrología, que puede jugarse ad infinitum, en combinaciones innúmeras y siempre creativas.
El escritor argentino Leopoldo Marechal hizo a Xul Solar uno de los personajes de su novela Adán Buenosayres bajo el pseudónimo de Schultze, y se refirió al panjuego en estos términos: "Cada uno puede jugarlo, como en la vida, según sus propias y determinadas posibilidades: frente al tablero el astrólogo moverá sus planetas, el matemático, sus guarismos, el alquimista, sus elementos y el jugador común, la tabla cambiante de sus acciones y reacciones"3.

La creación de la grafía musical a la cual se refiere su autodescripción está conectada a la invención de un piano con teclado triple.
Su vinculación con la música fue mucho más allá de sus invenciones prácticas y se interrelaciona con su pintura.
El teatro que todavía no funcionaba en 1951, después existió como Teatro del Destino, con marionetas articuladas que personificaban a los signos del zodíaco.
Todas estas actividades no pueden separarse de su pintura, porque el carácter insólito de la misma dentro del panorama del arte argentino de la época proviene justamente de su actitud generadora de actos poéticos en todos los aspectos de su imaginación. Su deseo de penetrar en una realidad absoluta, que fuera más allá del mundo de las apariencias (un poco más cerca del corazón de la creación, como diría Klee), lo llevó a rechazar cualquier interpretación fragmentaria y a buscar correspondencias entre todas las actividades artísticas del hombre, ya sea la pintura, el teatro, la arquitectura, las matemáticas, el lenguaje o la música.

Él sentía que tenía que cumplir una misión dentro del orden de la creación, por eso simplificó su nombre Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari por el de Xul Solar, cuya fonética tiene que ver con sus apellidos y en el cual Xul es inversión de Lux y Solar figura como adjetivo vinculado al cosmos.
Obsesionado por encontrar y revelar la unidad del mundo, se lanzó a estudiar todas las religiones buscando elementos comunes: "así pudo referirse a la vedanta, al budismo, ocasionalmente a la advaita, aunque sintió atracción por el tantrismo y por el lamaísmo, convencido de que este último culto prolongaba cierto misterio, cierta magia no desvinculada de las ciencias ocultas (...). Conoció también de las religiones musulmanas, en particular la plegaria (la Fatia) (...) que en el Islam se conoce merced a la composición en forma de círculo con que se la sintetiza, y que puede tomarse como uno de los antecedentes a las aplicaciones pictórico-caligráficas de Xul Solar. Igualmente le atrajo el sufismo (...), el Zend-Avesta y en particular el Bundahisjn, tratado de los mitos concernientes a la creación y la representación del mundo, y el Denkart, enciclopedia de todas las cuestiones religiosas. No obstante, al elegir la astrología como una explicación coherente del mundo, explicación y clasificación que, como Xul anotara, denominaríase cábala y que desarrolla la cábala mística hebrea, transformándola en universal, exaltó a través de ella la comprensión entre los hombres"4.
No es difícil comprender cómo esa actividad espiritual incesante, esa desesperada búsqueda de lo absoluto lo vincula, por una parte, con los artistas visionarios como William Blake, Odilon Redon, Gustave Moreau, Gaspar Friedrich o con Fussli, Toorop o Prikker y, por otra, con artistas del siglo XX, de Paul Klee a Kandinsky, de Kupka a Mondrian, de Malevich a Mark Tobey o a Bamett Newmann, por mencionar sólo algunos intensamente movilizados por el mismo orden de preocupaciones. Ese interés común por el esoterismo hace lamentar que cuando Marcel Duchamp estuvo en Buenos Aires, Xul Solar estuviera todavía en Europa, de donde regresó recién en 1924. Duchamp tampoco se conectó en Buenos Aires con espíritus afines que hubieran significado un encuentro fecundo como Borges, Oliverio Girondo, Macedonio Fernández, Roberto Arlt, de alto nivel de originalidad. Sabemos que aquí jugó al ajedrez, realizó el vidrio Para ser mirado con un ojo de cerca durante casi una hora, que era un estudio en tomo a la parte inferior de La mariée..., actualmente en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Hizo además un ready-made rectificado Estereoscópico a la mano, donde vuelven a aparecer las formas piramidales del anterior. Cuando se enteró de la muerte de su hermano, el escultor Raymond Duchamp-Villon, y de Guillaume Apollinaire, volvió a Francia, donde llegó en 1919.
Xul Solar compartió con Duchamp no sólo el interés por la tradición esotérica y el gusto por el ajedrez, sino también la no aceptación de los límites de la realidad empírica y la revisión de las convenciones sociales del lenguaje.
Borges ha señalado: "Vivimos de memoria, aceptamos dócilmente la realidad como si sus menores azares fueran inviolables y eternos; Xul Solar, a diferencia del común de los hombres, vivió modificándola. Pensadores y poetas han repetido que la vida es un sueño, o sea que vivir y soñar son la misma cosa; nuestro amigo sintió que podemos dirigir ese sueño unánime y darle nuevas formas. Los irónicos dioses le depararon este país incrédulo y tímido que aprueba todos los pareceres y todos los usos porque no cree mucho en ninguno. Ante su indiferencia u hostilidad, Xul abrazó el destino de proponer un sistema de reformas universales. Quiso recrear las religiones, la ética, la sociedad, la numeración, la escritura, los mecanismos del lenguaje, el vocabulario, las artes, los instrumentos y los juegos; el hecho de que sus radicales y lúcidas utopías no hallaran eco es un fracaso nuestro, no de él. No hemos sabido merecerlo"5.
Duchamp tenía un carácter por completo diferente: más irónico, más distante intelectualmente, pensó en ir más allá de los límites de la realidad a partir de una "física divertida", de encontrar "una nueva medida de longitud", de obtener "el azar en conserva". No olvidemos que para Duchamp El gran vidrio podía "ser una realidad posible distendiendo un poco las leyes físicas y químicas".
Xul Solar regresó a Buenos Aires en 1924, año en que comenzó a publicarse la renovadora revista Martín Fierro. Un año antes se había publicado Fervor de Buenos Aires de Jorge Luis Borges, quien había traído a Buenos Aires las libertades formales del ultraísmo español. Poco tiempo antes, Oliverio Girondo había publicado Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. Era un momento de particular efervescencia en el movimiento intelectual argentino. Se decía que sólo este grupo, en el que figuraban además Evar Méndez, Alberto Presbich, González Lanuza, Sergio Piñero y otros, estaba en condiciones de captar la dimensión estética de Xul Solar, Emilio Pettoruti o Lino Eneas Spilimbergo.
En el año de su llegada expuso Xul en el Salón Libre, en 1925 en el Salón de los Independientes, en 1926 en Amigos del Arte junto con Petorutti y Norah Borges; en 1929, otra vez en la misma institución en compañía de Antonio Berni.
Como ha señalado Beatriz Sarlo: "Lo que Xul mezcla en sus cuadros también se mezcla en la cultura de los intelectuales: modernidad europea y diferencia rioplatense, aceleración y angustia, tradicionalismo y espíritu renovador; criollismo y vanguardia. Buenos Aires: el gran escenario latinoamericano de una cultura de mezcla"6.
Xul Solar, como pintor, fue un artista de increíble fantasía, creador de una iconografía de notable variedad y riqueza. Sus ciudades y sus abismos, sus símbolos esotéricos conforman una imaginería personalísima que en el medio artístico local resultó sorprendente.
Más sorprendente resultaba aún la libertad con que se movía plásticamente, dejando de lado la tradición para utilizar sus espacios propios hechos de transparencias y superposiciones, su color fresco y contrastado, su línea no convencional. Pintó siempre obras de pequeño tamaño, generalmente acuarelas y témperas. Hizo muy pocos óleos.
Comenzó a pintar a mediados de la década de 1910 y es en toda esa primera etapa donde se registra su asimilación inteligente de las vanguardias europeas, sobre todo del grupo Blaue Reiter. No vacila en ese momento en mezclar las escalas según le dicta su imaginación, en utilizar la figura humana con carácter puramente emblemático, en hacer flotar, ingrávidos, sus extraños personajes en medio de escaleras, flechas, astros, serpientes y planos, rígidos o flexibles, opacos o transparentes.
Toda la variada simbología de la tradición hermética y religiosa que ha utilizado está, en su primera etapa, subordinada a su exploración de las posibilidades propiamente plásticas, ya que la pintura lo obsesionaba como lenguaje, como medio de acercar al espectador a otras realidades. Es un momento en que su espacio es siempre profundo, no porque aluda a coordenadas de la realidad, sino por superposiciones, diagonales y decrecimiento de tamaño. Los mundos vegetal, mineral y animal intercambian sus características; se antropomorfizan extrañas construcciones y son recorridos en todos los sentidos por escaleras, puentes o caminos transitados por pequeños seres. La dinámica interna de las obras de esa época es descomunal; reiteraciones rítmicas de formas, líneas o colores suscitan relaciones con la música. A veces funcionan como una fuga, otras como un contrapunto, en algunos casos como una polifonía. Xul Solar se aproxima aquí a Paul Klee, para quien la música fue elemento vertebrador de su vida y de su arte; a Kandinsky, con sus analogías de sonido y color; y a Delaunay y Frantisek Kupka, cuya relación con la música ha sido señalada en distintas oportunidades.
En la década de los cuarenta, el tema de la ciudad fue muy dominante. Se le ha relacionado con el espíritu moderno en la arquitectura bonaerense7. Pero la mayoría de sus ciudades son puramente fantásticas; las construcciones insólitas están separadas entre sí como en Ciudá y abismos, dibujo de 1946, se levantan sobre montes ondulados como en Torres en guardia o en Montes de nueve torres, ambas acuarelas de 1949 o se construyen con paredes desordenadamente superpuestas como en Bordes del San Monte, dibujo del cuarenta y cuatro.
En todos los casos, los caminos a recorrer, escaleras, puentes o senderos son ascendentes, lo cual nos lleva otra vez a la significación esotérica de la relación entre los mundos, etapas del proceso de transformación.
Los castillos, que pueden ser solitarios o multiplicados sobre las colinas, simbolizan también una fuerza espiritual armada y vigilante. Si es negro, puede simbolizar la casa del alquimista; si es blanco, el cumplimiento y la realización. Tiene en todos los casos significado de protección y es símbolo de trascendencia, según la tradición esotérica.
Xul Solar realizó proyectos de viviendas cuyas fachadas coloridas y extrañas revelaban una visión optimista y no convencional. Son notables a ese respecto los Proyectos y fachadas para casas en el Delta de 1954, viviendas destinadas a cambiar la fisonomía del Tigre, zona ribereña a la cual estuvo vinculado.
También resultan particularmente animadas y fantásticas las máquinas voladoras que aparecen en algunos cuadros como en Vuel Villa, acuarela de 1936.
Xul Solar abandona el color para dibujar sólo en blanco y negro desde 1943 hasta 1946, para volver posteriormente al color con fuerza renovada.
A mediados de la década de los cincuenta parece que las intenciones esotéricas quisieran hacer del lenguaje de la pintura un medio. Aun sin quitarle calidad, se percibe en ocasiones algo de voluntario, de intención extraplástica que se escamotea hábilmente bajo la seducción de su fantasía. Basta conocer los nombres de las obras de esa época para comprobarlo: La muerte es la puerta de la vida y vice-versa; En el todo mi trabajo para la vida santa; Rudolf Steiner maestro espiritual, santo norma. Utiliza un espacio en bambalinas, ante el cual grafías más o menos antropomórficas imponen su presencia en ritmos verticales o conformando rostros de particular rareza.
Xul Solar frecuentemente usó la palabra en sus obras, hecho habitual en el arte de nuestro siglo. Como ha afirmado Michel Butor, toda nuestra experiencia contemporánea de la pintura tiene una parte verbal; nunca es pura visión. La palabra escrita ha invadido directamente o a través del collage la imagen pictórica, multiplicando sus posibilidades semióticas. De Miró a Schwitters, de Duchamp a Magritte, cantidad de artistas han explorado nuestra relación con el lenguaje y de este con la realidad, en los aspectos más profundamente filosóficos o más absurdos y alegremente azarosos. Todos los caminos son buenos para mostrarnos la naturaleza ambivalente y paradójica de la realidad.
En este aspecto, un poeta de raza como Oliverio Girondo, integrante del grupo Martín Fierro, desenfadado, desbordante, pleno de humor, indagador profundo de la realidad, buscando romper los límites del lenguaje para devolverle su vitalidad comunicativa, debe haber sido un interlocutor válido para Xul en la áspera bohemia rioplatense.
Otro aspecto interesante de la labor de Xul Solar son las cajas de madera, pequeños altares portátiles cubiertos de signos y grafías, talladas artesanalmente y pintadas a la acuarela, como los elementos de su famoso juego de ajedrez.
Daniel Nelson ha señalado, con mucho acierto, la evolución de Xul Solar en su visión desde un cosmos culturalmente indiferenciado hacia un universo más específicamente latinoamericano.
La obra de Xul Solar se enriquece a medida que el espectador capta sus claves semánticas, penetrando en un universo de rara amplitud, donde uno se conecta con la sabiduría humana de todos los tiempos, siempre a través de una sensibilidad plástica de excepcional sutileza.
De un idealismo conmovedor y candoroso, su pintura, plena de magia y poesía, de gravedad casi religiosa, es una permanente incitación a penetrar en el conocimiento de las fuerzas oscuras, desconocidas e ilimitadas de nuestra secreta interioridad.
NOTAS
1. Pellegrini, Aldo. Xul Solar. Argentina en el arte, 9.ª ed. Viscontea, Buenos Aires, 1966.
2. Xul Solar. Catálogo de las obras del Museo Fundación Pan Klub. Museo Xul Solar, Buenos Aires, 1990.
3. Entrevista publicada en la revista Mundo Argentino. Buenos Aires, 1/8/1951.
4. Svanascini, Osvaldo. Xul Solar. Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires, 1962.
5. "Borges y Xul Solar". Revista Dominical del diario La Nación, Buenos Aires, 17/9/1978.
6. Sarlo, Beatriz. Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930. Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1988.
7. Sarquis, Jorge. "Arquitectura y vanguardia literaria". Revista Materiales, Número 2, La Escuelita, 1982. Citado por la anterior.
8. Nelson, Daniel. "Alejandro Xul Solar". Latin American Art, Vol. 3, Número 3, U.S.A., 1991.
NELLY PERAZZO
Crítica, docente e historiadora de arte contemporáneo. Miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes de Argentina. Curadora de la Colección Libero Badil de la Fundación Banco Crédito Argentino.



