Exposición Individualabr 1993 - jun 1993· Por Autor no disponible

Francisco López Arango

Museo de la Universidad Nacional

Francisco López inició su trayectoria artística en 1977 y desde entonces ha tenido una participación destacada en diversos certámenes colectivos. Obtuvo el cuarto premio en el Salón Regional de Artes Visuales en 1984, fue primer premio en el Concurso Carteles Ecológicos patrocinado por Punto Blanco en el MAM de Bogotá en 1985, obtuvo mención en el Concurso de Carteles para Bogotá en 1987. Su interés por la escultura pública lo ha llevado a participar en varios concursos como Arte para Eldorado en el MAM de Bogotá, donde también fue premio en 1986; Ideas para Bogotá. Homenaje a Le Corbusier en la Sociedad Colombiana de Arquitectos, certamen en el que obtuvo el segundo premio y en 1990 fue finalista en el Concurso Arte Público para Ciudad Salitre en la SCA de Bogotá.

En 1985 fue invitado por Adpostal para la realización de dos estampillas de los trescientos años de Bach y de la música barroca.

Actualmente es el decano de Bellas Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, cargo que ocupa desde 1985.

A lo largo de este proceso desarrolló una obra que ha mostrado un insistente interés por el dibujo, particularmente de objetos provistos de un cierto humor. Los dibujos expuestos en la sala I del Museo de Arte de la Universidad Nacional abren un mundo de nuevas posibilidades, al incorporar en ellos un comentario personal que oscila entre la anécdota circunstancial, lo subjetivo y la referencia cultural, propia del artista de hoy que dirige una mirada al pasado para hacer un comentario acerca de la condición del arte de hoy.

Por otra parte, estos dibujos, de forma rotunda, afirman el enorme placer del oficio, el gusto casi sensual por el trazo libre, por la línea y por la elaboración de grandes superficies tonales. Placer que es doblemente reforzado con la elección del tema, ya que recurre a un momento de la historia del arte que se olvida del concepto, de los grandes valores e ideas trascendentales, para ocuparse de los placeres ligeros y picantes, además de complacerse en el más exquisito y refinado virtuosismo técnico, como es el caso del rococó francés.

En estos dibujos, Francisco López adopta una actitud lúdica, retoma el humor que lo ha caracterizado e inicia la serie que él denomina Los felices azares del dibujo, recreando la obra de Fragonard Los felices azares del columpio.

Así, desde la elección del tema y del título, inicia un juego donde se entrecruza un desplazamiento de tiempo y espacio, de sentidos y de significados mediatizado por la presencia de lo erótico y del sentimiento íntimo. Una primera lectura hace evidente lo dicho, el placer de dibujar que se enfatiza con los grandes formatos (150 x 150 cm.), los trazos de carboncillo y un tema jovial que roza lo banal. Pero esta primera impresión se disloca con la presencia de registros y textos que simulan una escritura mecánica, fría o de computador, elementos ajenos y contrarios a la naturaleza de la obra original, elementos que alteran la Imagen e inquietan al espectador.

En otro dibujo acude a la imagen de la santa Ludovica de Bernini, en pleno clímax de su éxtasis místico. La belleza de su rostro y la excitación de su cuerpo es asociada a la temperatura de un automóvil, del más puro y moderno diseño italiano. Asociación que los reduce a signos culturales equiparables, que, si bien proceden de épocas disímiles, coinciden en la “italianidad” de su belleza y en una especie de “temperatura erótica”, a partir de las cuales el espectador se Involucra con su propia lectura o se bloquea frente a la aparente polaridad de imágenes.

En otras obras la asociación es aún mucho más compleja, por ejemplo, cuando retoma el cuerpo sensual de Miss Louise O’Murphy de Boucher, quien extrañamente flota, con su provocativa pose, sobre un gran plano del sector nororiental de la ciudad, cuidadosamente demarcado y señalizado, mientras un tren de los Ferrocarriles Nacionales humeante atraviesa por un lado del dibujo.

La Imagen, su factura y su tema, en sí mismos resulta evocadores y sugestivos. Recuerdan, por una parte, la libre asociación onírica del surrealismo, y, por la otra, la figuración pop, y en esta se hacen explícitas las posibilidades del arte de hoy, la posibilidad de referirse tanto a lo privado, a lo que íntimamente le pertenece al artista, como son sus sentimientos, sus nostalgias, y a la vez referirse a la realidad circundante, al entorno social y cultural al que pertenece. La zona nororiental, en la que Francisco López habita, es una zona que se caracteriza por la desforestación de los cerros, hoy convertidos en un paisaje amenazante y desolador, pero por la que también, desde hace muchísimos años, pasa el tren con su característico silbido tan cargado de reminiscencias y simbolismo.

Son hechos y circunstancias que dotan a este dibujo de connotaciones más complejas que lo puramente formal, elementos que lo convierten en un comentario y en un hecho significativo, que si bien no busca una obvia y literal lectura del espectador, sí estructura una imagen rica en posibilidades de goce, de lectura y de apropiación.

MARTA RODRIGUEZ

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