Con la exposición Volcánes, cables, ahuehuetes, lonas. Vistas desde el romanticismo, Alejandro Pintado corrobora que está ubicado en una simultaneidad de disciplinas y tendencias, lo que constituye esto que llamamos post-posmodernidad, altermodernidad o transmodernidad. En los inicios de los noventa, cuando el autor comenzó a interactuar en la profesión pintaba paisajes específicamente urbanos no agresivos, analíticos, mayormente blancos y blancogrisáceos. Hoy, su paisaje no es sólo urbano; se expande a campos, zonas de volcanes, detección de ahuehuetes, mantiene un dejo romántico, aporta condicionantes energéticas, revela coordenadas conceptuales, brinda trabajos dinámicos y establece diversos recorridos visuales en cada obra.

La exposición se percibía etérea y envolvente. A medida que se la recorría, se iban revelando aspectos científicos y lúdicos. En Patrones de interacción y en Vista momentánea del Valle, las lonas visitan el paisaje. Las cuerdas que las tensan parecen atravesar de lado a lado por sobre la tela o el papel, superponiéndose visualmente a la escena en una relación de espacios: el paisaje en grises y baiges se manifiesta lejano, las lonas pintadas en acrílico amarillo, rojo, azul y verde emergen en primer plano. Asimismo, la citada relación tiene una lectura de épocas. Estos paisajes dibujados con carbón sobre lino crudo evocan aquellos románticos maestros mexicanos –en la dedicación a los volcanes y por el tipo de vegetación–; o refieren artistas de otros lares por la actitud de interés hacia la naturaleza. Pero el tejido de tensores lineales y de color –por sólo mencionar dos aspectos–, aporta la revelación coetánea de la obra. Son pinturas posconceptuales y, definitivamente, pos-Christo.
La incertidumbre del telón es el título de una obra al carbón y acrílico fotoluminescente sobre lino directo. Interacción temporal es un grabado con superposición en papel y vinil fotoluminescente. En ambas, las estructuras ingenieriles obstruyen, enmarcan y seccionan el paisaje, en una de las tantas maneras en que el hombre interfiere en la naturaleza. Pintado se ha mantenido cerca de técnicas y materiales que enfocan el espectro de los históricos y poderosos “dibujo” y “grabado”. E introduce a su manera el presente por medio de los materiales sintéticos, combinándolos con el dibujo y el grabado, con sólidos resultados. Como antítesis del clasicismo, el lino es el soporte crudo, a la vista, sin cubrir, y permite evocar las poco conocidas obras, también en dibujo sobre lino directo, que hizo Antonio Seguí en los años setenta.
En todo el hacer plástico fechado en 2009 y 2010, se ratifica que la reflexión del artista tiene como eje los espacios. A lo largo de estos años, Pintado realizó algunas instalaciones y fotografías con elementos de señalización urbana. Eso derivó en estas otras señales que vuelven a la bidimensionalidad de su prístino enfoque. Las diversas maneras de ver han sido siempre su inquietud, que hoy se extiende como una personal llamada ecológica. En el mundo real, vectores, lanzas, cuerdas y tuberías aparecen cohabitando la tierra, no siempre de manera respetuosa, como en Contemplación de la Mente. Retícula Orgánica revela un bello y frondoso ejemplar arbóreo con la mencionada trama resuelta en acrílico fotoluminescente. Es un dibujo-pintura que recuerda las estructuras de refuerzo y protección para ciertas especies. Así, aislado, ¿el árbol subsistirá? ¿Tendremos que llegar a eso?
Analizando la obra Incisión paisajista se observa un entramado de sombras posibles, de vegetación ilusoria, de lonas recortadas por perfiles del “hecho verde”, y hasta de estampados que evocan dichas situaciones. Surgen así algunas preguntas. ¿Las construcciones y los toldos atienden a proteger los paisajes? ¿Son estos paisajes reservorios de imágenes de lo que fue? Alejandro Pintado brinda estos espacios refugiados, cuidados, dimensionados, trazados por un artista joven que se expresa con madurez.
Como un compositor que crea para dos voces, Alejandro Pintado compara acciones semejantes en los dibujos en tela y en los grabados en papel. Con esto ofrece opciones para la comercialización de las obras y versatilidad creativa, con resultado sumamente satisfactorio. Los materiales ofrecen experiencias visuales diversas. Asimismo, el total de lo presentado acota el conjunto constituido por diez y seis cuadros y una escultura, Volcán Fluorscente, en fibra de vidrio con pintura fluorescente. Creando un juego de épocas, el artista se declara romántico en el título de la exposición y modernista en el título del díptico Vista del valle desde una regresión modernista. En el flexible límite de lo que se llama “arte moderno” –el habitual rechazo a las tradiciones renacentistas impulsadas por el interés de experimentación de nuevas formas artísticas, acontecido entre 1870 y 1960–, Pintado ubica el primer plano de la técnica mixta en ese más acá modernista gesticulante, colorido y no representacional. La naturaleza está alejada, histórica y evocadora. El artista ofrece al espectador terciar e integrarse al transmodernismo de la obra.
GRACIELA KARTOFEL
