Exposición Individualjun 2010 - ago 2010· Por Marta Rodríguez

Ana Adarve y Marcelo Mejía

Museo de Arte de la Universidad Nacional

“Diríase que la fotografía lleva siempre su referente consigo, estando marcados ambos por la misma inmovilidad amorosa y fúnebre, en el seno mismo del mundo en movimiento: están pegados el uno al otro, miembro a miembro […] La fotografía pertenece a aquella clase de objetos laminados de los que no podemos separar dos láminas sin destruirlos […]” Los medios digitales han cambiado radicalmente la condición señalada por Barthes en La cámara lúcida. La manipulación digital ya no nos da la certeza de que el objeto que vemos en la fotografía digital “estuvo allí en ese tiempo y lugar”. Sin embargo, ante las imágenes de Ana Isabel Adarve y Marcelo Mejía es posible percibir un realismo que impresiona, hay una nitidez que les confiere a los objetos y los espacios una especie de sobrerrealidad que, a la vez que seduce, extraña, y en sus procesos, insólitamente, vemos un acercamiento a la pintura.

Ricardo Arcos, director del museo y curador de la muestra, comenta acerca del título: Fototopías, concepto que agrupa esta curaduría, es un neologismo que utilizo para configurar un lugar a partir de la fotografía, o donde la fotografía en sí puede ser considerada como un lugar por el referente que revela. Al mismo tiempo, ese lugar está enmarcado dentro de las concepciones urbanísticas apoyadas en las utopías contemporáneas. Las construcciones actuales se erigen bajo el principio del temor y el terror; nuestras habitaciones se construyen como fortalezas paradisíacas que nos alejan del mundo real, verdaderas ‘zonas’ o guetos que erigen fronteras infranqueables entre los habitantes y la realidad”. Esta muestra revela la mirada sobre hechos urbanos de una artista plástica y un fotógrafo-arquitecto. 

En el proceso de construcción de estas imágenes aparece el tiempo, esa cualidad que David Hockney echa de menos en la fotografía análoga y que está presente en la pintura. La temporalidad de la pintura, según el artista inglés, se construye en la percepción prolongada y reiterada del artista sobre su modelo, en la larga duración del acto de pintar, en la superposición de pigmentos; de allí la densidad de la imagen pictórica y su supremacía sobre la fotografía; asunto que supera con la construcción de sus joiner. En el proceso de estos dos artistas, tras una imagen hay muchísimas tomas y un prolongado trabajo de edición y construcción con distintas estrategias.

Exposición Individual: Ana Adarve y Marcelo Mejía — imagen 1
Ana Adarve. Disrupción 1, 2006. Fotografía a color sobre impresión digital en papel fotográfico. 50 x 170 cm. (19 ½ x 67 pulgadas).

El conjunto de imágenes de Adarve, titulado Fototopías, recogía su proceso desde 2004 hasta 2009. Su interés por los espacios urbanos como contenedores de tensiones sociales enlaza su serie En remojo, la última que hizo antes viajar a realizar sus estudios en San Francisco, donde está presente el cuerpo. Este desparece cuando comienza a plasmar sus experiencias con el entorno estadounidense. 

Como en el cubismo, Adarve, al hacer sus tomas, se desplaza en torno al objeto mirado y en el espacio que lo rodea; cada desplazamiento crea una toma diferente, una para el objeto, otra para el espacio. Luego, estas imágenes son cuidadosamente ensambladas y retocadas; hasta el más mínimo detalle es profusamente ampliado y controlado. De este largo instante de percepción y construcción surge una sola imagen. De allí que en los once años de su trayectoria se reúnan sólo cerca de una veintena de imágenes.

Cuando conocí este proceso pude comprender el asombro que me produjeron sus fotografías, especialmente las de la serie Disrupciones, en la que trabaja el tema de los suburbios norteamericanos. Sus fotografías captan el perfecto alineamiento de las casas en medio de una naturaleza controlada y artificialmente embellecida que resulta tan extraña al visitante extranjero. En una de ellas, en las quietas aguas de un lago que refleja la calidez de las luces que iluminan esos hogares “apacibles y hermosos”, vemos el reflejo de un avión que no está en el cielo. Presencia que después del Once de Septiembre puede resultar aterradora. En esta imagen queda captada la fobia del “hombre blanco” ante la amenaza de lo extraño, y la de los foráneos ante esta forma de vida carente de naturalidad y humanidad. Si bien ese avión no estuvo allí en ese momento y lugar, sí podemos decir que está ahí, con “su inmovilidad fúnebre”, ya no “amorosa”, “laminado” al imaginario del hombre occidental.

Exposición Individual: Ana Adarve y Marcelo Mejía — imagen 2
Marcelo Mejía. Heterotopía EU No. 8, 2010. Fotografía digital. 50 x 150 cm. (19 ½ x 59 pulgadas).

Marcelo Mejía estudió arquitectura y luego arte. Su primera profesión no la ejerció pero la experiencia de los espacios urbanos y la arquitectura moderna y racionalista son los temas que atraviesan su serie Heterotopías, término que toma de Foucault, que define la condición de los espacios de la ciudad contemporánea, donde se ejercen actos de “vigilancia y control social”. 

Mejía, para la producción de sus imágenes, también realiza varias tomas; en su caso, de edificios institucionales construidos con la más alta tecnología, donde se destacan superficies pulidas y reflectantes de vidrio y acero. Materiales que dan lugar a espacios asépticos, perfectos en su geometría, símbolos de poder, donde el acceso es estrictamente controlado; construcciones que, según sus palabras, se “configuran como paradigmas de los ‘no lugares’ y las heterotopías”. 

Su punto de visión busca ángulos extremos, pega la cámara a la fachada de manera que capta una especie de escorzo forzado. Esta toma vertical, en la imagen final, se utiliza como un elemento horizontal que estructura un paisaje urbano extraño, abierto y majestuoso. Lo real y lo irreal conviven en estas imágenes. Lo que se percibe como real son las superficies reflectantes, fragmentos de obras arquitectónicas que nos sitúan en lugares imposibles que tienen algo absurdo, pero que extrañamente parecen ser reconocibles, sitios que alguna vez hemos visitado. Las figuras humana que habitan sus arquitecturas monumentales y frías son siempre diminutas y algunas están en actitud vigilante. 

Mejía, en la construcción de sus imágenes, actúa como un arquitecto que crea espacios para el hombre, pero profundamente inhóspitos. En ellos convergen elementos heterogéneos, fragmentos de una ciudad se unen con los de otra, fragmentos de edificios con los de otro, unos y otros se duplican, se desdoblan para crear arquitecturas imposibles en las que habitan el silencio y la asepsia, “los no lugares”. 

Tanto Mejía como Adarve, haciendo uso de la tecnología digital, a través de una mirada extrañada, muestran la deshumanización de ciertos espacios donde se cristalizan algunas utopías occidentales.

MARTA RODRÍGUEZ

Ana Adarve y Marcelo Mejía, por Marta Rodríguez | artnexus