Exposición Individualsept 2010 - nov 2010· Por Israel Castellanos

Duvier del Dago

Galería La Casona

El obrero y la koljosiana viajan a La Habana. Recorren varios puntos estratégicos de la ciudad pero no logran estabilizarse en ninguno por mucho tiempo. No hallan la recepción prevista. Decepcionados, vuelven a Rusia: “la Madre Patria”. Es el fin de unas “vacaciones” imaginarias que sirvieron de argumento narrativo a la exposición Holiday, del artista Duvier del Dago (Cuba, 1976). 

No bien distinguí las emblemáticas figuras, enseguida vino a mi mente el nombre de Vera Mujina. Sin embargo, cuando vi por primera vez una obra de Duvier del Dago, ni siquiera supe bien que era suya. Para ser más preciso: no vislumbré cuánto de él entrañaban los virtuosos dibujos carnavalescos, sobre papel kraft, exhibidos en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (CDAV) en 1998.

Ello me sucedió no tanto por enfrentarme a una poética naciente. (Tal hubiera sido una razón para fijarme, aun más, en los créditos de las obras.) La causa mayor de aquel “despiste” inicial fue otra: la autoría se presentaba difusa por el voluntario ejercicio de la cocreación artística.

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Duvier del Dago. Día festivo, 2010. Técnica mixta. Dimensiones variables.

Del Dago formaba una “yunta” con Omar Moreno, condiscípulo del Instituto Superior de Arte. Desde la perspectiva diacrónica, el binomio se inscribía en una tradición docente que prohijó más de una asociación artística, como la de René Francisco (Rodríguez) y (Eduardo) Ponjuán. Pero, desde el punto de vista sincrónico, el dueto Omarito & Duvier pertenecía a nueva experiencia educativa de la misma institución: Galería DUPP (Desde Una Pragmática Pedagógica).

La “galería” trashumante que tuteló un René Francisco trasmutado en profesor cocinaba proyectos que no solían presentarse a la recepción pública como ideaciones o resultados individuales. Así ocurrió, digamos, con la instalación 1,2,3… Probando, por la cual DUPP recibió un Premio UNESCO en el año 2000.

Grosso modo, he ahí la buscada coherencia de una autoría difuminada. Que no pudo evitar chispazos de identidades específicas. Pero mostró al espectador cuanto tenía de gesta y brillo individual con la disolución natural del colectivo mayor, y del dúo Omarito & Duvier.

Tras la “separación de bienes” artísticos, Del Dago evidenció que era un prodigioso dibujante. Su figuración, de líneas resueltas y angulosas, con cierta inclinación a la hipérbole expresionista, ratificó su filiación a las historietas, que el artista no ha dejado de dibujar sobre superficies planas. Pero su dibujo cobró otra dimensión: la espacial. Esa concepción volumétrica, en la que ha venido trabajando desde hace algunos años, fue la que exhibió en Holiday, entre el 14 de mayo y el 19 de junio.

La muestra, consistente en una videoinstalación, resultó paradigmática en varios sentidos. Con el tránsito al dibujo tridimensional, Duvier del Dago refrendó su contribución a una tendencia del arte cubano contemporáneo: forzar la mismidad de las disciplinas artísticas, quebrar las concepciones ortodoxas para indagar en las potencialidades expresivas.

A más de franquear las presuntas limitantes de una manifestación “plana”, Duvier del Dago manejó la iluminación de manera diferente al claroscuro convencional. Emplazó lámparas fijas como fuentes de luz y color, que pueden volverse mutables cuando el haz de la videoproyección atraviesa la red del dibujo. 

Si bien la propuesta de Duvier del Dago suele apostar por la hibridación de medios y la incorporación de la “nueva tecnología”, no renuncia a lo artesanal. Pone a contribución el “oficio del arte”. Y lo hace ingeniosamente. Pareciera lograr una conjunción de “lo digital”: el video, de un lado; y el tejido manual, del otro. Con hilos, estructura y hace sostener dibujos en tercera dimensión. Consigue, así, una representación equiparable a la de figuras y objetos en 3D, los cuales sólo pueden visualizarse en soportes planos mediante la holografía o el uso de hardwares  y softwares. 

Duvier del Dago ha hecho converger la realidad objetual y la realidad virtual. Con ayuda de colaboradores, pero sin sacrificar la definición autoral en el seno de la realización colectiva, el artista idea y elabora redes. Manufactura telarañas que, por sus implicaciones operativas, pueden ser equivalentes a las webs, incluso en el sentido semántico o nominal.

En Holiday, el artista cubano reinterpretó de dos maneras los íconos del obrero y la koljosiana. Los fijó, “como estatuas”, a través del dibujo tridimensional; y los movió ilusoriamente gracias al “dibujo animado”. Fue una proyección contrapuntista entre lo estacionado y lo cinético, incluida en los avatares de una escultura que coronó edificaciones ideológicamente relevantes de la otrora Unión Soviética, y apareció también como emblema de los estudios cinematográficos Mosfilm.

La animación, cargada de tintes irónicos, mostró la capacidad narrativa o diegética de Duvier del Dago, que oscila entre la parábola y lo explícito. Igualmente, expuso el sentido humorístico de un artista que, además del cómic, ha trabajado el audiovisual de modo independiente. Con Holiday, Del Dago se integró (con acierto) a la revisitación cuestionadora que el realismo socialista ha tenido en el arte cubano contemporáneo.

ISRAEL CASTELLANOS LEÓN

Duvier del Dago, por Israel Castellanos | artnexus