Exposición Individualabr 1993 - jun 1993· Por Autor no disponible

William Lira

Galería Astrid Paredes

Hasta no hace mucho se pensaba que el venezolano es un ser “sin tradición” o que voluntariamente deseaba “desmemoriarse”. Esta apreciación, a la hora de la verdad, se aplicaba a todas las facetas de la vida del país. En el ámbito de las artes plásticas, de alguna manera también. Pocos se interesaban en realidad en conocer bajo qué parámetros su trabajo se nutría eventualmente del de otro. Para algunos, inclusive, este asunto no representaba ningún problema o no era motivo de reflexión.

Uno de los aspectos en que podría hablarse de tradición en arte es desde el punto de vista de la originalidad. ¿Acaso el reconocimiento de la recepción de influencias representaría un motivo de minusvalía en su creación? Todo dependería de la forma creativa como un artista asumiria la experiencia del otro. La copia, la traslación mecánica de propuestas plásticas, etc., implican por supuesto pobreza creativa. Ello es imperdonable. Por otro lado, la búsqueda de la absoluta originalidad es una utopía, por lo que la tradición serviría de “herramienta creativa” para dar paso a otra propuesta, si se quiere “más contemporánea”.

Esta reflexión parece válida en la obra del joven artista venezolano William Lira (1962). Lira establece sus propios puntos de referencia: a partir de imágenes recurrentes, aparentemente “simples” (ollas, tazas, cuchillos, espátulas, jarrones, cucharas, etc), pinta sus obras casi a modo de ejercicios, utilizando tales figuras como constantes. La visión aplanada de los objetos, incluyendo en ello el trata' miento del color, recuerda inevitablemente a los trabajos de Morandi. Ello se palpa en la tonalidad fría predominante en la mayoría de las obras, en el clima íntimo que las caracteriza y en la representación de la cotidianidad que nos circunda.

Por otro lado, los puntos de vista desde arriba o frontal de los objetos, además de ciertas soluciones compositivas recuerdan enormemente, me atrevo a decir, a la obra de otro gran artista húngaro-venezolano, Iván Petrovszky. Tal vez la conexión entre ambos artistas no sea directa (valdría la pena preguntarlo), sin embargo son experiencias plásticas ampliamente vistas en Venezuela.

Lo importante es que William Lira evidentemente no desdeña las tradiciones. Por el contrario, con una temática limitada se permite crear variaciones que mucho dependen de las soluciones plásticas que emplea. Las texturas y la creación de atmósferas de gran intimidad son relevantes. El fondo otorga tal sensación de intimidad ya que actúa casi en rol protagónico al ser un elemento integrante (o integrador) del objeto. De allí que puede hablarse, como dice Roberto Guevara en el catálogo, de un sentido lírico en la obra de este artista.

SUSANA BENKO

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