Natalia Revilla (1981) presenta su primera exposición individual, titulada Días grises. Se llama Días grises porque la artista usa los grises en sus dibujos, que no son ni blancos, ni negros, esa ambivalencia, esa mezcla que no se define bien. Ella presenta tres dibujos de gran tamaño hechos en lienzo, 22 dibujos calados (cortados con una cuchilla) en cartulina blanca y un video de tres minutos. Los tres dibujos sin título son pintados en lienzos y tienen la apariencia de fotografía, la sutileza del artista se nota de inmediato. La obra de Revilla es realista porque justamente se parece a una fotografía en blanco y negro. En el primer dibujo se puede observar un río, a través de la vegetación abundante; el río da vida a la vegetación. Pero en el borde del río hay una mujer echada con la cabeza apoyada en la orilla y el resto del cuerpo flotando en el agua. La pregunta es obvia. ¿Ella es cadáver? ¿Está descansando o relajándose? La mujer está vestida y no presenta golpes, ni daños visuales. Los brazos y pies están inertes. Uno empieza a pensar, si estuviera ahogada, no estaría allí, sino en el fondo del río. Quizás está descansando después de haber nadado bastante. Su cara no está debajo del agua, ella puede estar viva. La artista, de esta manera, envuelve al observador en la obra. Pero la artista nos explica cuál es su intención, “supongo que la respuesta depende de quién lo observe; pienso que también puede leerse como un estado entre estar vivo y muerto, flotar, soñar”1.

En la segunda obra hay gran vegetación de plantas muy bonitas y se ve el cuerpo de una mujer caída en el suelo. Las piernas no se ven, están cubiertas por la densa vegetación. Tampoco se notan daños físicos o sangre. ¿Es que ella está mareada y está durmiendo? ¿Está muerta? ¿Se ha caído y está descansando? Pero está bien peinada. La ropa no está estrujada. ¿Qué puede haber pasado? Todas estas preguntas vienen a la mente. Cada detalle es importante para la lectura de la obra. Para esta obra Revilla utilizó un collage de varias fotografías de plantas que arregló según su diseño.
En la tercera obra se ven el agua del mar y la mitad de un cuerpo de un hombre desnudo de la cintura para arriba, en la esquina inferior. No se le ven la cara ni las piernas y tiene un brazo extendido. Tampoco se ven heridas, ni sangre. Las preguntas vienen nuevamente. ¿Está muerto? ¿Se ahogó? ¿Se está relajando? Pero la belleza de la técnica de la representación del agua es notable. Obviamente, la perspicacia de su técnica es una parte bien importante de su obra.
En la obra de Revilla hay un misterio ambivalente, porque la persona puede estar muerta o soñando, que hace la obra más interesante. Lo que uno ve no es real, es una creación, es una obra de arte. La artista quiere una intervención mental y visual del observador. Su arte ya no es visual solamente, es también mental y su obra demanda una respuesta. Una respuesta que está basada en la memoria del observador. ¿Cómo termina la historia? La artista no te da la respuesta. Tú tienes que indagar e investigar, y ni así tendrás la respuesta verdadera.
La artista hace un bosquejo de la obra que quiere, toma varias fotos y arregla el paisaje para después unir las fotografías y así hacer esta obra según el bosquejo. Uno toma por real las fotografías, y como su obra parece una fotografía, uno la toma por real. Pero su obra es creada, es imaginaria, y esto es lo que hace la obra de Revilla más interesante.
En las dos primeras obras la belleza de la naturaleza es innegable, es en el campo fuera de la ciudad donde hay tranquilidad y paz; y no hay conmoción de la ciudad, pero encontramos intervención humana casi criminal. La persona en las dos primeras obras es la artista misma en autorretratos. El cuerpo de hombre en la tercera obra es el de su novio. En la obra de Revilla no hay una respuesta absoluta de qué pasa en lo que vemos.
Revilla nos dice por qué pinta el misterio, porque “cada trabajo es como un punto de partida de algo que no necesariamente tiene conclusión. Son imágenes de pérdidas, vacíos y desconciertos donde el cuerpo, a veces muerto, a veces en estados inertes o ambiguos, aparece como contenedor de las tristezas de otros, que nos recuerdan lo frágil de nuestra condición ante ciertas circunstancias o hechos, ante los cuales a veces parece que sólo queda callar”2.
Los dibujos calados son pequeños, parecen dibujados hasta que te acercas y ves que son cortados y que hay un vacío donde supuestamente es oscuro. Los dibujos están bien realizados y tienen presencia. Los temas de los dibujos calados son retratos, niños, parejas abrazándose, personas en la cama que podrían estar muy enfermas, muertas o soñando, y no podría faltar, escenas con personas en el suelo.
En la obra de los dibujos de Revilla hay tres cosas importantes: el misterio, la sutileza del dibujo y la belleza de la naturaleza. Estos son el tour de force de Revilla.
NOTAS
1. Entrevista con la artista, abril de 2010.
2. Ibid.
AUGUSTO CHIMPEN
