Exposición Individualabr 1993 - jun 1993· Por Autor no disponible

Cuatro pioneros latinoamericanos

Hirshhorn Museum

La exposición Tendencias del modernismo: Cuatro pioneros latinoamericanos que pudimos apreciar en el verano pasado (1992) en el Hirshhorn Museum en Washington D.C. reunió una sorprendente selección de obras de Diego Rivera, Joaquín Torres García, Wifredo Lam y Matta.

Concentrándose en estos cuatro maestros, el director del museo, Valerie Fletcher, buscó enfatizar la importancia histórica del arte de personajes que fueron respetados partícipes en el desarrollo del modernismo. Sus contribuciones son ámpllamente documentadas aunque no han recibido siempre el reconocimiento que se merecen. Esta situación, en la cual los artistas latinoamericanos van siempre en segundo lugar con respecto a los europeos y norteamericanos, está cambiando rápidamente. Dada la visibilidad internacional del Museo Hirshhorn y del catálogo con calidad de libro, el alcance del impacto de este evento no puede subestimarse.

Diego Rivera está representado por obras maestras cubistas como Zapatista (1915) y Vasija gris del mismo año. Lo que destaca a Rivera de otros artistas que trabajaron en esos años un estilo de cubismo sintético ha sido su calidez y su espíritu decididamente mexicano. Fragmentos de canastas, serapes, calabazas y sombreros contrastan con el azul cristalino del valle de México. Obras posteriores como por ejemplo Danza en Tehuantepec (1935) y Gregorio y sus Xoloitzcuintle (1946) combinan el relativismo de las esculturas mexicanas antiguas con la espontaneidad del arte folclórico. Mucho se ha escrito sobre Rivera en años recientes y su obra ha sido vista en ¡numerables exposiciones tanto colectivas como individuales en los EE. UU. Pero la frecuencia de las exposiciones no ha disminuido el efecto que tiene en la gente. Como lo demuestran los lienzos de todas las etapas de su vida, él ha sido la enamación de México, inclusive en su época más parisina.

Algunos espectadores que no reconocen al artista encontraron el espacio dedicado a Torres García desconcertante y hasta irritante. No captaron lo esencial de la obra de este artista- filósofo. Esta es la suma de sus partes y debe entenderse de la misma manera que se entendería un friso egipcio o un libro de escritura antigua. Luego de una confusión inicial, un análisis paciente permite que el dibujo aparezca. Aquello que emerge es el hombre, sus emociones e intelecto, su naturaleza y su universo. Todo se reduce a símbolos básicos y cuadrados constantemente cambiados para dar diferentes dimensiones y hacer énfasis en las ideas utópicas de Torres-García. Son lienzos altamente intelectuales, no pretenden complacer a los espectadores Instantáneamente, existen a un nivel más allá de las ideas de línea y color.

Para este escritor, además del gran esquema filosófico que se reveló en esta seleción de lienzos y esculturas de la larga carrera de Torres-García, también estaba la Influencia del arte precolombino. Esa mezcla de la herencia de las Américas con el modernismo del artista fue parte integral de su trabajo en París, es tal vez, el mayor legado de Torres García al arte latinoamericano.

1992, que hubiera sido su décimo noveno año, fue “el año de Lam” en varios países. El artista afrocubano expuso en el Centro de Arte Reina Sofía en Madrid, en The Americas Society de Nueva York, el Studio Museum de Harlem y museos en México y Puerto Rico. La exposición en Washington D.C., Tendencias del modernismo, nos introduce en las exposiciones de España y Nueva York en el otoño con una espectacular sección de Lam que revivió lienzos claves de los cuarenta a los cincuenta, incluyendo Omi Obini (1943), Mañana verde (1943) y Sonidos de la tierra (1950) del museo Guggenheim. Muchas de estas obras provienen de colecciones privadas en EE.UU. y América del Sur y fueron obtenidas con gran dificultad. Valió la pena el esfuerzo. A diferencia del esfuerzo mental requerido por Torres García y la gratificación inmediata evidenciada en las obras de Rivera, las obras de Lam son viscerales. Contienen magia y mito y una calidad alucinante que hipnotiza al espectador. Lam fue partícipe del modo de vida afrocubano desde su niñez. Aunque lo dejó atrás físicamente durante sus veinte años en Europa, siguió siendo parte de su alma. Las junglas de Lam llenas de criaturas híbridas reflejan un sistema de creencia, una conciencia extraña a la mente racional de los europeos modernos. Dicho esto, el cubismo y el surrealismo fueron los instrumentos que Lam utilizó dentro de. un estilo magistral que no puede ser ignorado en toda investigación de su evolución estilística. Pero como Picasso, André Breton y los surrealistas reconocieron con vehemencia, las formas “primitivas” y no occidentales y el espíritu que los modernistas europeos buscaban eran ya parte de sus antecedentes. El era algo que ellos nunca podrían ser y por consiguiente su uso de las lecciones de modernismo pueden considerarse como un auténtico retorno a la fuente en vez de ejercicios artificiales o poses intelectuales.

La elección de Matta como el cuarto componente de esta exposición fue una escogencia inspirada. Es el menos latinoamericano a pesar de sus raíces chilenas y el interés expresado por el Nuevo Mundo a lo largo de su vida. A Matta se le ha asociado con el movimiento surrealista desde finales de los años treinta, mientras que interactuaba con la nueva generación expresionista abstracta en Nueva York. La bella selección de pinturas de principios de los años cuarenta con sus resplandecientes formas abstractas y su espontánea pintura de chorreados ya anunciaba la Escuela de Nueva York.

El trabajo de Matta de los años cuarenta, por ejemplo, Invasión de la noche (1941), nos recuerda la actividad volcánica, los “huecos negros” del espacio sideral y de los arrecifes del océano tropical. Hay telarañas que contienen cabujones de pintura con el espectro del opal. Llamas y lava fundida llenan los lienzos. Matta siempre reconoció la grandeza natural de las Américas así como los continuos conflictos sociales y raciales originados por la conquista española.

Sus viajes a México y el Perú lo han hecho Identificarse con el pasado. Inclusive declaró Matta, como cita el catálogo de la exposición, que como artista siento que soy un artista precolombino. Algunos de los lienzos de Matta con figuras de “robot” de la segunda mitad de los años cuarenta tienen el aspecto de ciertas escultura, precolombinas, pero es ante todo el espíritu de Latinoamérica que penetra la obra de Matta de manera que nunca es fácil aislarlo.

A un nivel más universal, dado el momento en que las más grandes obras de Matta fueron creadas, no existe ningún cuestionamiento en cuanto a que la barbarle de la segunda guerra mundial y el nacimiento de la era atómica estaban en su mente cuando pintó esas imágenes de caos y de cataclismo.

GIULIO V. BLANC

Traducción de Beatriz Garzón M.

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