Exposición Individualjun 2010 - ago 2010· Por Claudia Laudanno

Carlos Bevilacqua

Galería Fortes Vilaça

Del 18 de marzo al 17 de abril el artista carioca Carlos Bevilacqua (Río de Janeiro, 1965) expuso en Galería Fortes Vilaça, su más reciente individual, titulada, Dois (Dos), conformada por diez esculturas objetuales, fechadas entre 2009 y 2010. Aquí, el amplio recinto que acogía esta instalación site-specific se convirtió en el sustrato de un continuum espacial que se extendía y amplificaba por todos los lugares en los que las piezas inéditas fueron ubicadas –el techo, el piso, las paredes, los muros–, jugando con la relación diádica entre tensión y equilibrio inestable. Cada pieza en sí es un assemblage, construido meticulosamente, con base en materiales no ortodoxos, sino, más bien, de carácter heteróclito: acero, vidrio, tanza, piedras, hilo de fibra de vidrio, fieltro, maderas no policromadas, cuerdas de diverso grosor y caucho.

 En este corpus de obras se vislumbra ya un planteo más dinámico y reformulador del  circundante y del espacio propio de cada pieza, donde Bevilacqua pone el acento en su discusión y polémica acerca de los límites del discurso tout court de la escultura contemporánea y de las diversas modulaciones de las poéticas del objeto.

Exposición Individual: Carlos Bevilacqua — imagen 1
Carlos Bevilacqua. Ek Distante, 2009. Madera, acero, piedra, hilo de tanza, é hilo de fibra de vidrio. 220 x 145 x 160 cm. (86 ½ x 57 x 63 pulgadas). Foto: Eduardo Ortega.

Habíamos adelantado un indicador de primera agua en la obra actual de Bevilacqua: el empleo de materiales extraartísticos, no tradicionales, que, a su vez, según su dispositio y ars combinatoria, revelan un afán por explotar las cualidades físicas y el grado cero de dicha materialidad exigua, etérea, ligera, liviana. Para Bevilacqua la escultura, el objeto y la instalación tienen que ver con un trazado cuasi desmaterializado, de levedad de los límites, no de rotundeces, ni de pesos. Quitar peso a la escultura ya fue uno de los rasgos fundamentales del arte MADI (Movimiento, Abstracción, Dimensión, Invención) de Carmelo Arden Quin y del Arte Concreto y Neoconcreto, dos de las grandes vanguardias internacionales de América Latina, surgidas entre las décadas del cuarenta y del cincuenta en Argentina y Brasil. En este sentido, el artista parece dialogar fluidamente con dichos referentes de la modernidad, en clave citacionista, desde una contemporaneidad abierta a todos los cruces y transversalidades que pueda trazar desde su umbral epocal, el nuestro, reformulando críticamente y para sí tales paradigmas, que en absoluto resultan monolíticos y dogmáticos para el artista carioca.

Cabría preguntarse, pues, si se trata de otra manera de “pensar” el postminimalismo, esta vez, con claras notas arrefenenciales y sin anular el analogon material, pues las piezas “están allí” para ser tocadas, no imantadas simplemente a la pared o el piso, sino apreciadas en toda su sensorialidad difusa, cargada de contenidos formales, como el valor de la simetría, la vigencia de la figura del círculo, la esfericidad de las formas, la relación de rotación, suspensión, desplazamientos, órbitas giratorias, trayectorias, movimientos pendulares y todo aquello que sirva para dotar de armonía y equilibrio complejos, este conjunto de obras, que conforman un espacio dotado de sentidos varios.

Las geometría euclidiana y no euclidiana también se hacen presentes en Dois, la propuesta de un espacio como receptáculo y otra como vacío; los dos grandes temas de la escultura moderna y contemporánea. Bevilacqua, con este opus subtiliter –del cual destacan piezas de la categoría de Siete cielos, Ek distante y Droop Centrípeto I–, construye trabajos basados en los conceptos de repetición, serialidad y fluctuación, así como en el de semejanza y continuidad espacial. Dois (Dos), siguiendo las aseveraciones del artista carioca, “puede ser un par de iguales, un par de opuestos, ser y anti-ser, a la vez, cielo y tierra, onda y partícula, forma estática y dinámica, volumen y vacío”: "La verdadera vocación de una esfera es el movimiento", acota y enfatiza el artista. De tal suerte, se suceden formas circulares, cuerpos cilíndricos y esféricos, así como recorridos helicoidales, parabólicos, que no siempre, y afortunadamente, llegan a transparentar un valor repetitivo, sino, en todo caso, un denominador común, que como cifra cambiante va modificando las relaciones entre las obras en juego. Del círculo a la elipse hay un solo y único paso, y ese camino ya lo está recorriendo por entero Carlos Bevilacqua profundizando en los valores de ambas figuras, referentes de la armonía renacentista, la una, y del movimiento perpetuo, del barroco, en todas sus formas, la segunda.

CLAUDIA LAUDANNO

Carlos Bevilacqua, por Claudia Laudanno | artnexus