Federico Uribe es conocido por sus minuciosas instalaciones hechas de materiales cotidianos muy simples como papeles, paja y palitos de madera, que no son materiales tradicionales para hacer escultura; sin embargo, el artista los mira con una perspectiva diferente y los utiliza para construir sus piezas.
No obstante, en su última exposición, titulada Abstract-O, en Praxis, Miami, fue en otra dirección y, en lugar de las esperadas instalaciones figurativas, presentó piezas abstractas individuales. Si comparamos su obra anterior con lo que vimos en esta exposición, vemos que hay una clara e inconfundible evolución. Las primeras tenían una tendencia más realista; en algunos casos imitaban intrincados y elaborados escenarios poblados de muchas criaturas. Ahora vemos cómo se está alejando de la narrativa explícita hacia un enfoque más abstracto y conceptual. Se está apartando del barroquismo de sus instalaciones para crear piezas más nítidas al enfocarse en el objeto en sí y no en contar una historia, como hacen sus instalaciones.

Aunque siguiendo un principio similar de construcción, estas piezas recientes eran un poco diferentes. Al mirarlas desde lejos parecían una unidad orgánica y fusionada, pero al acercarse, era otra cosa. Al examinar más de cerca estas piezas, en apariencia abstractas, revelaban un nivel de detalle y complejidad totalmente nuevo. Construidas con un diseño entrelazado, cada elemento estaba conectado al siguiente, en una aparente repetición. Ése es su sello característico: deconstruir objetos para hacer otros nuevos. La belleza intrínseca de estas piezas radicaba en el principio de la construcción. Para Uribe, un lápiz tiene una nueva misión, a él no le interesa como herramienta de escritura, lo ve como material de trabajo, como uno de los elementos que le permitirá crear una nueva obra de arte. Estas piezas que parecían se semejaban a los naturales fabricados por aves, y, en cierta forma, estaban siguiendo el mismo principio al entrelazar elementos hasta crear una nueva obra. Pero el artista no limita este sistema a lápices, también emplea otros materiales, por ejemplo, monedas, como en Budda, donde utilizó peniques para hacer una atractiva pieza redonda con un diseño ascendente similar al nido de un colibrí.
Algunas de las piezas mostraban lo que podría interpretarse como aparente contradicción. Buenos ejemplos eran Oriente-Occidente y Ying-Yang. Conceptualmente, estaban representando juntas dos unidades muy diferentes, aparentemente opuestas por principio, si pensábamos en las formas contrastantes de las dos caras. Esto era lo que se reflejaba desde el punto de vista formal en Oriente-Occidente, cuya parte central estaba hecha de tenedores plásticos, lo que creaba una superficie áspera, mientras que el exterior estaba hecho de palitos de madera entretejidos. Visualmente, la pieza parecía un sol, con un núcleo correntoso y un aura circundante. Conceptualmente, el artista estaba haciendo alusión a los hemisferios más lejanos y sus contrastantes filosofías de vida. Para hacer Ying-Yang, Uribe tuvo en mente el mismo principio, y de nuevo surgió la diferencia de superficies, pero esta vez utilizó colores para reforzar la desviación a propósito: el interior de la pieza era suave y rojo mientras que el exterior estaba hecho de brillantes púas metálicas de color gris. Teóricamente, estaba sacando a relucir los legendarios lados opuestos simultáneos que son parte de todo ser, los dos extremos del espectro, tocándose uno al otro.
Cultural Gap era, por supuesto, una obra burlona. Los libros son una metáfora de la cultura por excelencia; entonces, al utilizarlos como materiales para esta pieza, el artista se estaba refiriendo a la falta de cultura y los malentendidos que surgen de ello. Corner era otra pieza hecha de libros entretejidos. Ubicada, literalmente, en un rincón, parecía desafiar las leyes de la gravedad.
Entretenedores era otra pieza irónica en la que Uribe jugó con el lenguaje y sus posibles interpretaciones para una persona bilingüe. Hecha de tenedores, el artista utilizó el título como una clave, que en español podría significar, literalmente, entre tenedores pero también podría ser entretenedores.
Estas atractivas piezas planteaban de inmediato algunas preguntas: ¿Qué es? ¿De qué está hecha? ¿Qué hay detrás de cada una? La necesidad de tocarlas era casi inevitable, y teníamos que luchar para mantener la conocida y tradicional conducta que se espera se debe observar en galerías y museos. No obstante, nuestra sorpresa sólo aumentaba al leer las etiquetas y darnos cuenta de que Uribe está utilizando todo lo que pueda atrapar, elementos que vemos en nuestra vida cotidiana y que nunca se nos ocurrió pensar que podrían utilizarse como material para artes. Él es un constructor que está en una misión; al deconstruir objetos cotidianos y hacer arte con ellos está poniendo ante nuestros ojos una realidad completamente nueva. Él puede ver más allá de la apariencia externa de un objeto, extraer las cualidades esenciales y convertirlas en nuevas cualidades.
IRINA LEYVA
