Nuevos caminos

Ronan & Erwan Bouroullec. Silla vegetal: florecimiento, 2008. Poliamida inyectada. Las patas de atrás se inyectaron por separado. 813 × 606 × 552 cm. (320 x 238 ½ x 217 1/3 pulgadas). Vitra, Switzerland.

Diseñojun 2010 - ago 2010· Por Carolina Muzi

Nuevos caminos

Entre el arte y el diseño

Partamos de tres cosas (un objeto, una técnica y un material): la botella del galés Ross Lovegrove para el agua mineral Tynant, que parece un bloque de hielo ahuecado allí donde la mano le da calor para llevarlo hasta la boca en el gesto de beber; 2) el dripping estructural que en un pase mágico de levedad y elegancia los brasileños hermanos Campana hicieron sillón con aspecto de arrecife de coral y luego textura plástica para zapatos y carteras Melissa; 3) la espuma poliuretánica concebida por el japonés Tokujin Yoshioca para que cobre vida de silla sólo cuando ejerce de asiento.

Las fronteras entre arte y diseño están volviendo a ocupar el lugar que deberían haber mantenido: el de paso libre, de vaivén sin pasaportes, dados los orígenes que comparten. Mientras los museos de arte contemporáneo se empeñan en instalar el pensamiento en lo incierto de los límites, el escenario global agita el reminder de que muchos artistas se han dedicado históricamente al diseño y que esta disciplina ha sido el núcleo constitutivo de movimientos y vanguardias que nacieron en el campo del arte, y que ese campo reclama para sí. Por el otro “bando”, el discurso del movimiento moderno –que a partir de la década del veinte comenzó a desterrar de los modernismos lo que estos tenían de expresión– no logró conquistar masivamente a la gente y durante cuatro décadas gravitó sólo en la comunidad del pensamiento proyectual. Con ese costado tan dogmático (todo por y para: la función, la serie, la síntesis) los diseñadores no ejercían sus necesidades artísticas con soltura. Se cuidaban de que el arte no asomara en su trabajo (ya saben, el prurito de la necesidad de respuesta a un problema), y quienes se lanzaban a otro camino artístico en paralelo solían cambiar de actitud. Como si se colara un atisbo de infidelidad que debían disimular.

Diseño: Nuevos caminos — imagen 1
Maarten Baas. El caparazón, 2009. Serie de metales, acero y madera. Dimensiones variables. Foto: James Harris.

 La primera separación ocurrió con el destierro del ornamento, que ordenó el movimiento moderno, vacunado históricamente con la sentencia de Adolf Loos (Ornamento y delito), que arremetió en contra de los adornos del Art Nouveau. Y así comenzó a echar hondas raíces una militancia férrea en el diseño recto, que hizo del movimiento moderno una ideología, más que una preferencia estética. Hoy, cuando el ornamento ha vuelto a ganar corpus de alma, la arquitectura dejó los prismas y se lanzó a volúmenes plásticos, a formas orgánicas (muchas veces ornamentales), así como los diseñadores se permitieron ejercer de artistas. 

Algunos utilizan al arte para hablar conceptualmente del diseño y electrocutar verdades instaladas (planteos curatoriales que, hasta hace poco, sólo provenían del mundo del arte contemporáneo). Otros tantos se permiten en sus diseños funcionales la libertad expresiva que les dicta su genética (o, cuando menos, su pulsión) artística. Para ellos el arte suele resultar un límite seductor, que permite salirse de las ideas que sólo pretenden un buen negocio con algo efímero. 

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Toord Bontjei. La hoja de higo, 2008. Hojas de cobre esmaltadas y pintada sa mano; árbol de bronce a la cera perdida, con pátina; seda tejida y teñida a mano; soporte estructural formado a mano. 218,4 x 152,4 x 71,1 in. (86 x 60 x 28 pulgadas). Foto: Lee Mawdsley. Mallet and Meta.

 “Por edad, el arte es la madre de muchas disciplinas, pero no creo que el diseño sea un hijo, o tal vez sea adoptado. ¿Por qué?”, se pregunta el diseñador argentino Ricardo Blanco. Y se responde: “El diseño nació de las necesidades de la gente, que transformó los objetos utilitarios en algo más aceptable, querible y deseable. Esa evolución necesarios-aceptables-deseables es un recorrido que no necesariamente siguió el arte”. En su idea, para hacer que los objetos sean deseables “se apela a ciertas estrategias que utilizó el arte, como la calidad estética; habida cuenta que el arte ha apelado a muchas otras estrategias –la comunicación, lo meramente perceptivo, el compromiso, la fealdad o la crueldad–, también es cierto que hoy el diseño apela a algunas de esas estrategias, como el compromiso, por ejemplo, con lo ecológico”.

Sobre los recursos o entornos propios del arte que hoy utiliza el diseño, Blanco menciona el coleccionismo público o privado, aunque recuerda que “también el diseño ha generado situaciones propias que el arte ha tomado, como los múltiples de los años setenta, ya que el diseño siempre ha sido de producción seriada y, aunque este ha tomado del arte el concepto de pieza única, lo hace con posibilidades de reiteración”.

Diseño: Nuevos caminos — imagen 3
Toord Bontjei. La hoja de higo, 2008. Hojas de cobre esmaltadas y pintada sa mano; árbol de bronce a la cera perdida, con pátina; seda tejida y teñida a mano; soporte estructural formado a mano. 218,4 x 152,4 x 71,1 in. (86 x 60 x 28 pulgadas). Foto: Lee Mawdsley. Mallet and Meta.

A esta altura, habría que plantearse la primera gran inquietud: por qué los diseñadores conservan cierto agrado por ser llamados artistas y estos últimos no gustan de ser tildados de diseñadores. La fecha de vencimiento de esta fórmula parece que ya pasó. En tanto, hay otros y variados aspectos que verifican cuán poroso se ha vuelto ese límite: más diseñadores dedicándose al arte y más artistas volcados al diseño, más trabajos conjuntos; más nuevo mercado; más coleccionismo de diseño.

Pongamos como paso de frontera a Volumen, el vúmetro de Sergio Avello que se quedó a vivir en la explanada del Malba porteño: suele mencionarse esta pieza (un indicador estético del sonido ambiente en tiempo real) como arte ambiental, electrónico, in situ. Por qué no diseño urbano. Esta obra encierra un patrón (de colores) a medias sometido a lo aleatorio (el nivel de ruido de la ciudad) que enciende las filas de bulbos turquesas, naranjas o rojos, según la intensidad. Aparece así a través de ella un concepto clave para la divisoria (¿?) de aguas entre arte + diseño: el del pattern o patrón. 

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Hugo França. Bain chaise longue, 2006. Juerana, cuero. 71,8 x 209,6 x 105,4 cm. (28 ¼ x 82 ½ x 41 ½ pulgadas). R 20th Century, Nueva York. Tomado del catálogo Latin America de Phillips de Pury & Company, del 3 de octubre de 2009. Pg. 69.

“Los patterns son, sobre todas las cosas, cruces de frontera”, dice la historiadora del arte alemana Annette Tietenberg1. Será porque su contenido emocional, al igual que el del ornamento, acerca los objetos fabricados a las definiciones tradicionales del arte. 

Fue en los noventa, y en Holanda –que de vanguardias sabe un rato–, donde surgió una generación que le pondría nombre institucionalizado (y reversible) a las vueltas que venía dando la noción de frontera entre estos dos primos: el Design Art o Art Design tuvo en la Academia Eindhoven un especial espaldarazo de la avezada Li Edelkoort, quien impulsó a la generación de Tord Boontje, Marteen Baas y otros a salirse del anticuado dogma del diseño industrial y poder manifestarse a tono con la época. Abrevando mayoritariamente en ese colectivo generacional, este año, el Art Design tuvo desde julio a noviembre una muestra soberbia en el V&A Museum de Londres: Telling Tales, fear and fantasy in contemporary design, curada por Gareth Williams. En tres salas oscurecidas, Williams hace gala de la mejor tradición museográfica brit y de una alta sensibilidad para narrar este delicado borde, que ubicó en tres etapas históricas del relato: el cuento de hadas, la novela barroca y el advenimiento del psicoanálisis. Vale un pequeñ recorrido. En la primera sala, los sonidos típicos de un bosque sumergen en un espacio de verde oscuridad, donde todos los objetos remiten al clima de hadas o a la fábula: una casa de muñecas lograda por Jurgen Bay a partir de muebles y mantas ensamblados; un armario de madera maciza al que Marten Baas logró imprimirle movimiento estático y parece temblar como Caperucita cuando ve que su abuela es el lobo. O un clóset de higuera, el más mágico de todos los árboles, que al cerrar su carcasa de hojas podría hacer que cualquier harapo colgado en su tronco se convierta en tul. Y también una silla negra, tapizada en lonjas de cuero colgantes, lista para que llegue a sentarse la bruja; ambos son de Tord Boontje, un diseñador capaz de devolvernos a la niñez sin escalas. “Contra toda evidencia de un mundo industrializado, globalizado y high tech (o tal vez a raíz de él), algunos diseñadores contemporáneos se están refugiando en los sets pastorales de los cuentos de hadas, los mitos y la naturaleza. Haciéndolo, nos regresan a nuestro estado más primitivo. Sin duda, sus diseños son escapistas, naives o deliberadamente aniñados. Sus objetos hechos rústicamente parecen venir de la mitología o la narrativa de hadas de Europa del Norte. O del jardín del Edén. Pero estos diseñadores son mortalmente firmes en el intento por arrancarnos de la alienación cotidiana y reconectarnos con el estado de inocencia y asombro”, dice parte de un emotivo texto de Williams.

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Don Shoemaker. Silla X, c. 1970. Madera cocobolo. 88,9 x 88,9 x 81,2 in. (35 x 35 x 32 pulgadas). Sebastian + Barquet.

 Otro aspecto fundamental en esta frontera es el del coleccionismo, ahora promovido por Design Miami (DM), que recluta como evento satélite de Miami Basel el emprendimiento de Ambra Meda junto al urbanizador Craig Robins. Si bien el negocio fortalece una nueva área de obsesión para los coleccionistas de arte contemporáneo y le da un input nuevo a la ciudad, un programa variado y armado conceptualmente pone en valor al escenario internacional del diseño y, a través de la oferta de exigentes galerías, también el de su vertiente histórica moderna.

 Julien Lombrail, directora de la galería londinense Carpenters Workshop, es tajante acerca del escenario: “Hace diez años, había sólo tres diseñadores que hacían lo que podría llamarse Art Design o Design Art: Newson, Arad y Hadid. Eran absolutamente desconocidos para la mayoría de los coleccionistas de arte y para el público. Hoy son estrellas y han inspirado a una nuva generación liderada por Van Lieshout, Studio Job, Campanas, Bouroullecs, Random International, Baas, Reinoso, Jurgen Bey, Vincent Dubourg, Robert Stadler, Martino Gamper”, indica.

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Fernando y Humberto Campana. Butaca Victoria Regia, 2006. Caucho, tela, tubos de acero inoxidable. Altura: 47,5 cm. (18 pulgadas). Diámetro: 125,7 cm. (49 ½ pulgadas). Tomado del catálogo Latin America de Phillips de Pury & Company, del 3 de octubre de 2009. Pg. 75.

 Su percepción del capítulo latinoamericano también recae en una tríada: los hermanos Fernando y Humberto Campana y Pablo Reinoso. “Son muy diferentes entre ellos y tienen su propia y fuerte identidad, pero todos están movilizando a la gente. Hacen piezas que no requieren una educación especial para ser apreciadas. Este es el signo de los maestros… Design Miami favorece una realidad, que es que el Art Design ya es parte del ARTE: cuando se colecciona arte, se coleccionan pinturas, esculturas, fotografía, videos, instalaciones, y ahora, el Art Design es una nueva área”, señala. 

Es que, como indica la curadora brasileña Adelia Borges, “la contemporaneidad diluye las fronteras en general, y el diseño no podía ser la excepción. En Brasil, un país de mestizaje, hay un gran tránsito de fronteras. En ese campo se destacan los hermanos Campana, Ovo Design (Gerson de Oliveira y Luciana Martins), el Estudio Manus, Jacqueline Terpins, entre otros”. 

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Vincent Dubourg. Buffet Nueva Zelanda, 2009. Madera. Aprox. 180 x 150 x 100 cm. (70 4/5 x 60 x 39 1/3 pulgadas).

  Borges cree que aun así la noticia de que esté creciendo el coleccionismo de diseño sirve para todos: designers, galerías y coleccionistas. “Las personas empezaron a valorizar el diseño –indica–, muchas todavía no se habían dado cuenta de su papel y de su importancia. Hay muchos caminos para el diseño: de un lado están la industria y la tecnología, y del otro, el arte y la cultura. Para aquellos más ligados al arte, el coleccionismo, sin duda, es una nueva alternativa de mercado”. 

 El invitado principal del año pasado en Design Miami fue un claro exponente del Art Design: Marteen Baas. Año a año el evento profundiza en la veta de artistas de los diseñadores que invita (antes fueron Zaha Hadid, Marc Newson, Tokujin Yoshioca…) hasta llegar a Baas. “Lo suyo es tan paradigmático: el sillón en el que no te podés sentar con componente surrealista y meetings con Dalí. La serie de muebles de plastilina con sus huellas trae el concepto de impronta que viene de las cavernas. Y ese tipo es el premio diseño de este año: es arte. Por el sentido renacentista de tomar absolutamente todos los medios, el diseño no sólo está en comunión con el arte sino con todas las formas del arte. El vocabulario del arte, desde el punto de vista del diccionario, es el mismo que el del diseño” observa Cielo Portas, historiadora del arte que ha cubierto en los últimos tres años el DM para la prensa argentina. 

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Pedro Barrail. Super-Sexy, 2007-2009. Fibra de vidrio cubierta en piel natural de vaca (cuero paraguayo) y piel de oveja (lana). 75 x 75 x 65 cm. (29 ½ x 29 ½ x 25 ½ pulgadas). Cortesía: Cristina Grajales Inc.

 Aunque en esta edición el lema fue Ame/rica, fueron pocos los exponentes continentales del río Bravo para abajo. Los de mayor representatividad son México y, sobre todo, Brasil. Ambra Meda menciona la variedad de diseño histórico y contemporáneo que lleva esta potencia en ascenso, mayormente reclutado por la galería Seculo XX (Joaquim Tenreiro, Sergio Rodrigues, Zanine Caldas, Julia Krantz y Oscar Niemeyer). En tanto, los Campana, que ganaron el premio Diseñador del Año en 2008, alistan con la estadounidense Moss. Sebastian + Barquet representan el trabajo de mexicanos modernos como Pedro Friedeberg, Luis Barragán, Feliciano Bergar, Mathias Goeritz y Juan O’ Gorman. Mientras que la enérgica colombiano-neoyorquina Cristina Grajales desembarcó con su compatriota de Hechizoo, Jorge Lizarazo, quien busca incorporar la rica tradición artesanal del tejido colombiano a propuestas contemporáneas. La obra que mostró del paraguayo Pedro Barrail también refuerza la idea de crear un relato en torno al diálogo entre artesanados latinoamericanos y propuestas de diseño del siglo XXI. “El pirograbado de su silla Castor lo hace un artesano indígena de la etnia Pai Tavytera; la silla Supersexy está forrada de la misma manera en que lo están los termos en los cuales tomamos tereré (mate helado) todo el día y tienen la piel de oveja que en el campo se usa para montar caballos; la silla Loop, de estructura de hierro, está forrada en mimbre, el material por excelencia de los muebles de jardín, indispensables en nuestro país por las altas temperaturas”, ejemplifica Claudia Casarina, curadora de una muestra de Barrail en el Museo del Barro de Asunción.

 En la escudería Grajales también alista el chileno Sebastián Errázuriz, que impacta con reapropiación poética de mobiliario descartado, árboles caídos y taxidermia. Así, como una mamuska de novedades unas dentro de otras, la buena noticia de lo transitada que se ha vuelto la frontera arte/diseño es que esta región aún está sin explorar. Es una vasta cantera que alberga potentes tradiciones artesanales nativas, un fuerte y prolífico movimiento moderno del siglo XX y nuevas generaciones de profesionales capaces de conjugar aquellos legados con talento, una rica paleta material y un renovado sentir latinoamericano.

NOTA

1. En Patrones en el diseño el arte y la arquitectura (Birkhauser, 2005).

CAROLINA MUZI

Periodista y curadora independiente de diseño.

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