A principios de enero la galería Tovar & Tovar cerró una importante exposición de obras recientes de Carlos Rojas. Rojas, quien es uno de los artistas más reconocidos en la trayectoria de la pintura abstracta en Colombia, demostró de nuevo que su espectro creativo y su intelecto siguen marcando pautas en la plástica contemporánea. Las obras de esta exposición pertenecen a dos series tituladas América Umbral y América Dorada que en su mayor parte son de técnica mixta con madera, óleo y lienzo. Desde hace varios años, las obra de Rojas han concertado un estilo casi monocromático que para algunos críticos proviene de un legado cubista. Si nos remitimos a las obras de Rojas de los años sesenta, observamos cómo existe cierta afinidad con la obra tardía de Georges Braque. También se pueden hallar por esta misma época gestos geométricos similares a los de Piet Mondrian (el artista abstracto holandés), quien pintó durante la década de los años veinte. Recordemos que el lema de Mondrian era expresar su visión del mundo a través de los elementos más simples y sencillos: líneas rectas y colores primarios.
En la obra más reciente de Rojas vemos los estamentos de un lenguaje estético más abstracto, más denso y más solemne que el lenguaje de sus obras de tendencia cubista. Uno de los aspectos más evidentes de la colección en la galería Tovar & Tovar, especialmente en la serie América Umbral, es el profundo equilibrio que hay entre la textura orgánica y la expresión geométrica. Este equilibrio también se evidencia a lo largo de una búsqueda de identidad en sus obras de los años setenta y ochenta. Esta búsqueda de identidad (tan en boga hoy en día con todos los eventos que intentan aclarar qué sucedió en 1492) tiene una expresión muy original y vital en las obras de Rojas. Si ponemos de lado la polémica indigenista, que de por sí es algo cuestionable, podemos apreciar la búsqueda de Rojas con sus palabras: ... El hombre americano es un ente completamente nuevo, un ser genéticamente nuevo y distinto, capaz de marcar su propia cultura, sin que deje por ello de enriquecerse con todo lo demás, porque lo demás también es parte suya. Eso es lo que lo hace diferente. Ese es el verdadero El Dorado del hombre americano. Como varios de los grandes pintores y escultores de América Latina, Rojas ha logrado forjar una visión sincrética entre la simbología precolombina y los movimientos estéticos eurocéntricos (el cubismo, la abstracción figurativa, etc.) Desde las novelas de Alejo Carpentier, por ejemplo, podemos ver cómo una tradición literaria europea se trasvalora a través de una mitología prehispánica. En el caso de Rojas y la serie América Umbral, se trasvalora la cadencia rígida del cubismo (europeo) creando así una nueva visión de atmósferas orgánicas. De tal modo que los elementos originales de su obra surgen de las relaciones espaciales geométricas. Por medio de estas relaciones y por una síntesis de espacios atemporales, Rojas desplaza el aspecto simbólico del lienzo. Puede ser que este desplazamiento es lo que permite ver sus obras con una perspectiva metafísica. Como los óleos de Rothko, en donde la ausencia de símbolos se sintetiza hasta llegar a una cadencia metafísica (atemporal y universal), los lienzos de Rojas, desde su elemental sencillez, trascienden lo particular y lo temporal. Su descomposición estética (que no está muy lejos de los textos de E.M. Cioran, en su Précis de nos remite al universo mítico que precedió el arribo del sable y el crucifijo. Carlos Rojas, al igual que Mondrian, ha forjado una estética vital en donde elementos orgánicos y racionales equilibran realidades inmutables y universales.
ANDRES SALGADO R.
