Después de su regreso a Colombia, Rodrigo Facundo realizó su segunda exposición individual, Objetos melancólicos, en la Galería Valenzuela & Klenner de Bogotá durante los dos últimos meses del año de 1992.
Es esta una muestra en la cual el foco principal se desarrolla alrededor de la muerte, el paso del tiempo, la historia, la destrucción y la violencia. La materialización y el paso del tiempo se revelan en los objetos que han acompañado al hombre, en las referencias y relaciones de la huella que dejan a su paso en las cosas, en las superficies, en las personas, así como en los recuerdos que de ellos se desprenden.
Hoy en día, además del empleo de los medios tradicionales, tales como la pintura o la escultura, se apela al uso de múltiples y diversos medios visuales en el proceso creativo de la obra de arte. En el caso de Rodrigo Facundo, la utilización de la fotografía le ayuda a profundizar en la búsqueda de las funciones de los objetos cotidianos, a analizar el sentido que de ellos se desprende y a reconstruir la historia del hombre. El medio fotográfico refleja la imagen e inicia a su vez una dinámica que lleva a ver cómo una imagen refleja otras imágenes en un continuo juego visual.
Al analizar el paso del tiempo, descubre el deterioro como el cambio permanente de modelos en los objetos, en los cuales ha quedado sin embargo la huella del poseedor. Evoca así la necesidad de coleccionar para evidenciar todos los objetos que han existido y para determinar los presentes y los ausentes.
La relación “tiempo-colección” es directa en el sentido evocador del concepto “destrucción-huella”. El tiempo desgasta y enajena la existencia de los objetos. De modo que el deseo de poseer o coleccionar los objetos para identificar y evidenciar su existencia, implica simultáneamente el propósito de aclarar la huella que han dejado dichos objetos en su asocio con el hombre. Los objetos con el paso del tiempo, cambian el modelo y por ende, serán desechados.
Es entonces cuando se acentúa el afán de coleccionarlos para concretarlos o para determinar los que se posee o lo que se ha perdido. A los objetos cercanos al hombre les corresponde un diseño y provienen de un gusto que varía según la época. Y en ese transcurrir es el tiempo el que agota y desgasta lo material, dejando huella imborrable, que además de producirnos melancolía nos remonta a épocas pretéritas.
Una de las características más destacadas de esta exhibición es la variedad de soluciones que el artista le da a cada una de las obras. El hecho de apelar a procesos y evoluciones diversos, de acuerdo a lo que cada obra evoca, hacen de esta muestra un resultado muy peculiar y diferente a lo acostumbrado por artistas que se someten continuamente a formatos, tamaños y soluciones similares. Es la libertad de cada planteamiento, concepto importante en el comportamiento de este artista, la que invita al espectador al continuo cuestionamiento, a encontrar múltiples y variadas soluciones y a ver lo esencial, que prima al enfrentarse con cada obra. Como lo manifiesta el artista, cada i dea requiere de una solución diferente y así consolida cada
tema a partir de una preocupación que implica, en sí misma, la solución y el medio a emplear.
Obras como Sistema, Colección, Soi, Luna y Sin títuio-Génesis, remiten a símbolos de la vida diaria, todos ellos en concordancia con la idea a destacar. La obra Sistema, compuesta de módulos e instalada en forma de cruz, está basada en imágenes fotográficas tamaño Polaroid de personas acompañadas a su vez de imágenes de grabadoras, radios, licuadoras y diversos electrodomésticos. En otro plano, bordeando la imagen central en la zona externa con un tratamiento opuesto en contraste, están las imágenes de objetos cotidianos alusivos a culturas precolombinas, que llevan de inmediato a la visión de otras épocas.
En Rodrigo Facundo se identifica una preocupación evidente por la materialización de la obra. Se ve y se siente el goce de lo táctil, por invocar medios simbólicos y por hallar soluciones muy variadas, cuidándose de no caer en fórmulas repetitivas. Es por ello que su obra se mueve en diferentes ámbitos, pasando por la instalación, la tercera dimensión, hasta llegar al plano bidimensional. Dándole acabados que se salen de las características netamente pictóricas, experimenta con el uso de medios y técnicas mixtas que dan la sensación de pintura al fresco que se percibe en Sol, Luna o de objetos arqueológicos como en el caso de Colección hasta ser capaz de proponer una obra efímera como Pasión. En esta exposición es innegable una fuerte presencia de la imagen, apoyada en la fotografía y enriquecida por simbologías acordes con el código dictado por la idea principal: una temática en la que predomina la nostalgia en objetos que determinan la obsesión y la melancolía propia del ser humano.
MARIA TERESA GUERRERO R.
