Como nueva alternativa para exponer en Caracas, fue inaugurada en noviembre del pasado año Altamira Fine Art con una exposición-homenaje al maestro Jesús Soto. Esta galería abre sus puertas a las diversas tendencias del arte contemporáneo, tanto a artistas consagrados como a nuevos valores. No obstante, un tributo al maestro Soto será permanente ya que siempre una sala quedará destinada a su obra.
La exposición Soto actual es, como el título lo indica, una muestra de obras de reciente factura, realizadas entre 1989 y 1992. La primera impresión, como siempre que se asiste a una muestra de Soto, es su profunda madurez y dominio en sus planteamientos creativos. Sus búsquedas e intereses investigativos permanecen a lo largo del tiempo, con continuo enriquecimiento. Basta recordar el impacto que el impresionismo y sobre todo Cézanne y el cubismo le producen en su etapa estudiantil, momento en que lucha ávidamente por una mejor formación e información en el ámbito de una Venezuela artísticamente desactualizada. No obstante visualiza desde entonces, y sin equivocarse, que el arte se encuentra en un momento histórico crucial y nada más visible cuando, una vez en París, parte del cubismo y luego descubre y valora las investigaciones de Malevich y fundamentalmente de Mondrian. Este último aparece como trasfondo en la obras actuales de Soto. Sólo que el maestro desde hace muchos años sabe que debía ahondar más allá de lo hasta entonces propuesto e incursiona en otros aspectos tales como el movimiento, la materialización del espacio, así como en un nuevo replanteamiento de la luz en sus obras transparentes e “inmateriales”, investigaciones que, obviamente, trascienden la presencia del neerlandés.
Esta exposición, más que centrarse en las búsquedas de lo material, consolida otro aspecto del trabajo de Soto.
El objetivo de estas obras es el efecto que producen los elementos formales que la constituyen. Son obras en que se trabaja, según los casos, relaciones de color, de líneas o de formas y, muy especialmente, la tensión y el balance que se produce entre todos estos elementos.
El color, a diferencia de otros trabajos del artista e incluso de la misma referencia a Mondrian, no se restringe únicamente a los primarios, sino que es analizado en diversas situaciones con colores complementarios. De allí piezas como Color sobre el (1988), Blancoycolor( 1991), Harmonle Foncée (1992) y Oliva (1992). La tensión entre forma y color es patente en piezas como Rojo inferior (1991), entre otras, y el contraste entre la linealidad rígida y su libertad es nuevamente replanteado en sus interesantes Escrituras.
Estas variaciones formales presentes en cada una de las obras de la muestra tienen como constantes, por una parte, la vibración esencial para un arte del movimiento y, por la otra, claro está, la creación de “zonas de confusión”, a través de “engaños ópticos” dados por las mismas vibraciones, así como por “espacios ambiguos” creados por la disposición de los elementos (placas de color o de líneas que sobresalen de la superficie tratada en forma similar).
En realidad, no sólo se crea una movilidad por los recursos empleados, sino también por la disposición de los elementos, en el que el dilema fondo-figura, profundidad-superficie nuevamente es replanteado.
Con esta muestra, Soto revela una vez más su fuerte potencial creativo, en continua renovación y profundización de su lenguaje. Sin duda, una obra siempre viva y joven.
