Exposición Individualabr 1993 - jun 1993· Por Autor no disponible

Agustín Fernández

The Art Museum

La comunidad de arte internacional ha reconocido a Agustín Fernández como uno de los artistas más sobresalientes del exilio cubano. Empezó a exponer su obra con éxito a principios de los años cincuenta después de haberse graduado de la Academia de Bellas Artes de San Alejandro en La Habana, destacándose en exposiciones individuales de La Habana a Nueva York, de París a Caracas. Por una razón desconocida en los últimos años no ha recibido la atención que merece un artista de una producción tan continua y de tal autoridad. ¿Ha sido tal vez su enfoque solitario e independiente hacia una producción artística que ha desafiado las tendencias siguiendo una visión única y personal interesada en una supremacía técnica,que lo dejó fuera de la corriente principal? Cualquiera que sea la razón, la impresionante exposición retrospectiva de 32 lienzos, 18 objetos escultóricos y un libro ilustrado acompañados de un catálogo deberían una vez más traerle el reconocimiento largamente debido a su trabajo con el que se identifica tan plenamente.

Los lienzos de la exposición cubren 40 años y representan grandes cambios en tema, estilo y técnica que corresponden a las experiencias de su vida, de las cuales la más significativa ha de ser sin duda alguna el exilio. En Cuba, en los años cincuenta, sus lienzos reflejan una labor técnica prodigiosa que es el resultado de la formación tradicional de la Academia. En una serie de naturalezas muertas de estos últimos años, el artista mantiene la atención en el lenguaje abstracto de influencia europea, del post impresionismo al fauvismo y el cubismo, con fuertes composiciones que se distinguen por su experimentación de colores tropicales y la bondad del paisaje cubano.

En 1959 el artista dejó su tierra natal para ir a París y se presentaron profundos cambios en su trabajo. Durante los cuatro años siguientes se concentró en la creación de formas orgánicas en una paleta donde predominaron el habano y el gris. Sin duda alguna influido por el método surrealista de pintar automática y espontáneamente, estas obras tienen un nueva fluidez y construcción imaginativa. Al mismo tiempo, la tristeza de sentirse extranjero en una nueva ciudad pueden haber inspirado la escogencia de temas que ahora se orientan hacia objetos extraños casi eróticos y sensuales que son provocativos por su ambigüedad, que tocan casi el dolor y el placer. En Cousures (Suturas), 1962, predomina una forma circular de materia gris que se asemeja incómodamente a un seno y un pezón cocido con un botón con hilo y aguja. La combinación de una forma orgánica suave con la dureza del hilo anticipa su atención en formas y objetos metálicos .que han ocupado los últimos años de esa década.

Hacia 1970, después de una corta pausa en Puerto Rico que introdujo una luz blanca a su paleta, Agustín Fernández se instaló en Nueva York en donde mantuvo su compromiso de crear formas balanceadas precarias y ambiguas. Sus obras representan objetos metálicos a los que les da temperamentos humanos (¿o serían demoníacos/robóticos?). Durante los siguientes 20 años, Fernández dedicó su atención a crear imágenes inspiradas en el entorno urbano y objetos que llenan pasillos y calles. De lo animal a la máquina, los espacios comprimidos de sus lienzos revelan un vocabulario de monstruos extraños con mangueras de aspiradora como aparatos respiratorios. El expresa que el tratamiento del espacio es una nueva aventura cada vez que se embarca en un viaje creativo. Dentro de ese espacio juega con meras superficies luminosas contra filos de metal; incorpora objetos con mucho brillo sin un propósito racional e incita constantemente al espectador a inventar un diálogo con el cual puede explicar sus yuxtaposiciones.

Agustín Fernández se considera a sí mismo como el pintor de pintores y no un narrador de cuentos. Su técnica es engañosa: no pinta una verdadera visión surrealista contando una historia desde el interior, más bien deja que el espectador complete el rompecabezas y responda personalmente a sus creaturas misteriosas y a los presagios de paisajes urbanos. Para complicar la superficie de estas obras utilizará esténciles industriales, repitiendo patrones en una secuencia de precisión (al estilo de una fábrica) que rodean sus imágenes amenazadoras. Los peligros de la ciudad exigen protección moderna que él simboliza en pinturas inspiradas de armaduras medievales, como La Grande Arm del 978 y La Nouvel Armour de 1992.

Aunque la intensidad de la pintura en las últimas obras revela una atención obsesiva por la calidad del objeto de sus temas, es interesante descubrir que su gran afinidad por cosas actuales ha sido su preocupación desde hace tiempos. La exposición muestra una selección de trabajos tridimensionales de la propia colección del artista que forma un aspecto muy significativo y fascinante de su producción artística. Tales objetos/esculturas no han sido vistas en público antes pero como acompañamiento de las pinturas son un gran aporte al aspecto coherente de la exposición. Los objetos utilizados en la construcción de sus esculturas están directamente relacionados con sus lienzos tanto en el concepto espiritual como en el estilístico. Estos objetos continúan el juego del artista con superficies y texturas y la creación de tensiones ,pero manteniendo la misma calidad evocadora de los lienzos. Fernández empezó a crear estas obras tridimensionales de objetos encontrados en 1960 , muchos de los cuales pueden verse en sus pinturas como mangueras de aspiradoras, cuchillas de afeitar, pieles, esténciles, botones, puntillas. The de 1992 está compuesto de bombillas, espuma plástica, ruedas, dedos de plástico y cauchos. La yuxtaposición incoherente de forma y superficie en un arreglo que amenaza con caer o explotar, nos recuerdan sus paisajes urbanos con su deshumanizada mezcla peculiar de objetos y criaturas mecanizadas.

CAROL DAMIAN

Traducción de Beatriz Garzón M.

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