Exposición Individualsept 2010 - nov 2010· Por Susana Benko

Yeni y Nan

Faría Fábregas Galería

Existe una voluntad de revisar los cimientos de la modernidad y contemporaneidad en el arte venezolano. Una galería privada como Faría+Fábregas y una curadora independiente, María Elena Ramos, se pusieron de acuerdo y concibieron la muestra Yeni y Nan. El agua, la salina, la tierra. Se trata de un trabajo investigativo y curatorial en el que por primera vez se reunieron obras conceptuales de Jennifer Hackshaw y María Luisa González (Yeni y Nan, respectivamente) de 1978 a 1986. Por esos años ellas trabajaban a dúo. Ambas son, junto a Antonieta Sosa, las primeras mujeres en Venezuela que se atrevieron a formular un arte de acción en el que sus cuerpos hacen y son la obra. Ellas forman parte del movimiento performático que se produjo en esas dos décadas. 

Para esta exposición se hizo una recopilación del material visual original. Se reprodujeron videos que habían sido grabados en formato Umatic y fueron expuestos simultáneamente en seis monitores a la entrada de la sala. En estos videos se mostraron las acciones ejecutadas en diversos espacios, como en la Galería de Arte Nacional (GAN), por ejemplo, que en aquella época cumplió un papel preponderante en la promoción de lo que entonces se denominaba “arte no convencional”, en plazas públicas, así como en museos de diversas ciudades del país y en el exterior. Asimismo, se hicieron copias de imágenes tomadas de diapositivas y se ampliaron en buen formato. Además de estas fotografías, se expusieron obras en polaroid y material documental variado. Todo este conjunto permitió condensar de manera significativa –dada la limitación de espacio de la galería– una época importante en el arte del performance en el país, visto a través de las acciones de estas artistas. 

Exposición Individual: Yeni y Nan — imagen 1
Yeni y Nan. Simbolismo de la cristalización. Araya, 1984 / 2010. 4 Impresiones digitales a color a partir de diapositivas Ektachrom. 34 x 50 cm (13 ¼ x 19 ½ pulgadas), cada una Ed. 5 + 2 P/A. Foto: El indio.

Los años finales de los setenta y la década de los ochenta se distinguen por la innovación y efervescencia del performance y de las intervenciones en espacios públicos en Venezuela. Muchos artistas emergieron como pioneros de esta tendencia. Entre ellos, Yeni y Nan. Su obra llamaba la atención por su sutileza en todas sus puestas en escena. En ellas hubo belleza, sincronía, compatibilidad, unión espiritual. Ambas provienen de las artes marciales, practican yoga. En todas sus propuestas es esencial su vinculación con la naturaleza. En sus acciones se percibe la premisa de ser uno con el cosmos, como cuando estuvieron en Araya, zona costera del país. Sus cuerpos se contorsionaban o fijaban círculos o siluetas en función del movimiento natural del viento y del agua. Buscaban la acción de la naturaleza sobre la materia al sumergir bateas, por ejemplo, para dejar que las sales produjeran el proceso de cristalización sobre estas (Simbolismo de la creación.Araya, 1984). Era importante  en las salinas, como cuando suben una montaña de sal y seguimos sus pasos. La fusión del ser con la naturaleza es una alusión metafórica para recordar, entre otras cosas, que de la tierra es de donde provenimos. Sin agua, nos agrietamos igual que la tierra seca (Transfiguración elemento tierra, 1983).

Otro aspecto de gran importancia, relacionado con el anterior, es la presentación de la condición humana antes y después de nacer. Volver al estado original dentro del vientre materno es tema de sus más recordados performances. En Integraciones en el agua (1981), así como en Integraciones contemplativas (1982), ellas se pusieron en situación de alumbramiento, asumiendo de nuevo la vivencia uterina o amniótica, pues estaban dentro de grandes bolsas transparentes llenas de agua. Allí se movían, “nacían”, “rompían fuente”. Luego, sentadas, sincronizaban movimientos con sus cuerpos, que semejaban dibujos en el espacio. La experiencia de las artes marciales es marcada en sus movimientos y posturas. En todas las acciones performáticas de Yeni y Nan existe un centro: un centro visual y corporal. Lo vemos cuando están sentadas con sus espaldas rectas y apoyadas una contra la otra constituyendo un eje; cuando sus cuerpos en perfecto equilibrio se centran en el interior de una forma geométrica en la playa de Araya, o bien ya más explícitamente, cuando realizan Acción divisoria del espacio (1981), en el que este, de diversas maneras, es dividido en dos partes iguales. En todas las obras, hechas en diversos tiempos, se mantiene esta coherencia formal y conceptual. Para ello era necesario tener un dominio absoluto del cuerpo y de la mente. 

Sus obras partían del silencio pero emanaban una poesía que se expresaba de muchas maneras: en el gesto suave, en la impecabilidad del acto, en las formas limpias, elegantes. Pero asimismo en la luz. Araya y sus blancas salinas, los espacios blancos de la GAN, ellas mismas vestidas de blanco. Todo se interrelacionaba y, como señala María Elena Ramos, ellas “conectaron esa luminosa zona del mundo externo con la capacidad simbólica y poética que llevaban dentro”. Cada acción terminaba siendo un poema visual. Gestos y formas que provienen del centro del ser.

SUSANA BENKO

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