Exposición Individualsept 2010 - nov 2010· Por Júlia Rebouças

Jonathas de Andrade

Galería Vermelho

En el barrio de La Torre, en la ciudad de Recife, una casa abandonada es saqueada y demolida día tras día. La casa ofrece trazos de la arquitectura modernista desarrollada entre 1920 y 1970 en Brasil, con sus líneas rectas, volúmenes apoyados sobre pilares, ventanas que abren hacia el jardín. El otrora tradicional barrio de La Torre, antes ocupado por espaciosas residencias, ahora está superpoblado por edificios altos, construidos lado a lado. Jonathas de Andrade registra el proceso de destrucción de la casa sobreviviente con la ejecución de una maqueta y una serie de once fotografías para la obra Proyecto de apertura de una casa, como cinviene (2009). Suspendida del techo de la galería, en la entrada, la maqueta de madera acusa la condición ruinosa de aquella construcción. Como si fuesen ajenos a su tiempo y a su localización, la casa y sus escombros proclaman las desventuras de un proyecto de modernidad que se desmorona.

La exposición Resaca tropical reúne un conjunto de obras fotográficas que tiene como punto inicial las ciudades nordestales de Recife y Maceió, sus cartografías y sus historias, sus arquitecturas. A los registros de paisajes urbanos y viviendas, tomados de archivos públicos, se suman imágenes recolectadas en la escena doméstica que retratan modos de vida de la clase media que habitaba aquella ciudad en desarrollo. A partir de ese modelo de ocupación urbana, de los hábitos de consumo, de los modos de comportamiento representados, somos capaces de investigar un pasado reciente que es común a la mayor parte de las ciudades latinoamericanas.

Exposición Individual: Jonathas de Andrade — imagen 1
Jonathas de Andrade. Recenseamento moral da cidade do Recife (Censo moral tomado de la ciudad de Recife), 2007. Instalación, mapa, fotografías y formas. 8 x 3 m. (315 x 118 pulgadas).

Resaca Tropical (2009), obra que da nombre a la muestra, está compuesta por grupos de fotografías y páginas de un diario de memorias personales. Las noventa y nueve imágenes, presentadas en molduras y tamaños diferentes, perecen provenir de archivos domésticos, mezclados con fotografías aéreas y registros de la ciudad. A pesar de no ser todas de décadas pasadas –muchas fueron realizadas por el artista en días recientes–, retratan una época que parece no pertenecernos ya. Los textos, dispuestos en ciento cuarenta páginas dactilografiadas, reproducen los relatos íntimos de un hombre soltero que vivió en Recife a mediados de la década de 1970 y registra para sí mismo los nombres de mujeres con las que vive aventuras amorosas, los lugares que frecuentó, los amigos con quienes se relacionó y la inestabilidad de su vida profesional. Dispersos en las cuatro paredes, textos e imágenes inscriben una narrativa originada en experiencias muy personales, pero que se mezclan y se confunden con nuestra vivencia colectiva. El tono de ficción de esta argumentación se diluye en la historia de la ciudad. 

El acto de fotografiar está presentado, en la exposición, como parte de una práctica artística, pero también como aparato histórico y como elemento de memoria personal. Las imágenes revelan el vocabulario simbólico de una época y operan como indicios de conductas sociales. En Censo moral de la ciudad de Recife (2007), veinte habitantes de diferentes barrios del perímetro urbano responden un cuestionario tomado de un libro de buenas maneras de la década de 1980. Los formularios, diligenciados con las respuestas, están fijados al muro, acompañados de un registro fotográfico de la vivienda de cada entrevistado. Un gran mapa de Recife muestra la localización de cada una de las casas, generando una especie de cartografía de modos y costumbres. Las preguntas del “censo” se leen hoy como notas de humor, tanto por la ambigüedad de los principios retratados como por la oblicua tentativa de disciplinar los afectos a partir de normas de comportamiento conservadoras. La intensidad de éste y los demás trabajos de esta exposición supone que el pasado representado permea el presente, haciendo que nos identifiquemos con los restos de esa moral que perduran en nuestros comportamientos de hoy.

De los paisajes y escenas retratadas surge un modo de vida que se organiza en rebeldía contra las tentativas de condicionamiento moral, en una organización social que se resigna, para, inmediatamente, desafiar su propio código. Las cuatro fotografías de la serie El Club (2010) muestran la sede del Club de Yates de Alagoas, construida en 1964, con sus pilares estructurales que se adentran en el mar de Maceió. Hasta la década de 1990, época en que fue desactivado, la alta sociedad se reunía en los salones del club mientras los pescadores frecuentaban la parte baja en busca de peces. Cuando la marea bajaba, dejando al descubierto la estructura de la edificación, el subterráneo del club se convertía en punto de encuentros amorosos entre hombres.

Finalmente, 400 Disparos (2010) proyecta una secuencia acelerada –en Súper 8– de rostros masculinos tomados en el movimiento de la ciudad. Pese a ser registros en resulta imposible fijar las facciones de cualquier individuo; todos se funden en un gesto que evidencia inquietud, obsesión y urgencia. Jonathas de Andrade parece transitar confortablemente por el universo de la fotografía, revelando señales de ciudades conturbadas y de un fallido proyecto de modernidad. Sin apelar a lo exótico, retrata colores fuertes, perversiones, calor, sensualidad, caos, banalidad y naturaleza.

JÚLIA REBOUÇAS

Jonathas de Andrade, por Júlia Rebouças | artnexus