Exposición Individualabr 1993 - jun 1993· Por Autor no disponible

Historia del grabado

Museo de Arte Moderno

Ciertos dibujos de Palomino imitan el acabado de las ilustraciones de revistas europeas. El auge de las revistas literarias a fines y comienzos de siglo responde siempre a una necesidad generacional desde el punto de vista cultural y político.

Lo vemos en El Montañés, Letras y encajes, lo vemos en El Bateo. Allí nacen los conceptos específicos de la ilustración de textos literarios, las viñetas, la caricatura, el aviso publicitario, sólo que esas experiencias fueron por desgracia efímeras y abocadas a una minoría pues jamás se logró contar con un público mayoritario.

De este modo el insignificante papel otorgado al arte y al artista en la escala de consideración social ponía de presente las dificultades de esta forma de expresión estética para lograr la popularidad que supuestamente debía darles la coyuntura histórica de desarrollo económico que se vivía. Porque si la literatura buscó una identidad, lo mismo hizo el artista gráfico. Esto es evidente en las ilustraciones de Francisco A. Cano, de Gabriel Montoya, Antolino Peláez y Horacio Marino Rodríguez, referencia a espacios conocidos, a objetos característicos, rostros de la calle.

Marco Tobón Mejía, quien vive en Europa la consolidación de la estética déco, de un concepto de las artes gráficas, de la aparición del ilustrador como definición de un nuevo campo de la experiencia estética Munch, Mucha, Pubis de Chavannes, Casas, etc. da a la ilustración y a la viñeta una importancia definitiva. Esto mismo es lo que hace José Posada elevando por primera vez a categoría estética el afiche, la propaganda, la ilustración de textos literarios. No es pues, sin embargo, la beligerancia del grabado desde el punto de vista político a lo Daumier, ni del cartel a lo Toulouse Lautrec o a lo Urbina, ni la búsqueda racial del grabado popular mexicano Carlos Correa busca a Solana, el esperpento sino, repito, tanteos tímidos dadas las precarias condiciones económicas en las cuales les toca trabajar, lo efímero de las publicaciones, etc. Solamente en los últimos años recupera el grabado una beligerancia política en nombres como los Hanné Gallo y Augusto Rendón, para quienes la intención política es más importante que las búsquedas formales que en un país como Brasil-Lamónica, Isabel Pons- se ha venido dando, trascendiendo la gastada herencia goyesca.

Búsquedas que renuevan un lenguaje y abren nuevas perspectivas en dos nombres, José Antonio Suárez y Fabián Rendón. La obra del primero es ya suficientemente conocida. Rendón ha ido imponiendo su fulgurante e imaginativa propuesta saliéndose del realismo tradicional, enriqueciendo formalmente una técnica tradicional como el linóleo y abriéndose cada vez más hacia imágenes de un surrealismo vigoroso que lo lanza hacia nuevos surcos creativos.

¿Tenemos que hablar en el caso de esta exposición de una forma de expresión regional o solamente de una suma de pequeños hallazgos personales que vistos desde esta panorámica convocan a retomarlos con un mayor sentido crítico? Aquí, no lo dudemos, el criterio estético tiene que estar por encima de la falta de imaginación en que suele caer por desgracia el simple trabajo historiográfico. Pero presentar esta panorámica con las dificultades conocidas de desaparición de obras- como en Posada, o de negativa de muchos propietarios a prestarla es ya una tarea satisfactoria porque enfrenta uno de los más soterrados prejuicios de nuestra crítica y de nuestros artistas hacia la supuesta menor validez del grabado, de la obra gráfica.

La investigación, llevada a cabo por Santiago Londoño, fue auspiciada por el Banco de la República, que continúa de esta manera la tarea de devolver con criterio este pasado y este presente sin el cual es imposible pensar en nuevos planteamientos estéticos.

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