Exposición Individualjun 2010 - ago 2010· Por Beth Rosenblum

Julio Valdez

Latin American Masters

Una seductora masa de agua ondulaba frente al espectador. Cayo Levantado III (2009-2010), de Julio Valdez, una reciente pintura al óleo y tinta sobre lienzo, de casi cinco por ocho pies, presentaba pinceladas ascendentes y descendentes en matices turquesa y aguamarina con tonos verdes, blancos, amarillos y morados. La pintura era seductora desde el punto de vista formal y atraía al espectador con su juego de luz y espacio. El agua fluía a través del lienzo, cambiando de direcciones; no seguía un patrón perceptible, y la tensión era evidente, indicio de la fuerza del agua. Los espectadores no podían estar seguros de si estaban ubicados por encima del agua o justo frente a ella, de modo que podían ver su superficie reflexiva. Esta sensación de desplazamiento ampliaba el simbolismo de la pintura a más que una metáfora de la liquidez de la pintura y el proceso creativo.

En 1956 Leo Steinberg publicó un comentario acerca de la fascinación de Claude Monet por la superficie reflexiva del agua, en el que afirmó: “En sus últimos años pareció haber encontrado la causa de esa fascinación y haber afrontado lo que implicaba: que una línea de base, que actúa como mediadora entre lo real y su falsa imagen reflejada, separa dos equivalentes absolutos, como la línea media de una mancha de Rorschach; que la jerarquía de las cosas más o menos reales no se determina por grados de tangibilidad; que todas esas cosas son reales y estructuran plenamente el contenido de la experiencia1.

Exposición Individual: Julio Valdez — imagen 1
Julio Valdez. Autorretrato acuático II, 2008. Oleo y pigmentos sobre lienzo. 59 x 64 pulgadas.

Más de medio siglo después, se puede decir lo mismo sobre New Water Paintings del artista dominicano. Valdez ha estado pintando el símbolo luminal del agua durante un lustro, explorando los espacios entre realidad y surrealismo. Casi todas las quince pinturas exhibidas en el Latin American Masters de Santa Mónica, California, representaban masas de agua; algunas incluían siluetas de perfiles humanos, figuras de pie, cuerpos alargados, y/o animales y vegetación acuáticos.

Niño Soñando (2009), óleo y tinta sobre papel de arroz sobre lienzo (57” x 61”), estaba pintada con la misma intensidad de Cayo Levantado III. Sin embargo, el cuerpo de un niño, en gris oscuro y semejante a una sombra, flotaba de espaldas bajo la superficie del agua. El cuerpo, con la boca un poco entreabierta, no parecía estar flotando plácidamente, parecía más bien el fantasma de un niño. Quizás era una alusión al hijo del artista, que aparece en otras obras, o una referencia nostálgica, incluso melancólica, a su propia niñez vivida cerca del mar.

Los azules y verdes que se veían en esta obra fueron reemplazados por rojos intensos, rosados y morados en La Maldita Circustancia (2007), acrílico y óleo sobre paneles de madera (96” x 114”), convirtiendo el mar en una sustancia con apariencia de sangre. En el panel del extremo izquierdo, el busto de un hombre parecido al artista, pintado en tonos de azul, se mecía en la superficie. Debajo de él flotaba un pequeño bote en origami, una metáfora de la niñez y las (botes o balsas provisionales usados por los dominicanos para abandonar la isla). Esta imagen representaba la nostalgia por la isla y también su lado más oscuro. El peso de la insularidad, o la condición de la isla, se mencionaban además en el título, derivado de la primera línea de “La isla en peso” del poeta cubano Virgilio Piñera.

Pido Silencio, 2009, óleo y tinta sobre lienzo sobre panel de madera (29” x 83”), incluía una silueta oscura sumergida horizontalmente en el agua en la parte baja del panel. ¿Era esta silueta un autorretrato del artista o, en forma más general, un símbolo de la humanidad? ¿Era esta figura una sombra, o producto de la imaginación del espectador? Siluetas similares se han asociado con el artista mismo flotando entre República Dominicana y Nueva York, obreros migrantes perdidos en el Canal de la Mona entre Quisqueya y Puerto Rico, y figuras en la posición que los esclavos adoptaban cuando eran transportados en los barcos negreros. Como las siluetas de Valdez son indefinidas, pueden tomar muchos significados2.

La transparencia del agua permite la inclusión de imágenes e ideas emblemáticas de las complejidades de la vida y una reflexión sobre lo que significa ser caribeño. Como escribió el historiador cubano Antonio Benítez Rojo: “La cultura del Caribe, al menos en su aspecto más distintivo, no es terrestre sino acuática, una cultura sinuosa en la que el tiempo se desarrolla en forma irregular… El Caribe es el terreno natural e indispensable de las corrientes marinas, de las olas, de los pliegues y pliegues dobles, de fluidez y sinuosidad”3. Para un artista caribeño que emigró, el agua puede simbolizar a la vez la insularidad experimentada al vivir en una isla y la que ahora lo separa de su patria.

NOTAS

1. Leo Steinberg, “Monet’s Water Lillies", Other Criteria: Confrontations with Twentieth-Century Art (Oxford, Londres y Nueva York: Oxford University Press, 1972), 237. Este ensayo se publicó originalmente en la revista Arts, febrero de 1956.

2. Federica Palomero, Julio Valdez (New York: FTC Group, 2009), 73.

BETH ROSENBLUM

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