El V Premio Luis Caballero

Mario Opazo. Expulsión del paraíso, 2009. Video y performance.

Exposiciónjun 2010 - ago 2010· Por Ricardo Arcos Palma

El V Premio Luis Caballero

Todos ellos consiguieron realizar unas obras coherentes con la época en que estamos viviendo. Algunos se concentraron en el paisaje natural (López y Vergara), en el paisaje urbano (Ramírez), en la relación arte y política (Opazo y Pertuz) y en una visión esteticista del arte (Mejía).

El premio Luis Caballero es otorgado por la secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de la Alcaldía de Bogotá y Constituye en Colombia un reconocimiento artístico importante no solamente por el monto económico que representa para el ganador, sino porque esta distinción se ha convertido en el espacio ideal para medir la producción del arte contemporáneo local. En esta quinta versión del Premio Luis Caballero, el público capitalino pudo apreciar en la Galería Santa Fe a seis artistas seleccionados por los proyectos presentados: Luis Fernando Ramírez, Catalina Mejía, Mario Opazo, Fernando Pertuz, Rosario López y Nelson Vergara. Todos ellos consiguieron realizar unas obras coherentes con la época en que estamos viviendo. Algunos se concentraron en el paisaje natural (López y Vergara), en el paisaje urbano (Ramírez), en la relación entre arte y política (Opazo y Pertuz) y en una visión esteticista del arte (Mejía). Los seis artistas lograron exponer de manera magistral cuestiones trascendentales de creación. Sin embargo, la obra premiada por el jurado, conformado por Juan Fernando Herrán, Víctor Laignelet y José Ignacio Roca, fue Expulsión del Paraíso de Mario Opazo, comparto plenamente ese veredicto. Analicemos las singularidades de las propuestas presentadas.


Luis Fernando Ramírez: 35 °C 1

Su obra reflexionaba sobre la relación entre el paisaje urbano y la ecología. Maquetas realizadas por el artista que aluden al urbanismo moderno, que no logró solucionar los problemas de habitación. Utiliza el video, una “construcción” en madera y plástico a manera de invernadero donde algunas plantas están en flor. 

Exposición: El V Premio Luis Caballero — imagen 1
Fernando Pertuz. Somos estrellas, 2008. Detalle. Instalación, video, sonido, performance.

Esas maquetas de edificios modernos, como los planteados por Le Corbusier, son en realidad colmenas donde hay cientos de abejas. El paralelo entre el complejo habitacional y la colmena es evidente. La relación entre construcción humana y artificial, la naturaleza aislada y encerrada y el enjambre de abejas son elementos fundamentales en la obra del artista. 

La obra de Ramírez parece aludir al fracaso de las bondades del urbanismo moderno, desde una postura ecológica. Sin embargo, el artista pudo pensar en otro tipo de solución plástica, mucho más contundente, donde el espacio fuese contemplado y el espectador dejará su pasividad contemplativa para habitar realmente el problema propuesto.

Catalina Mejía: Palabra imagen/ Imagen palabra

Mejía alude a una relación especular, a un desdoblamiento de las palabras y las imágenes en el espejo. Su obra evidentemente pictórica, explora de manera magistral la relación de la mirada con las palabras materializadas en sus “cuadros”. Veinticuatro láminas de acero inoxidable sirven de soporte a la pintura, que en ocasiones deja entrever la superficie tal cual, donde el espectador puede encontrar su propio reflejo. La imagen del espectador se amalgama con pinceladas de gamas de negros y grises y la fotografía de lomos de libros se funden con el color.

Se alude a esa antigua relación evidenciada por el poeta y filósofo romano Horacio, donde el Ut pictora poesis denotaba esta idea: las imágenes son como un poema (palabra) y la poesía es como la pintura (imagen). La obra, al no lograr ir más lejos, nos deja en el umbral de lo que pudo ser una propuesta menos esteticista y más arriesgada conceptual y formalmente. 

Mario Opazo: Expulsión del Paraíso2

Exposición: El V Premio Luis Caballero — imagen 2
Fernando Pertuz. Somos estrellas, 2008. Detalle. Instalación, video, sonido, performance.

El tema de su trabajo ha sido tratado ampliamente a lo largo de la historia por varios artistas, como Fra Angelico, Masaccio, Miguel Ángel, Chagall, entre otros, quienes lograron representar la historia del Génesis narrada en la Biblia, donde se cuenta la expulsión del Paraíso. En esta obra, absolutamente performática, podemos ver de una manera reflexiva, la relación existente entre la historia (individual y colectiva) y nuestra actualidad, y el presente desde un punto de vista político.

Su obra está atravesada por la idea del viaje, realizado no por el aventurero sino por el desterrado, el desplazado. Ese viaje errático está magistralmente materializado por varios fragmentos-registros de acciones que acentúan la idea de no-territorio: una imagen (proyección video) del propio artista, que, inmerso en el desierto, pronuncia con un megáfono la siguiente frase: “Cuando era niño mi madre me envolvía en la bandera de Chile para protegerme de los golpes de la dictadura”. Al finalizar la frase, se escucha en toda la sala el fuerte sonido de una campana. El artista se cubre con la bandera de Chile y se sienta en el suelo frente a otro personaje del pueblo nómada saharaui, que le venda la cabeza con un turbante. 

Otro fragmento es aquel donde vemos una máquina que proyecta una imagen en un platón metálico lleno de agua hasta el tope. En el fondo del platón reposa un pañuelo blanco y sobre él una imagen de un palestino abatido que tiende la mano a un robot que espera desarmarlo. El artista logra relacionar esta imagen con aquella realizada por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina que representa la creación del hombre mediante un toque divino, mientras un tocadiscos de los años ochenta reproduce la ópera Aída de Giuseppe Verdi, compuesta por encargo para la inauguración del canal del Suez, en 1871. Este referente musical hace visible un fragmento de la historia y un territorio (el cercano Oriente) que ha sido víctima de los conflictos colonialistas de las potencias europeas y americanas.

Un velero pequeño de madera que reposa sobre el piso parece navegar hacia un destino incierto en un mar agitado sin horizontes proyectado en un muro. Detrás de la pared vemos cómo el final se conecta con el principio: el propio artista está presente, completamente vestido de negro, sentado detrás del muro y con los ojos vendados con un trapo blanco. Su mano derecha hace sonar la campana que escuchábamos al inicio tras enunciarse una frase que alude a la “Expulsión del Paraíso”, que –en palabras del propio artista– es “un cuerpo expulsado que se resiste al límite”. Su historia personal como chileno exiliado en Colombia luego del golpe militar al gobierno de Allende se convierte en un referente de los desterrados y desplazados violentamente.

Fernando Pertuz: Somos estrellas 3

Esta es una obra absolutamente política y una de las más interesantes, pues genera muchas más preguntas que respuestas. Los espectadores entran en la sala en semipenumbra y se encuentran con una serie de proyecciones de video donde se observan algunos personajes, que siempre están marchando, pidiendo a gritos algo, protestando; unos personajes que parecen no tener voz, pero que son un verdadero grito; personajes estrellas, luminosos, fugaces, que persisten en brillar pese al nubarrón social que cae sobre ellos: un hombre orquesta ha compuesto con bastante ironía una canción al Canje Humanitario, que atañe directamente al conflicto armado colombiano. Otro de esos personajes grita: “Sin libertad sexual no hay libertad política”; detrás de él, un travesti vestido impecablemente de novia lleva una enorme cruz a cuestas, insistiendo en el papel inquisidor de aquellos que creen que la cruz es el único camino para llegar a la pasión. Un grupo familiar, desplazados por la violencia, improvisa como grupo vallenato: acordeón, guacharaca, cencerro; entre otros personajes urbanos constituidos en estrellas luminosas parlantes y visibles en una sociedad que los olvida fácilmente.

Exposición: El V Premio Luis Caballero — imagen 3
Catalina Mejía. Palabraimagen /, 2009-2010. Técnica mixta y fotografía sobre láminas de acero inoxidable. Cada lámina: 244 x 100 cm. (96 x 39 1/3 pulgadas). Imagenpalabra.

En la sala hay ocho estrellas que, al finalizar su discurso, devienen una verdadera cacofonía donde se oye solamente un único grito; estas comienzan a titilar mientras escuchamos la respiración agitada del artista, que solamente aparece hasta este momento. Pertuz nos recuerda –haciendo eco a Foucault– que el cuerpo es algo orgánico de carne y hueso, y un topos o lugar común que nos habla de un presente.

Las estrellas forman constelaciones, como aquellas que se escriben a diario por los visitantes a la exposición, frente a cada imagen-estrella en la pared opuesta, alrededor de unas preguntas como “¿Ha sido víctima de actos racistas?”. “¿Conoce usted hechos de violación de derechos humanos?”, entre otras preguntas que están íntimamente vinculadas a las imágenes. 

Rosario López: 359° 4

Su propuesta surge de una experiencia que intenta asir el paisaje en un solo girar sobre su propio eje, pero a través de una acción en un lugar específico del planeta: caminar en el desierto del Salar de Uyuni, en Bolivia. El paisaje, en particular el horizonte, ha sido una constante en buena parte de la obra de Rosario López desde Trampas de viento (2000). Pero el paisaje en López no es tratado de una manera nostálgica. Por el contrario, se asume de una manera radical e inteligente: existe en el fondo una cierta visión ecológica, aunque algo tímida.

El espacio de la galería está muy bien trabajado y el espectador al entrar se encuentra con un simulacro de lo que sería estar en el Salar de Uyuni. López traslada, literalmente, un pedazo de ese paisaje. Tal traslado es simulado y domesticado. Es la experiencia lo que ella quiere compartir con el espectador. Una sensación ya lejana, como último vestigio de un lugar que quizá muy pronto desaparecerá. La fotografía del suelo del lugar, dispuesta por fragmentos en la pared, ayuda a configurar esa nueva experiencia de la mirada y el cuerpo con el caminar. El espectador se ve inmerso en la obra.

Exposición: El V Premio Luis Caballero — imagen 4
Luis Fernando Ramírez Celis. 35o C, 2009-2010. Instalación con maquetas de colmenas de abejas e invernadero con paredes de vidrio, conectados entre sí por tubos. Dimensiones variables.

Finalmente, nos encontramos con lo que la artista llama “un dibujo tridimensional”, que es una estructura en aluminio que alude una vez más a la forma geométrica del salar y que es como el fragmento del globo terráqueo. ¿Sería descabellado pensar buena parte del mundo como un gran salar? Quizá no, si tenemos en cuenta el ritmo acelerado de recalentamiento que sufre el planeta; sin embargo, como dice la artista, esta obra “es la reconstrucción de una experiencia interior” de un lugar y, por lo tanto, toda postura ecológica queda desafortunadamente descartada.

Nelson Vergara: Paisaje desmembrado 5

Vergara logra reflexionar plásticamente sobre la frágil relación que se establece entre el ser humano y la naturaleza. El artista manifiesta tener dos referentes importantes en su obra: la pintura de Caspar David Friedrich, artista romántico que, en una búsqueda de cierta espiritualidad, muestra al ser humano en una especie de soledad e intimidad en la naturaleza. En la obra hay vestigios de la famosa pintura titulada Viajero frente al mar de niebla (1818), donde un personaje de espaldas en la cima de una montaña, contemplando el horizonte: “La obra de Caspar Friedrich logra introducirnos en la mirada de quien mira”. Así, esta obra, “no es un trabajo sobre la imagen [del paisaje] sino sobre el cuerpo y con el cuerpo [del paisaje]”, nos dice el artista. 

El segundo referente importante es la película Aguirre, la ira de Dios (1972) de Werner Herzog, donde vemos la aventura del conquistador español Lope de Aguirre, para encontrar el mítico “El Dorado”. Ese personaje acorazado, sinónimo de la soberbia humana, que sueña con dominar a la naturaleza, le interesa mucho al artista para poder reflexionar sobre la instrumentalización de la naturaleza. 

Hay, en sentidos opuestos, una imagen de gran tamaño donde se observa una mujer vestida de negro escala uno a uno que está de pie en el agua. El viento ondea su vestido y el agua. Luego, en la pared opuesta observamos un paisaje del páramo. En un primerísimo plano, están los frailejones, que se confunden con nuestra sombra. Esto parece una pintura, y tal sensación se acentúa cuando tocamos la imagen, o más bien, su soporte: una tela, de cierta textura espesa y densa, nos hace pensar en los frailejones. Y para nuestra sorpresa, los frailejones se mueven: no es una pintura, pese a la aparente inmovilidad de la imagen, y algunas hojas se mueven cuando la sombra del propio artista atraviesa el paisaje.

En esta obra el artista logra que el espectador entre en contacto con la naturaleza, en una inmersión profunda, casi meditativa, donde se puede oír, al mismo tiempo que observamos y hacemos el recorrido, el sonido del agua del río Magdalena, del viento y de ciertos insectos y aves con un dispositivo mediático muy bien tratado por el artista: cables en el piso a manera de dibujos, bombillos, televisores enfocados hacia abajo sobre un espejo, pantallas gigantes y dispositivos tecnológicos que acentúan la extrañeza del paisaje.

Exposición: El V Premio Luis Caballero — imagen 5
Rosario López. 359o, 2009-2010. Instalación con fotografías del salar de Uyuni en Potosí, Bolivia y estructura de aluminio. Dimensiones variables.

NOTAS

1. http://criticosvistazos.blogspot.com/2009/03/vistazo-critico-66-35-c-de-luis.html

2. http://criticosvistazos.blogspot.com/2009/08/vistazo-critico-71-mario-opazo.html

3. http://criticosvistazos.blogspot.com/2009/08/vistazo-critico-72-somos-estrellas-de.html

4. http://criticosvistazos.blogspot.com/2009/12/vistazo-critico-82-359-de-rosario-lopez.html

5. http://criticosvistazos.blogspot.com/2009/12/vistazo-critico-83-paisaje-desmembrado.html

Exposición: El V Premio Luis Caballero — imagen 6
Nelson Vergara. Paisaje desmembrado, 2009-2010. Proyección de video desde varias máquinas que colgaban del techo y adosadas a las paredes. Dimensiones variables.

RICARDO ARCOS PALMA 

Director del Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia.

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