Exposición Individualjun 2010 - ago 2010· Por Victoria Verlichak

Remo Bianchedi

Centro Cultural Recoleta

Remo Bianchedi (Buenos Aires, 1950) volvió al Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires, exhibiendo más de 300 notables piezas en las que confirma su maestría para componer potentes imágenes, miradas inolvidables. Dueño de una obra densa y una palabra ardiente, Bianchedi es un narrador intenso que trabaja con algunos interrogantes que no son de fácil respuesta. 

Pinturas, dibujos y collages en las seis series, mayormente, inéditas que integran la muestra Remo Bianchedi: Trabajos 2006-2010. Desplegadas en la consagratoria sala Cronopios, las obras de El Castillo de Immendorf, El Señor Lafuente, En el observatorio del mundo, Altamira, En la otra orilla, Retratos del “espíritu del tiempo”  tejen el relato de una confrontación del artista consigo mismo. Precisamente, inauguró en simultáneo con la aparición del libro profusamente ilustrado Yo no es otro. Es una suerte de “acta notarial”, de constancia de la travesía visual desplegada en la muestra. Los textos de Bianchedi fuero extraídos de varias de sus libretas, parte de su obra secreta y paralela. “No son diarios, son libros que yo mismo encuaderno. Nacieron en 1997 cuando llegué a Alemania, no tanto como agenda sino como una constancia de estar vivo, como registro de memoria”.

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Remo Bianchedi. De la serie Incendio en el Castillo Immendorf, 2007. Técnica mixta sobre lienzo. Fundación Mundo Nuevo. Foto: Gustavo Barugel.

El título del volumen, diseñado por el artista y publicado por Fundación Mundo Nuevo, invierte el pronunciamiento de Arthur Rimbaud “Yo es otro”; noción que lo ha sostenido a lo largo de años: “Yo me dedico al arte, a pintar, porque es el lugar de mayor goce que tengo, es donde –utilizando el concepto de Rimbaud– ‘yo es otro’”. Tras estos últimos años de introspección, cuando hasta jugueteó con la idea de abandonar la práctica artística, Bianchedi por fin parece haberse encontrado a sí mismo. Al artista, que hizo su primera individual en la galería Lirolay en 1972 y vive desde hace años refugiado en el silencio de Cruz Chica (Córdoba), no le duró demasiado su abstinencia del mundo del arte; la pintura siempre ha sido una necesidad interna e histórica de este artista, independientemente de que se vea o no, de que se venda o no.

Las obras están montadas incluso en el piso (del mismo modo como él las pintó), así el observador se ve obligado a trasladarse alrededor de las mismas, rompiendo el habitual deambular lineal físico de la mirada. El dibujo y la figura humana, a veces inconclusa, se encuentran en el principio de cada obra poblada también por alusiones artísticas, políticas y literarias. Perfiles femeninos, penetrantes rostros, siluetas masculinas en reposo, recortes periodísticos, paisajes cambiantes poblados de otras figuras, tapizados de hojas y diseños abstractos se reparten en esta cascada de trabajos. Una o dos figuras erguidas, que ocupan el centro de la escena en medio de versátiles márgenes, forman parte del punto de partida de Altamira, “en la que pintaré y cazaré al Bisonte”, según advierte. 

Cambia la luz, se diversifican los contornos en la sucesión de obras de El Señor Lafuente homenaje a Duchamp sobre quien Bianchedi ha escrito y a quien obviamente admira. “Pinto con la cabeza, pienso. Creo, con Duchamp, a quien le importaba más el trabajo de la imaginación antes que la ejecución, que la obra de arte no es solamente eso que uno pone sobre una tela, sino cualquier modificación de un objeto”. Bianchedi suele trabajar con lo que tiene a mano y, con los años, desarrolló un estilo paradójico: utiliza materiales efímeros para constituir un dique contra las pérdidas, para rescatar la memoria.

Paleta rioplatense y tachaduras ahondan el atractivo de En la otra orilla, el enigma y movimiento de Retratos del “espíritu del tiempo”, la turbación y meditación de En el observatorio del mundo. Bianchedi, que siempre trabajó el concepto de serie, en El Castillo de Immendorf envuelve a explorar el diálogo entre la identidad individual y la colectiva. En estas obras retoma la temática central de los últimos años: poder, violencia y muerte. “Mi mirada sobre la Bauhaus, el Holocausto, la desaparición forzosa de treinta mil personas, la infancia, tiene en común autoritarismo y muerte”, señala. Los semblantes de los personajes de El Castillo de Immendorf, habitado por obras de arte confiscadas (incluidas varias de Gustav Klimt) e incendiadas por los nazis en 1945 para evitar que los tesoros artísticos caigan en manos soviéticas, son especialmente inolvidables. ¿Acaso también ellos rememoran con enorme pena esa gran pérdida de la humanidad? 

Revelador de una tensión entre fuerzas opuestas, el arte de Bianchedi parece destinado a explorar el conocimiento antes que crear belleza. Emerge de las tradiciones humanas, rompe el aislamiento y transita una penetrante atmósfera emocional. 

Remo Bianchedi: Trabajos 2006-2010 seguirá viajando por otras provincias del país; el segmento dedicado al castillo de Immendorf se exhibirá en Alemania en coincidencia con la Feria del Libro de Frankfurt, donde Argentina es el país invitado a propósito del Bicentenario de su Independencia.

VICTORIA VERLICHAK

Remo Bianchedi, por Victoria Verlichak | artnexus