Sobre el miedo, la reciente exposición del joven artista puertorriqueño Quintín Rivera en el Museo de las Américas en el Viejo San Juan, es una especie de “retrospectiva” para que los que hemos seguido la obra de este artista, el público en general y los críticos de arte locales e internacionales, nos demos cuenta, de una vez por todas, que estamos ante un artista extraordinariamente talentoso/original/provocador, con unos intereses muy particulares, cuya obra siempre combina las realidades locales de un Puerto Rico que es a la vez una colonia llena de contradicciones ante un nacionalismo tardío y la globalización, de una sociedad que raya en la esquizofrenia capitalista y una sociedad de unas generosidades incalculables, de una bella isla donde el cemento es el gran enemigo pero donde el pueblo ama la naturaleza porque es parte de su idiosincrasia.
Definen a Quintín Rivera (Caguas, Puerto Rico, 1978), y su ecléctica producción artística, su inteligencia, su talento, su rigor profesional y su originalidad y diversidad plástica y cibernética, desde su arte público hasta sus instalaciones y videos, desde su pintura hasta su fotografía, desde su ironía política hasta su hermosa inocencia. Al igual que Stanley Kubrick –que nunca realiza dos películas similares–, cada una de las obras de Rivera –como las de otros artistas puertorriqueños como Allora & Calzadilla, Ignacio Lang, Michael Linares y Charles Juhazs– trata de ser un nuevo y distinto reto visual y existencial. Tanto la estética como la ética de cada una de sus obras son una invitación a la complicidad; el artista quiere que seamos coautores tanto de sus poéticas fotografías de sillas y sillones como de sus místicas fotografías subacuaticas de un nadador, así como de lo que propone en sus dramáticas palabras/logos/gritos existenciales/warnings.

La palabra escrita le da unidad y fuerza a su obra (sobre todo a su obra más reciente). Basándose en su conocimiento de la Historia del Arte –desde Magritte (Esto no es una pipa, 1928-29) hasta muchos artistas contemporáneos que tienen que explicar su obra con palabras que forman parte de la obra misma–, y haciéndose eco de los filósofos posmodernos que se resumen y corrigen a ellos mismos en los márgenes de sus libros, la obra de este “mensajero” es una invitación a “las lecturas” de la contemporaneidad. Esto lo vemos desde sus interpretaciones/reescrituras de El principito de Saint-Exupéry hasta su fenomenal foto titulada Chavista, desde cómo juega con la famosa cita atribuida a Santallana: “Una nación que no conoce su historia esta condenada a repetirla” (convertida en una impactante instalación/juego) hasta sus “pinturas/palabras arrugadas”, ambas expuestas en Sobre el miedo.
Aunque ya había hecho obra de peso anteriormente, Rivera se abre un espacio en las artes visuales puertorriqueñas en 2005, cuando, como parte de un proyecto de arte público, presenta Un Espacio Libre, donde llena a su ciudad natal, Caguas (una ciudad poco atractiva desde el punto de vista arquitectónico pero rodeada de espectaculares montañas), de unas monumentales “ventanas”/billboards/ “fotografías celestes” del hermoso cielo y nubes puertorriqueñas, que dialogan y se confunden/funden con la disparatada arquitectura de esa ciudad y la belleza natural que la enmarca, haciendo que nos demos cuenta de que, tanto desde el automóvil como cuando caminamos, no distinguimos la realidad de la facción y, peor, que no apreciamos/gozamos de nuestro magnífico cielo caribeño. El impacto de Un Espacio Libre irá acompañado de una obra fotográfica enigmática pero atractiva y, sobre todo, de su importantísimo desempeño/dedicación a la difusión de las artes como director del proyecto cultural Área –Lugar de Proyectos–, un espacio alternativo de cierta importancia, utilizado por muchos artistas e intelectuales emergentes. Finalmente, con su participación en las tres ediciones de CIRCA (2007, 2008 y 2009), con pintura, dibujos y fotografía, este joven artista se convierte en uno de los protagonistas de su generación.
En Sobre el miedo el público pudo ver una interesante selección de lo que Quintín Rivera puede hacer. Hubo obras minimalistas, como Off signal (las bandas de colores que aparecen en el televisor cuando se va la señal), The relentless pursuit of perfection, obra donde se resalta la tipografía perfecta; Repetitions, donde escribe en una serie de sobres la famosa cita atribuida a Santallana –en inglés o castellano–, sobres que envía a distintas personas, a través del Sistema Postal Americano; Vulnerabilizaciones/Vulneravilizations (monumentales lienzos arrugados que contienen palabras/frases/oraciones muy provocadoras, como pánico, el pueblo habló, ira, caos internacional, furia colectiva, euforia, el país más feliz del mundo, etc., acompañados de interesantes fotografías de gente viendo/analizando estos lienzos), y sus adorables pero brutales pinturas de El principito, con sus inesperadas/¿irreverentes? citas, que reflejan su realidad actual.
El hilo conductor de toda la obra de Quintín –y se ve muy claro en Sobre el miedo– es una inteligente y original construcción de un yo autobiográfico y sanamente narcisista, y una crítica profunda y mordaz a la sociedad burguesa (a la que él y su familia pertenecen) que controla el diario vivir de Puerto Rico.
En el caso de su serie Vulnerabilizaciones/Vulnerabilizations, lo mejor de esta exposición para este crítico de arte, en estas “pinturas” (dignas de cualquier bienal respetable, donde está, claro, la caligrafía de Lorenzo Homar y Antonio Martorell) ya vemos a un artista mucho más libre, más maduro, y es que ahora todo el arte producido por Quintín Rivera tiene que ver con nuestras relaciones sociales y políticas (Platón y Aristóteles). El artista, a través de todas sus obras, nos recuerda que somos entes sociales y que nuestro fin es el bienestar individual y colectivo, y que debemos aborrecer la injusticia. De ahí su miedo a que nos convirtamos en “lobos esteparios”, a que sólo nos interese, en última instancia, nuestra supervivencia/bienestar (Hobbes); de ahí esta importante exposición: Sobre el miedo y otros problemas del subconsciente colectivo.
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
