Si hay una particularidad que distingue a la producción del ecuatoriano Nicolás Svistoonoff es su íntima alianza con una determinada concepción del mundo. Esa concepción, de inspiración oriental, le lleva a trabajar obras en las que el tratamiento del espacio es un fundamento básico.
Percibe el espacio como un vacío “lleno” de energía- y formas que finalmente lo trascienden. Por eso, el espacio en sus cuadros es un elemento de tensión y de afirmación en el que confluyen diversas fuerzas.
El suyo no es un espacio inmóvil sino significativamente dinámico, estructurado y vital, al que constantemente convergen sensaciones e impresiones como también objetos y fragmentos para dotarlo de una otra realidad: aquella que se capta con la intuición y no sólo con la razón.
Esos espacios abiertos están circundados con formas que, sin detentar una definición, se las reconoce como de procedencia humana. Formas son que gravitan y se desplazan con propia consistencia y en diferentes planos, por lo que si unas veces se presentan esbozadas y hasta apenas discernlbles, en otras adquieren densidad y concreción expresiva.
Los de Svistoonoff son formatos grandes y medianos, meticulosamente trabajados con acrílicos sobre tela, en los que pueden apreciarse el oficio y la experiencia pictórica sabiamente manejados. Abandonando las tonalidades dramáticas y de incidencia monocrómica, por las que antes se inclinara, hoy se expresa con colores 'más cálidos, alegres, pero también en disposición más sutil, Imponiendo veladuras y transparencias de impactante refinamiento plástico.
Esta obra no es fruto de un azar sino de un persistente empeño por trascender la realidad del orden físico con otra de valoración espiritual y artística. Implica una carga interior que se traduce en una invariable invitación a percibirla también con los ojos del alma. Plantea y exige una meditación sobre las otras realidades que nos rodean.
MANUEL ESTEBAN MEJIA
