En la década de los años setenta, cuando Pedro Ascencio aún estudiaba arte en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de México, ya era capaz de lograr pinturas vigorosas y convincentes. Empleaba un léxico informalista que, si bien es cierto que incluía texturas ligeras, era más bien un informalismo lírico. Durante su estancia en la Real Academia Superior de Artes de Suecia, en Estocolmo, institución en la que permaneció de 1976 a 1979, Ascencio se alejó de la abstracción y optó por un original lenguaje figurativo, el mismo que continúa cultivando y que, durante estos años, ha depurado y consolidado, además de tomar la decisión de trabajar el grabado en madera.
Actualmente Ascencio practica la pintura y el grabado, pero sin duda es en el campo de la gráfica en el que ha logrado un cúmulo mayor de innovaciones. Su labor ha suscitado el resurgimiento del interés que numerosos artistas mexicanos tienen hoy por la xilografía. El grabado en relieve, es verdad, cuenta en México con una larga tradición. Sin embargo, el peso mismo de tal tradición y, sobre todo, el estrecho vínculo que, en la primera mitad del siglo, mantuvieron el nacionalismo histórico y el grabado en madera, fueron dos de las causas de que los artistas mexicanos evitaran el uso de este procedimiento gráfico. Ante la realidad, Ascencio tuvo que incorporar a su lenguaje varios elementos para que su distancia estilística repecto a sus antecesores resultara Inobjetable. En su caso, la manera audaz y decidida con la que emplea su repertorio técnico y el modo osado y vigoroso con el que maneja sus procesos productivos son dos de las causas que le facilitan el generar formas cuyas connotaciones son de fuerza.
Las escenas que Ascencio trabaja son exteriores y carecen de líneas de horizonte. En sus estampas, usualmente una o a lo sumo dos figuras ocupan los primeros planos. Bajo los personajes pero, de manera más clara, bajo los de los primeros planos, Ascencio coloca sombreados y referencias de suelo o de vegetación. Las formas son humanas y animales e interactúan entre ellas. La representación de objetos es escasa y la de mobiliario o de elementos arquitectónicos casi nula. Entre las figuras, salvo que la proximidad entre ellas sea de una enorme cercanía, hay áreas blancas. La sensación de distancias está resuelta mediante la disminución de los tamaños de las figuras lejanas así como por medio de la eliminación de los detalles en las formas alejadas.
Entre noviembre y diciembre de 1992, Pedro Ascencio expuso en el Museo Nacional de la Estampa 41 impresiones de grabados en madera, el mayor de los cuales mide 122 cm. por 244 cm., impactante conjunto de estampas al que intituló Cenizas, sangre de piedra.
CARLOS BLAS GALINDO
