Exposición Individualsept 2010 - nov 2010· Por Carlos Uribe

Carlos Garaicoa

Museo de Arte Moderno

Catorce años después del Festival Internacional de Arte Ciudad de Medellín, realizado en 1997, en el cual vino como miembro del colectivo Los Carpinteros, el artista cubano Carlos Garaicoa (La Habana, 1967) fue invitado por el renovado Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM), para habitar el nuevo edificio de Talleres Robledo, vestigio del apogeo industrial de la ciudad en la primera mitad del siglo XX y espacio acertadamente acondicionado como museo por los arquitectos del grupo Utopía: Patricia Gómez, Jorge Mario Gómez y Fabio Antonio Ramírez. 

La “Tate paisa”, como ya algunos optimistamente la han bautizado, albergó desde comienzos de mayo hasta el pasado 8 de agosto su exposición individual Bienes mostrencos, la cual constituyó un punto alto en la ambientación y programación que el museo propone a la ciudad y al medio cultural como nuevo centro de intercambio y presencia de figuras del circuito internacional, entre las que se tienen programadas para final de año a Beatriz González y a Doris Salcedo.

Exposición Individual: Carlos Garaicoa — imagen 1
Carlos Garaica. Ciudad doblada (Roja), 2008. Instalación con papel doblado a mano. Dimensiones variables. Foto: Julián Roldán.

La expectativa que generó la presencia de Garaicoa, por su pertinencia actual y por un discurso fundado en la experiencia investigativa, fue positiva de entrada, especialmente en los jóvenes artistas, estudiantes y en el gremio de los arquitectos que ven en su obra reflexiones concomitantes con la realidad de una ciudad como Medellín, históricamente destruida y cambiante urbanísticamente, cimentada en las últimas décadas sobre la espuma efímera del narcotráfico, pero que en los últimos años ha logrado ver el final del túnel por medio de una transformación urbana y social consecuente con un pensamiento progresista y con el acierto de sus planificadores, y la cual hoy es destacada por diversas publicaciones especializadas en el mundo a través de la arquitectura de sus colegios de calidad, parques, bibliotecas y centros culturales.

Tal vez, sean esa metamorfosis, ese escenario cambiante, esa mutación arquitectónica, la fascinación por la cual Garaicoa acepta la invitación de una ciudad secundaria, para instalar en ella la posible afirmación de un proyecto o bien para regodearse con su ruina permanente, insumo para su proceso investigativo y combustible para su construcción discursiva. “Estoy interesado en conseguir que cierto tipo de público no sólo camine alrededor de una ciudad aparentemente vacía –aunque, de hecho, llena de símbolos y signos políticos– si no que cuestione su propia historia”1, afirma el artista. Como representante del arte cubano contemporáneo y de la generación pos Período Especial, Garaicoa emplea un acercamiento multidisciplinario para abordar temas de la cultura y la política, tras el estudio de la arquitectura, el urbanismo y la historia.

Si bien el objeto principal de sus reflexiones ha sido la ciudad de La Habana, Medellín se presenta para este pensador contemporáneo como un fenómeno singular, dado su pasado inscrito en las dinámicas del narcotráfico, y del cual Garaicoa saca el mejor partido al hacer un inventario de las edificaciones abandonadas por los capos y sus testaferros, hoy elefantes blancos a la deriva de la urbe, considerados por la jerga jurídica colombiana "bienes mostrencos", “bienes muebles que han tenido dueño particular, pero han sido abandonados material y jurídicamente y no se sabe quién es su dueño aparente”2, y con los cuales el artista plantea un juego dialéctico como estructuras arquitectónicas inacabadas, confiscadas, confinadas, estigmatizadas, olvidadas e, incluso, borradas de la memoria colectiva. 

Aparentemente, este planteamiento que interroga a la ciudad y se muestra como interesante en el proceso futuro de Garaicoa no convence finalmente como concepto general de la exposición y se presenta insuficiente como dispositivo articulador de las demás piezas, que quedan sueltas en busca de un eje que las cohesione. No obstante, la magnificencia de sus obras de procesos anteriores, como Nuevas arquitecturas, 2003, instalación lumínica con formas arquitectónicas suspendidas en papel y alambre, logra ambientes poéticos y sugerentes que nos trasladan, junto a sus arquitecturas de hilo y a sus Bend Cities, hacia las utópicas ciudades invisibles de Italo Calvino, para reencontrarnos como espectadores con un arte excelso y memorable.

El aura de Carlos Garaicoa ha iluminado a Medellín, pese a los desaciertos de un montaje que subestimó la importancia de una figura internacional de renombre, por incluir paralelamente una muestra colectiva intrascendente y caprichosa, o bien por el afán de rellenar la agenda de exposiciones, o injustificablemente, por darle gusto a un comité curatorial3 que, a pesar suyo, arrastra figuras decimonónicas, como en el caso de Alberto Sierra, quien debería dar paso a nuevos curadores y retirarse dignamente para bien del arte local.

Sin duda, estas contradicciones dentro del nuevo museo manifiestan preocupación, en cuanto no se dimensiona el espacio, bastante complejo por demás, con dos únicas salas para exposiciones y una nave central –antiguo salón de fundiciones de la centenaria factoría–, como espacio múltiple para actividades. El hecho de no haber cedido la totalidad del espacio del museo a un invitado de tanto prestigio denotó improvisación y privó a la comunidad cultural de haber apreciado las piezas de Garaicoa holgadas y generosas entre los muros de la renovada edificación y no confinadas en una sala y un espacio anodinos de circulación4.

NOTAS

1. Carlos Garaicoa habla de su obra, en: http://www.cnap.cult.cu/galeria/artistas/garaicoamanso.htm

2. Artículo 706 del Código Civil de la República de Colombia.

3. El Comité Técnico está conformado, además del mencionado, por Óscar Roldán (curador designado), Marta Lucía Ramírez, Imelda Ramírez, Carlos Arturo Fernández, Julián Posada y Gerardo Mosquera (asesor internacional), entre otros.

CARLOS URIBE

Carlos Garaicoa, por Carlos Uribe | artnexus