Exposición Individualjun 2010 - ago 2010· Por Camila Belchoir

Flávia Metzler

Galería Leme

A los pies de una larga escalera flotante se hallaba parado un hombre magritiano con un sombrero de hongo y una pala en las manos, que examinaba lo que parecía ser un hueco en el piso cubierto de hielo, debajo de un candelabro que adornaba el espacio azul pálido y blanco, que, de no ser por el candelabro, estaría vacío. O Inevitável (um enigma aflitivo que o vinha torturando havia algum tempo), 2009; el hombre aparecía de nuevo en otra pintura, acostado, como levitando a poca distancia del piso anaranjado y bajo un candelabro diferente, mientras que una llama ardía junto a él y rayos de luz lo iluminaban de manera teatral en un espacio limitado por tres de sus lados por diseños decorativos (Brilhante, 2009). Las atrayentes escenas presentadas en la exposición de la brasileña Flávia Metzler (1974), residente en Río de Janeiro, titulada Sensação e Crise (Sensation and Crisis), en el project room de la galería Leme de São Paulo del 23 de marzo al 8 de mayo 2010, eran parte de una serie de nueve óleos en pequeño formato desperdigados por las paredes del anexo de la galería.

Exposición Individual: Flávia Metzler — imagen 1
Flavia Metzler. Brillante, 2009.Óleo sobre lienzo. 38 x 46 cm. (15 x 18 pulgadas).

Aunque la colección de pinturas era extraña por naturaleza, ninguna de ellas era fantástica al punto de ser surrealista; la suspensión de la incredulidad estaba a la orden del día en el reino que la artista creó. En una tercera pintura, una dama ataviada con un largo traje negro se deslizaba sobre lo que podría ser agua; las paredes rojas, que revelaban un diseño floral sólo donde el rayo de luz que provenía del dispositivo que colgaba sobre él le daba, parecían indicar que ella podría estar adentro. El tiempo, la ubicación y la situación de todas las pinturas de Metzler son evasivos, y el observador no pude comprenderlos del todo. Ella identifica sus series anteriores como el punto de partida para su obra más reciente; antes se ocupaba del concepto de parodia y les daba un nuevo contexto a referencias fragmentadas de famosas piezas de arte históricas. Aunque esto todavía era evidente en esta serie, la parodia ya no era el interés central; la narrativa y asuntos concernientes al medio de la pintura adquirieron papeles más importantes. “Las alusiones a la parodia son más libres en esta serie; trato de dejarlas tan abiertas como sea posible. La interpretación, las reacciones y las sensaciones están en manos del espectador”, dijo ella, quien procedió a comentar que le gusta referirse a los ambientes que crea como “momentos de suspensión” y que su interés por el decorado de cada escena llega como un contrapunto a este, “Casi como si fuera el elemento antagónico al misterio y al intelecto: lo mundano”, algo que ella trae de John Singer Sargent, una de sus fuentes de inspiración, junto con Magritte.

Un hombre sentado en un pequeño columpio y con un libro en la mano colgaba del techo a gran distancia del piso, mientras que otro, con sombrero de paja y anteojos, pendía peligrosamente del candelabro deco sobre hueco serpenteante de la escalera (Homen dependurado, 2010). El humor era más evidente en unas piezas que en otras, y la artista lo llevó a estas inusuales escenas quizás inspirada por Dostoievski, otra fuente de inspiración para su obra reciente. “En Dostoievski busco profundidad y simplicidad, que creo son aspectos sólidos de su obra y la facilidad con que crea situaciones embarazosas. Me parece que eso es ingenio; él lo logra con una gran dosis de humor”. En otra pieza (Uma reunião inoportuna, 2010), tres hombres vestidos con mucha elegancia podían verse en otra extraña y divertida situación. Uno, acurrucado como un sapo; el siguiente, de pie, erguido, inspeccionando un ascensor en el que el tercer hombre parecía suspendido en el aire, ya fuera atrapado en mitad del salto del sapo o colgado allí, en forma estrafalaria, sin ataduras de ninguna clase. Las situaciones casuales a menudo desentonaban con el porte y la elegancia de los personajes que las habitaban y con los ambientes en los que se encontraban; el pequeño formato obligaba a los espectadores a aproximarse, lo que para Metzler era importante al abarcar la sensación de misterio y seducción que emanaban. Sus pinturas son como pequeñas ventanas abiertas a desconcertantes escenas que revelan el antagonismo de la narrativa como constructo y ruptura con nociones de realidad de la pintura estrictamente lineales.

CAMILA BELCHIOR

Flávia Metzler, por Camila Belchoir | artnexus