Exposición Individualjun 2010 - ago 2010· Por Eva Grinstein

Fabián Bercic

Ignacio Liprandi Arte Contemporáneo

Tal como lo había anunciado el año pasado, el coleccionista argentino Ignacio Liprandi inauguró recientemente su flamante galería de arte contemporáneo. Con un atractivo staff de artistas, Liprandi se suma a lo más selecto del circuito de Buenos Aires: agudo conocedor de los vericuetos del sistema local –y por qué no, del internacional, que ha frecuentado durante los últimos años–, Liprandi supo dar con un puñado de artistas de probado talento, pertenecientes a distintas generaciones, aunque con un acento en la producción más actual. Fabián Bercic, Tomás Espina, Pablo Accinelli, Leandro Tartaglia, Adriana Bustos, y Cristina Piffer son los argentinos incorporados en esta primera instancia de la galería, que promete seguir creciendo. A modo de contrapunto, Liprandi planea para estos primeros meses alternar a sus artistas locales con otros llegados del exterior, como Mira Schendel. Atento a la inclusión de todos los eslabones de la cadena, el galerista programó para el futuro próximo dos curadurías jóvenes (de Colombia, María Iovino, y de Brasil, Carla Zaccagnini) que buscarán promover un intercambio fluido dentro del cada vez más potente circuito de América Latina. 

Exposición Individual: Fabián Bercic — imagen 1
Fabián Bercic. Sin título (mural), 2010. Resina poliéster, esmalte sintético. 150 x 158 x 5 cm. (59 x 62 x 1 ¾ pulgadas) cada pieza.

Natural es el título elegido por Fabián Bercic (Buenos Aires, 1969) para la primera exposición de la galería, que implica también el regreso de este artista que había descollado durante su participación en la última beca de perfeccionamiento dirigida por Guillermo Kuitca, en 2003-2005. No es que Bercic haya dejado de producir; tal vez aguardaba la llegada de una oportunidad como la que ahora le ofrece Liprandi: hermosas y pequeñas salas que hoy estrena y ocupa con apenas tres obras. El trabajo de Bercic es tan atractivo visualmente que una sola de sus piezas reconfigura sin problemas la geografía de una habitación del departamento antiguo donde funciona la galería. Realizados en resina poliéster, sus objetos escultóricos se presentan bajo la forma de relieves lustrosos, impecables, que se elevan entre cinco y diez centímetros por sobre la superficie del muro. Dotados de la apariencia del plástico, coquetean con la factura industrial que está en las antípodas de su gestación, artesanal hasta la médula. Bercic construye cada pieza individualmente, a partir de una matriz, y todo el proceso hasta llegar a la pieza final es generado con sus propias manos. El pulido obsesivo, luego policromado, convierte la escultura en un objeto reluciente que evita todo rasgo de imperfección. Así, estas volutas –que en uno de los casos se adosa a un mural pintado por el artista, en el que rinde homenaje al libro medieval Las muy ricas horas del duque de Berry – se vuelven ornamento e intervención site-specific, acoplándose a la pared y trastornando su espacialidad. La forma elegida por el artista es orgánica, pero la exposición no habla de la naturaleza ni parece estar inspirada en ella. Se trata más bien de una exposición que remite a las estilizaciones con que se ha intentado representar la naturaleza, tanto en sus versiones más refinadas –el manuscrito iluminado medieval; el Art Nouveau– como en expresiones más populares; el anime japonés es una cita siempre evidente en la obra de Bercic, pero también es posible imaginar conexiones con otras artes decorativas, entre ellas la técnica del "fileteado porteño", e incluso locales, con antecedentes en las obras de Jorge Gumier Maier en los noventa. Bercic es una máquina que deglute afinidades o influencias y las vuelve propias, con resultados suficientemente contundentes que eluden la necesidad de rastrearlas. 

Las tres esculturas de suaves colores pastel que exhibe Liprandi recorren ese arco de referencias y a la vez establecen relaciones entre sí: en una de las figuras aparece un tronco; en otra una raíz y en la tercera, una vegetación pop florecida sobre el paisaje medieval pintado. La paleta es ajustada; evita sobrecargar aún más lo que el diseño propone. Cada composición es exacta y equilibrada. Bercic tiene un ojo entrenadísimo que le impide caer preso de la seductora técnica con la que trabaja.

EVA GRINSTEIN

Fabián Bercic, por Eva Grinstein | artnexus