La conmemoración del llamado Quinto Centenario, Encuentro entre Dos Mundos, marcó el último período del noventa y dos. La muestra principal del Centro Georges Pompidou, Arte de América Latina, del 12 de noviembre al 11 de enero, se rodeó de manifestaciones interdisciplinarias que demostraron una actitud de apertura frente al fenómeno.
Muy publicitada desde su apertura, del 14 de octubre hasta el 1 de febrero Figuras y caracteres, en la Galería B.P.I de dicho centro dos fotógrafas argentinas, Sara Fació y Alicia D’Amico, expusieron retratos de los principales escritores latinoamericanos. Con gran simplicidad Borges, Onetti, Rulfo, Asturias, Cortázar, Fuentes, Carpentier, fueron tomados en la intimidad del lugar de trabajo o en el rincón urbano que más relación tuvo con su obra.
Del 12 de noviembre al 1 de febrero, Ei universo de Borges concentró una audiencia curiosa por indagar en el mundo simbólico del renombrado escritor argentino. Propuesta por el curador Viviane Cabannes, se descompuso en cuatro temáticas mayores subdivididas en cuatro facetas que constituían en total 16 módulos de estructura laberíntica. El espectador podía efectuar más de mil recorridos distintos, inscritos en las posibilidades. Escenografías minúsculas, manuscritos y dibujos del escritor, acuarelas de Xul Solar, Antonio Seguí, Norah Borges, obras de Jack Vanarsky y Roberto Elia, entre otros, que de alguna manera pudieron haber tenido relación con el artista o evocaron el clima de sus obras.
La exposición, afirma María Kodoma viuda de Borges, se inscribe en un laberinto cuyo simbolismo se encuentra en la ciudad de Buenos Aires y también en la estructura misma de la lengua castellana. A través del espacio y esa infinita angustia que significa para el hombre la pampa de un lado y el cielo de otro, se da en forma de juego el aspecto ilusorio que contiene la mente humana. La llave de una lengua es la llave de un pueblo.
or ello encontramos en esta estructura de presentación todos los elementos transmutados. La iluminación crea un ambiente especial. Un mundo secreto lleno de misterio y de luz al mismo tiempo. Se trató de esta manera de traducir lo que Borges expresaba en palabras. Mi destino es la lengua castellana, afirmó reiteradamente el mismo Borges.
Jorge Amado, escritor de Bahía, del 16 de diciembre al 18 de enero, fue un homenaje al escritor brasileño, en su ochenta aniversario. De carácter documental, la exposición demuestra también la enorme influencia de la literatura latinoamericana en el mundo cultural francés.
Resumida al período 1911-1968 la ya citada exposición Arte de América Latina no produjo el eco esperado. La propuesta inicial de Waldo Rasmussen, curador del Programa Internacional del Museo de Arte Moderno de Nueva York, fue modificada en parte por Alain Sayag y Claude Schweisguth.
La muestra que tendría su intinerario en junio en el MOMA de Nueva York ya cumplió su recorrido europeo en Sevilla, París y Colonia. En París, dividida en dos partes, ochenta y tres artistas con cerca de quinientas obras fueron concentrados en la Gran Galería del quinto piso del Centro Pompidou.
Desde los setenta hasta la actualidad en el Hotel des Arts, bajo la dirección de Ramón Tio Bellido, del 17 de noviembre al 11 de enero, 16 artistas mostraban las líneas de la expresión actual. Una de las razones alegadas para esta división fue el espacio físico necesario. La otra fue histórica. Alain Sayag en la presentación del catálogo manifestó que: en Europa, en 191 los jóvenes pintores venidos de América Latina descubren la modernidad, Emilio Pettoruti y Rafael Barradas en Milán exponen con los miembros del grupo futurista, Diego Rivera en París alrededor de Picasso donde aprende las recetas de! cubismo (1). El final de la etapa se refiere a la disolución del GRAV (Groupe de Recherche d’Art Visuel) en 1968 que reunió a franceses y argentinos de tendencia cinética. El clima cultural que rodeó la muestra fue inevitablemente el correspondiente a lo que podríamos llamar en general Escuela de París. Enorme cantidad de interrogantes se plantearon con su apertura: las razones políticas y sociales que la determinaron, las ausencias históricas e incluso de artistas que residen en su territorio, así como la importancia concedida a determinados países en relación a otros. La muestra que debió llamarse, a pesar de las modificaciones, el arte latinoamericano según una visión del MOMA, abarcó doce países y dejo fuera no sólo a la mayoría de los residentes en Francia, sino que tampoco pudo proporcionar una exhibición clara del proceso y la Imbricación estética de las artes en este continente. Para evitar remarcar la ausencia de algunos países se omitió colocar la referencia al origen de los artistas. El público no accedió a ninguna fuente documentada de información, salvo el catálogo que muchos consideraron inaccesible, cronología precisa o paneles que hubieran podido de alguna manera explicitar el vasto fenómeno.
Las críticas de la prensa escrita determinaron parcialidad y desconocimiento del tema. El surrealismo fue el movimiento más comentado, debido a su afinidad con Breton y en los coloquios las ponencias dedicadas al arte en México bajo todas sus formas fueron las que proliferaron (2).
Una sala dedicada especialmente a Frida Kahlo y la gran importancia concedida a Diego Rivera, contrasta con la pobre selección de Pettoruti, por ejemplo, una mala obra del período de influencia futurista, Dinámica del viento (1915).
Pero, si de comparaciones se trata, en Colonia la elección de Waldo Rasmussen recibió un eco absolutamente distinto. La misma propuesta no fue modificada sino enriquecida. Bajo el título de Arte latinoamericano del siglo XX, con el auspicio del prestigioso Museo Ludwig de Colonia, en el espacio del Josef- Haubri Kunsthalle el mismo contenido adquirió una dinámica distinta. Pettoruti no figura en la lista de artistas ni su biografía en el catálogo. La selva, obra máxima de Lam, tampoco.
Contradictoriamente, la muestra comienza en el primer piso y continúa en la planta baja. Pero ésta es una forma de presentación ya vista en otras exposiciones en Alemania. Lo que en París significó un corte de alguna manera arbitrario, aquí evidenció líneas de continuidad que igualmente pueden ser puestas en cuestión, pero que no destruyeron el proceso. El público podía salir con una imagen completa de una nueva vanguardia en las artes, desconocida hasta el presente, que dejaba perplejo por la importancia y grandiosidad, así como por la ingeniosidad y profundidad del mensaje. A los compartimientos cuadrangulares del Centro G. Pompidou le sucedieron en Colonia los pasajes y pasadizos entre las pequeñas salas que permitían una lectura sucesiva y de continuidad.
Había que haber realizado durante más de una década una selección de temas de veinte países para demostrar que la historia del arte latinoamericano tuvo exacta concatenación con la universal europea.
El haber encontrado otros nuevos exponentes de las principales vanguardias y corrientes del siglo parece haber sido uno de los principales logros de esta misma, aunque por segunda vez distinta muestra.
NOTAS
1. Alain Sayag, Catálogo del Centro Georges Pompidou, Museo de Arte Moderno, Exposición de América Latina 1911-1968, Ediciones del Centro París 1992, 525 páginas. Prefacios de
D. Bozo, A. Sayag y W. Rasmussen; presentación general con textos de D. Bayón y A. Medina, colaboradores de Arte en Colombia así como de
R. Pontual y M. A. Acosta.
Entre otros “Soto”, página 391 extraído de Arte en Colombia No.34,1987. Fe de erratas, el artículo es de Susana Sullc y no Sara Sable como en el catálogo; la entrevista fue publicada en parte. “Armando Morales” entrevista de Celia
S. de Birbragher, pp. 31-35, extraído de Arte en Colombia, Bogotá, No.45. octubre de 1990.
2. Coloquio “Influencias e identidades”, del 5 al 6 de noviembre. Participación de P. Restany, A. Seguí, R. Pontual, D. Bayón, C. Cruz-Diez, S. Sullc, Rojas Mix, entre otros.
