Exposición Individualsept 2010 - nov 2010· Por Marta Rodríguez

Liliana Durán

69 Espacio Flexible

Hace un tiempo leí este breve manifiesto de Liliana Durán: “El paisaje natural no es solamente mi registro, mi grito, sino que también es mi herramienta. Es la realidad del cambio, de lo intemporal, está sujeto al azar como lo está la propia vida. El paisaje es ese espacio que  captamos en la distancia, o en la cercanía. Es un conjunto real pero puede ser la imagen más abstracta, y si la aprendemos a observar se convierte en el verdadero maestro. Es  ahí donde aprendemos que cuando vemos una flor su belleza no radica en el adjetivo que le damos, sino en la flor en sí, nos volvemos parte de ella. Y ahí es donde está la verdad”. 

Ante sus 365 dibujos, exhibidos en la galería 69 Espacio flexible, comprendí el sentido de sus palabras. Los dibujos de 18 cm x 24 cm se realizaron con dos técnicas diferentes: óleo y Sumi-e (tinta negra). El  es una técnica originaria de China que posteriormente fue apropiada por los japoneses y por los monjes budistas para escribir y dibujar. Requiere de mucha destreza y precisión; el trazo que se plasma no se puede borrar. El pintor debe encontrarse en un estado de extrema concentración, un estado meditativo que le permita plasmar, no la apariencia, sino la esencia de lo pintado. 

Exposición Individual: Liliana Durán — imagen 1
Liliana Durán. Homenaje al planeta, 2009-2010. Óleo. 18 x 24 cm. (7 X 9 ½ pulgadas), cada una. Foto: Jerónimo y Fernando Cruz.

Los 365 dibujos fueron dispuestos en una sola pared, conformando un paisaje rectangular, un mural de 158 cm x 118 cm. La estructura vertical mantiene las características de un paisaje naturalista: en la parte alta se perciben el aire, el cielo, las nubes; luego aparecen montañas, árboles y vegetación, nombrando así la tierra; en la parte baja, en forma de río, cascada, mar o charco, se nombra el agua. Los animales se van intercalando de acuerdo con su hábitat: las aves en el cielo, los mamíferos y los insectos en medio de la vegetación, los peces en el agua. Sin embargo, esta estructura está profundamente alterada porque cada elemento del paisaje se realiza a través de enfoques diversos. Acercamientos y vistas lejanas se disponen indistintamente interrumpiendo la percepción naturalista y ampliando nuestra conciencia, al hacer visible que tanto una gota de agua como una enorme montaña son paisaje. 

La estructura horizontal de este mural es enteramente diferente, nada tiene que ver con el naturalismo, y puede ser leída de dos maneras: como una lección plástica, el paso de lo figurativo a lo abstracto; o como una experiencia un tanto traumática, la progresiva desaparición del mundo natural. A la derecha estaban los dibujos realizados al óleo, donde predomina el color. En la zona central se dispusieron los trabajados con óleo y Sumi-e. A la izquierda están los de Sumi-e. A medida que se acercan al extremo izquierdo los dibujos se van convirtiendo en trazos abstractos, líneas, manchas y puntos. Si recorremos este paisaje de derecha a izquierda vemos cómo los colores, al comienzo muy vivos, se desvanecen hasta llegar al gris. Las formas precisas se van disolviendo hasta llegar a ser manchas y líneas muy aguadas. 

Otro factor importante es la alusión a la historia del arte. Por una parte, está la convergencia de técnicas propias de Oriente, que, a través de trazos muy rápidos, captan los rasgos esenciales de los elementos naturales. Por otra parte, se hacen manifiestas la emoción romántica y la mirada impresionista. La primera está presente en algunos dibujos que muestran la visión lejana; mientras que las aproximaciones a las ondulaciones del agua, a los colores y texturas de la vegetación, nos remiten al impresionismo, con sus toques de color y pinceladas rápidas que captan la vibración de la luz. En estos pequeños dibujos se captan tanto la vida particular que palpita en cada elemento natural como su belleza formal. 

Ante estas posibilidades perceptivas, donde se cruzan el arte (la historia del arte, lo abstracto y lo figurativo) y la conciencia del presente (la amenaza del planeta), es importante conocer el proceso de estos 365 dibujos. El cambio acelerado que experimenta nuestro planeta es evidente; cada día vemos y sufrimos sus efectos, pero parece haber poca conciencia sobre este hecho; el último Acuerdo de Copenhague es una prueba fehaciente de ello. Frente a esta situación, Liliana Durán decidió ir dejando registros de este mundo en extinción. Durante dos años estuvo realizando 365 dibujos como homenaje al menoscabado mundo natural. La inauguración de su muestra coincidió con la celebración del día del Planeta. 

La premura con la que fue realizado cada dibujo iba a la par con la rapidez con la que se deteriora nuestro entorno natural; este proceso concluyó con los dibujos en Sumi-e, que se realizaban aún más rápidamente. El estado de concentración y meditación que requiere esta técnica hizo que al terminarlos fuera aún más consciente de la desaparición de la naturaleza, pero inversamente, llegaba a su esencia. Su compenetración con la naturaleza era más profunda, y a medida que “llegaba a esa imagen más abstracta, el paisaje, de manera más acentuada, se convertía en su verdadero maestro“.

MARTA RODRÍGUEZ

Liliana Durán, por Marta Rodríguez | artnexus