La necesidad de trasponer los límites tradicionales de la materia y el objeto, logrando cierta trascendencia, es el estímulo vital en la obra del venezolano Milton Becerra; constante presente en todo su proceso creador como generador de nuevos conceptos y propuestas visuales.
A comienzos de los ochenta, la propuesta conceptual y estética de Milton Becerra evoluciona hacia la experimentación de nuevos lenguajes, quizás originada en su participación, por Venezuela, en la XI Bienal Internacional de Jóvenes Artistas, en el Museo de Arte Moderno de París. En este evento se presenta el conjunto de fotografías titulado Dentro de lo posible imaginario, teniendo gran aceptación de la crítica especializada. En este trabajo, el artista logra la modificación del paisaje urbano y su valoración en el entorno estético y conceptual al cual se somete, dando como resultado una experiencia trascendente en la búsqueda de nuevos y variados lenguajes que enriquezcan la expresión visual contemporánea.
Desarrollando con mayor solidez las intervenciones en el medio ambiente, el artista dialoga con el paisaje logrando que el tiempo y el espacio conjuguen su expresión creadora. Así, en compañía de los artistas Claudio Perna y Luis Villamizar, propone acciones artísticas en espacios naturales, como las realizadas en el río de la Colonia Tovar, estado Aragua, donde demuestra los efectos nocivos de los avances tecnológicos en la naturaleza.

A comienzos de los ochenta se traslada a París, donde reside desde entonces con frecuentes viajes a nuestro país, becado por el gobierno venezolano; allí realiza estudios de Artes Plásticas en la Universidad de París VIII (Saint Denis). Ya en estos años, Becerra reflexiona y crea ambientaciones con grandes rocas y cuerdas, las cuales interactúan entre sí, generando zonas de confluencia. Al intervenir las formaciones pétreas, éstas adquieren nuevos significados conceptuales que las estiman como objeto de reflexión y creación artística. Esta propuesta conoce importantes categorías de análisis en el desarrollo de la escultura contemporánea en Venezuela; la confrontación con el espacio, a través de los elementos que integran la obra: las rocas que cuelgan de las cuerdas sostenidas por nudos en armonioso y total equilibrio, nos permite abordar el espacio como una nueva forma de pensamiento artístico. Cada pieza formada por piedras amarradas con mecates entre sí, donde la piedra es el volumen y la cuerda la línea, genera ambientaciones de claras referencias mágico-primitivas.
En 1982 es seleccionado, luego de participar en una muestra colectiva integrada por más de 300 artistas latinoamericanos, para realizar una muestra individual en El Espacio Latinoamericano de París: ese mismo año expone sus trabajos en la Galería Durban, de Caracas, en compañía del artista venezolano también radicado en París, Jorge Pizzani. En esta exhibición intenta reflexionar sobre la relación espacio-naturaleza-materia; le preocupan las formaciones pétreas, sus estructuras y la posibilidad de otorgar a una forma natural un significado nuevo, que contribuya a considerarla como elemento escultórico. Las piezas poseen características tan diferentes que es imposible encerrarlas en rígidas clasificaciones; no obstante, el carácter intrínseco e individual de cada propuesta está sugerido por el lenguaje que la materia adquiere una vez inserta dentro del entorno artístico.

En 1984 participó en el proyecto Viaje inverso, propuesta que representó en forma simbólica a Venezuela en la Bienal de Venecia, posteriormente exhibida en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Ese mismo año se hace acreedor al Primer Premio de la II Bienal de Escultura in situ (Castillo de San Carlos Borromeo), Porlamar, Estado Nueva Esparta. En este evento se presenta una gran hacha de 10 metros realizada con troncos de cocoteros y una formación pétrea de dos toneladas, la cual arde en fuego. Participa en la Nueva naturaleza, II Salón del Museo de Barquisimeto, Estado Lara, con una gran instalación que presenta una lanza indígena de cuatro metros de largo, clavada en el centro de una espiral dibujada sobre la tierra, sugiriendo dimensiones diferentes que recrean realidades, donde el pasado, presente y futuro se mezclan en nuevos diálogos. Durante el año de 1985 expone en la Galería Ruta Correa, Müllheim, República Federal de Alemania, R.F.A., y forma parte de la representación de Venezuela en la XVIII edición de la Bienal Internacional de São Paulo, Brasil; allí presenta una gran instalación basada en un gigantesco meteorito ígneo de dos metros de diámetro, presentado también en el Museo de Bellas Artes de Caracas. Ese mismo año forma parte de la exposición temática Mathematik in der Kunst (Matemáticas en el arte), presentada en el Wilhelm-Hack Museum de Ludwigshafen, R.F.A.

Paralelamente a este período de grandes intervenciones, expone en diferentes galerías como la Galería Sotavento, en Caracas, ya no instalaciones monumentales, sino creaciones producto de un lenguaje más íntimo. Así, los trabajos realizados con rocas, fibras y maderas mantienen una uniformidad conceptual con las intervenciones a gran escala. En estas obras pueden encontrarse referencias a antiguas culturas latinoamericanas, como también a recientes propuestas del arte contemporáneo que refieren al espectador a antiguos rituales propios de la mitología universal. Participa en la exposición Die Stimme in der Kunst (La voz humana en el arte), Rappenau R.F.A., con una gran "O" de siete metros de diámetro con rocas en su base y cuerdas de fibras naturales; con este trabajo el artista reflexiona sobre la concepción del objeto artístico como generador de nuevos espacios dentro de la creación visual.
En 1987 participa en la ambientación colectiva La conquista del espacio, la cual se presentó en el Halle K-18, en el marco de la VIII de Kassel, R.F.A., proyecto compartido con los venezolanos Leonor Arráiz, Rafael Barrios, Jorge Pizzani y Luis Ángel Duque, este último destacado crítico e investigador de las artes visuales en Venezuela, dedicado a la exploración de la contemporaneidad en el arte del país. La propuesta demandaba una obra de arte colectiva basada en la recreación de antiguas imágenes de la América precolombina.
A finales de los ochenta, es seleccionado para realizar en los Jardines de América Latina, Porte de Champerret, La muralla prehispánica: instalación de petroglifos al aire libre, estableciendo así un diálogo directo entre el pasado y el presente. Participa, obteniendo el Primer Premio en Arte Efímero, en la II Bienal Nacional de Arte de Guayana, Estado Bolívar. En este evento, el artista formula su propuesta basada en la reflexión de los cuatro elementos, a través de una gran roca proveniente del Cerro Bolívar, centrada en un círculo de fuego y rodeada de agua, sugiriendo otros niveles de comunicación, creación y lenguaje. La obra de Milton Becerra consolida su variedad y solidez conceptual a la par del desarrollo de las artes visuales de los años ochenta en Venezuela.

En 1990 participa en la exposición Los 80 panorama de las artes visuales en Venezuela, Galería de Arte Nacional, Caracas; en 1991 forma parte de la representación de nuestro país en la III Bienal de La Habana, Cuba; ese mismo año integra la muestra Venezuela Nuevas Cartografías y Cosmogonías, Galería de Arte Nacional, Caracas. Su instalación Meridianos y Paralelos, ubicada al aire libre, causó gran impacto por su desafío a la gravedad y por la pérdida de condición de la materia bruta para constituirse en un lenguaje propio y único. La pieza, integrada por una gran roca suspendida en el aire por una red realizada en fibras naturales, alude a antiguas imaginerías de vuelo y cantos ceremoniales.
Durante 1992 participó en la III Bienal Nacional de Arte de Guayana, Museo Jesús Soto, Ciudad Bolívar, Estado Bolívar. Allí presentó un conjunto de rocas amarradas y suspendidas del techo de gran valor conceptual y telúrico; semejante en su propuesta conceptual a la instalación incluida en la exposición Barro de América, Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber, Caracas, muestra acertadamente curada por el crítico venezolano Roberto Guevara. Es de hacer notar la decisiva participación de Milton Becerra en el proyecto Arte Amazonas, evento organizado por el Instituto Goethe de Brasil, y presentado en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, en ocasión de la Conferencia Mundial sobre el medio ambiente, el pasado año 1992. Entre los participantes cabe mencionar a Georg Dokoupil, Rainer Goerss y Rolf Julius, de Alemania; Tunga, Waltercio Caldas y Roberto Evangelista, de Brasil; Guillermo Kuitca, de Argentina; Alfredo Jaar, de Chile; María Fernanda Cardoso, de Colombia; Marina Abramovic, de Yugoslavia; Pedro Romero, de España y Kazuo Katase, de Japón, entre otros. Cada artista debía adentrarse por espacio de un mes en la selva amazónica del Brasil y proponer un trabajo in situ. Becerra decidió hacerlo en la selva de Venezuela, por poseer nuestro país una porción de ese territorio amazónico. La instalación de Becerra contó con la reflexiva curaduría de Luis Ángel Duque, y se tituló Xawara Yanomami siglo XXI. La propuesta consta de un video documental que registra el contacto del artista con la naturaleza de la región y recrea la presencia de Xawara (muerte colectiva por epidemia) en una comunidad Xawa-Hari del Alto Mavaca, afluente del Orinoco, la cual sólo ataca a los adultos. Esta visión se representa a través de tres módulos escultóricos que contienen en su interior tres corazones de piedra provenientes del raudal de Guaharibos. Asimismo, el artista presenta la idea de Xawara por medio del dibujo, la fotografía, la instalación y la creación de grandes mortajas de fibras naturales.
En el proyecto La cacería del jaguar, Becerra ha creado tres circunferencias equidistantes en uno de los ríos que alimentan al Orinoco; expresión genuina de lo efímero, del universo sagrado de América Latina.
La obra de Milton Becerra, de marcada tendencia ecológica y cosmogónica, otorga al elemento naturaleza la oportunidad de expresarse por sí misma, a través de un lenguaje particular y trascendental que le pertenece como creación, logrando atrapar la voz milenaria del hombre.
ANTONIO RODRÍGUEZ
Coordinador de Proyectos Especiales de la Dirección de Artes Visuales, Consejo Nacional de la Cultura de Venezuela. Ha sido profesor de la Universidad Central de Venezuela.

