Se registra para el espectador esta exposición de casi setenta artistas compaginada en muchos subcapítulos. La curaduría, inclusiva, estuvo a cargo de Klaus Biesenbach, director del MoMA PS1; Neville Wakefield, asesor de la institución, y Connie Butler, curadora de dibujos en el MoMA. Remontándonos a las constantes búsquedas de nuevos productos en el medio de las exposiciones de artes visuales, hace dos décadas que se trata de renovar formatos y denominaciones, lo cual, en cierta manera, se percibe en Greater New York, así como en la previamente reseñada Younger than Jesus, Trienal del New Museum. Greater New York se inició en el año 2000 con calendario de realización cada cinco años, y coincide en 2010 con que su sede lleva oficialmente el cambio de nombre: ahora es MoMA PS. El maridaje entre Manhattan y los distritos aledaños se ha venido consolidando. Este edificio de infinidad de salas recrea el espíritu característico de la gran manzana: cambio de función dejando a la vista vestigios de actividades previas (también surgieron así Soho y Chelsea). La populosa exposición transpira lo festivo de lo que parece ser el arte joven. La predominancia de los formatos de performance y de video, con acento en lo político, lo efímero, lo individual, lo colectivo y lo participativo, no es una situación nueva. Un aspecto en el cual interactúan formato y contenido proviene de la fundamental relación de las artes visuales con la vida cotidiana, manifestando la trama de la sociedad actual ¿Cómo se revela? Convocando a artistas y público, al modelo televisivo de los ‘reality shows’. Esto se observa en la amplia programación con horarios de estudios de artistas abiertos para visitar y de artistas en residencia, encuentros, performances en colaboración, lectura de poesía, y demás.


Inversamente proporcional al intenso ritmo de la vida actual, el cambio del milenio se viene produciendo a lo largo de toda esta primera década: no se produjo a las 12 de la noche del duodécimo mes de 1999. Al contrario, por entonces empezó a formarse un cuerpo-cambio multifacético de una ciencia ficción que se autogestó y rugió el 9/11, para resurgir con los reclamos de la agredida e ignorada naturaleza, con las explosiones financieras transparentes para todos desde el inicio del milenio –excepto para los que legislan– y con las más diversas criminalidades que continúan a diestra y siniestra. La realidad es una sola: es multitudinaria, es plural. Nada es uno. Todo es infinito. En el afán de mostrar “lo mucho”, se intensificaron los espacios feriales, bienales, quinquenales, museos y otros centros de difusión y comercialización de las artes. Nada en contra de que los artistas vivan de su trabajo creativo y que las infraestructuras aporten modus operandi a mucha gente. Greater New York no confunde el panorama, lo replantea. Como todos estos inmensos espacios, es demasiado para el espectador no acostumbrado, si bien le aporta la experiencia de los “procesos”. Las instancias de “obra en proceso” y “exposición en proceso”, que recuerdan a todo ser pensante que hasta la reiteración fluye, para volver a aparecer. Ahí se intercalan los jóvenes que más se perfilan: Brody Condon, William Córdoba, Dani Leventhal. Esta transmodernidad se apoya, bien y mal, en el postminimal, el postribal, el postgenre, el postsocial, el postprocess y el decadentglobal.

Corresponde llamarla ‘exposición en cambio’, porque la función curatorial planeada también es inclusiva: engarza a otros cinco curadores –además de los mencionados–, quienes dentro del plan general crean circuitos de cinco semanas de duración. Electrónicamente, se concentra en los nativos; también atiende a los migrantes pero no considera a los obsoletos. En cuanto a los contenidos, la reflexión demuestra que el giro de la cantidad prevaleció sobre la calidad, como sucede en la sociedad de la acumulación, en un paralelo a “la cantidad de amigos electrónicos” que se cuentan, aunque sólo se los conozca superficialmente. En el corte general, se puede percibir una recogida de ‘restos sociales’, proveniente de los tsunamis, huracanes y destrozos walstreetianos. Lo inclusivo es relativo y no asegura nada. Apuntando más al consenso que a la calidad, el porcentaje de mujeres participantes es alto, cercano a la mitad; hay menos artistas latinoamericanos que dedos de una mano –todos viven en EE. UU.–, y una imaginería gay/lesbiana hilvana la exposición. De tan amplio recorrido se rescatan excepciones, como Pedro Lasch, LaToya Ruby Frazier, Ishmael Randall Weeks y Tauba Auerbach. En resumen, todo es una gran performance con cables, pantallas e intercambios con la comunidad. MoMA PS1 es el gigante edificio donde los artistas muestran cómo deambulan preparándose en tempranas búsquedas.
GRACIELA KARTOFEL
Historiadora de arte, crítica y curadora independiente, con especialidad en Arte Moderno y Contemporáneo de América Latina.

