Desde muy temprano en su carrera, aun cuando estudiaba en la Academia San Alejandro en La Habana a fines de los 40, Zilia Sánchez —la más joven, junto a Cundo Bermúdez y Rolando López Dirube, del grupo de gigantes de la plástica cubana de la primera mitad del siglo XX (Fidelino Ponce, Wilfredo Lam, Amelia Peláez, Carreño, Diago, Mariano Rodríguez, Portocarrero, solo para nombrar algunos) – comienza a producir una obra que estaba influenciada y dialogaba inteligentemente con estos grandes maestros, específicamente, con Ponce, a la vez que comienza a llamar la atención con sus “ocurrencias” vanguardistas. Siempre visionaria, rebelde siempre, ya en los 50 Zilia Sánchez hacia sus versiones de lo que hoy llamamos instalaciones a la vez que su figuración se tornaba más independiente y mística cada vez.

Con el tiempo —y conozco a Zilia Sánchez hace más de 30 años— estoy cada vez más convencido de que esta infatigable y originalísima artista hubiera tenido un futuro extraordinario de no haber tenido que sufrir la diáspora causada por la Revolución cubana del 59 y de no haberse radicado en Puerto Rico, un territorio estadounidense, donde le es muy difícil a los artistas locales internacionalizarse. El discurso que desarrollará Zilia Sánchez en los 70 —sus enormes lienzos tridimensionales de corte lírico/erótico donde la Modernidad y la Postmodernidad se abrazan— la debió haber lanzado al estrellato de las artes visuales latinoamericanas, que la hubiera puesto de tú a tú con nuestros artistas más reconocidos e importantes de la segunda mitad del siglo XX, probablemente desde Cruz y Soto hasta Mendieta y Neto.
Pero esto no ocurrió y Zilia Sánchez se desarrolló como una excelente profesional —la técnica para estirar los lienzos, darles forma y pintarlos es verdaderamente complicada y difícil— y una visionaria cuya obra, consciente o inconscientemente, se desarrollaba paralela al Movimiento Feminista de los años 70. Fuerte pero humilde, la artista se dedico a dar clases en la Liga de Arte de San Juan y en la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico, motivando enormemente a sus estudiantes a experimentar y dejando profundas huellas en artistas del calibre de Guillermo Calzadilla (Allora & Calzadilla). Chemi Rosado Seijo y Michael Linares.
Andy Warhol decía que “Todo artista tiene que tener una fantasía”. Como todo gran artista, el propósito —y la fantasía— de Zilia Sánchez siempre ha sido convertir lo instantáneo en eterno. Su cercanía a la belleza de la mujer y del hombre, su constante contacto con las fuerzas de la naturaleza —en Cuba, Zilia Sánchez amaba el hermoso campo de su patria, y en San Juan, Zilia vive en un apartamento que mira al precioso Atlántico que baña el norte del Puerto—, hacen que su obra, al igual que lo que nos queda de la poesía de la gran Safo, sea un canto a la belleza humana y su constante contacto con los regalos de la naturaleza. De ahí que muchos amantes de su obra observen que aunque su obra es totalmente abstracta, logra, mediante la conversión en metáforas de cosas tan simples como las olas del mar hasta el cuerpo/sexo y sus misterios y las ganas de encontrar y poseer “la otra mitad” (Platón), el deseo de ponernos en contacto con las esencias de la vida.
Repasemos la trayectoria artística de esta joven octogenaria. Después de sus pinturas figurativas a lo Fidelino Ponce, y ya en Puerto Rico, Zilia Sánchez comienza un período abstracto interesantísimo pero difícil para aquel momento histórico: los 60. Durante este período “telúrico”, la artista pinta con tierra, arena resinas y acrílicos, produciendo composiciones de gran fuerza y originalidad, sobre todo para una mujer en los 60, cuando Puerto Rico todavía (con excepción de Julio Rosado del Valle y Olga Albizu; – Hernández Cruz vendrá mucho después) estaba en pañales, y no era entendida por el pueblo ni por Marta Traba que, contaminada por su oblicua visión política, quería que en la colonia de Puerto Rico se continuara haciendo arte social/patriótica. En este período se ve un claro diálogo no sólo con la obra de Tápies sino con la propuesta de su compatriota Ana Mendieta, aunque en la obra de Sánchez el cuerpo de la mujer todavía está ausente.
Pronto, la genial artista comienza la obra que la definirá como artista única, una obra donde comienza a desarrollar unas topologías eróticas, líricas, heroicas verdaderamente dramáticas. En estas obras, que comienzan en los 70 —y llegan hasta hoy—, Zilia Sánchez las llama Construcciones en secuencia es obvia la esencia erótica del cuerpo de la mujer. Algunos títulos: Topologías eróticas, Troyanas (serie), Silencio de eros, De las amazonas (serie).
Zilia Sánchez, una profesional de primera, una perfeccionista inagotable, una inventora de técnicas, desarrollara un proceso de darle formas al lienzo, formas que eventualmente pintara inmaculadamente. El proceso donde se moja y se estira el lienzo es “un secreto profesional” pero ocurre después de la inspiración inicial de la artista: “una nueva forma” que nace después de “una experiencia”, como nos dice la artista. Luego viene la síntesis, la esencia, después los bocetos, el constante boceto, y lo que ella llama “maquetas” (que para mí muchas veces son piezas en pequeño formato totalmente terminadas que contienen el discurso estético y ético que la han definido por cuatro décadas). Finalmente, tenemos la obra maestra. Recordemos que lleva haciendo esto desde los 70 sin repetirse. Porque cada una de sus obras es un poema tridimensional nuevo.
En su más reciente exposición, un verdadero tour de force, titulado Construcciones en Secuencia (como su primera exposición de lienzos tridimensionales eróticos en los 70), en la Casa Sofía del barrio Santurce, San Juan —una hermosa casona vacía de los años 30 —, por fin el público puede ver un impresionante corpus de obras que hacen claro por qué Zilia Sánchez es una Maestra de las artes visuales latinoamericanas.
Por fin, Zilia Sánchez se atreve a presentar sin reparos, con entera libertad, las partes que han definido el cuerpo de la mujer desde la prehistoria hasta los griegos, desde Safo hasta Rodin, desde el Renacimiento hasta Picasso, desde Lucian Freud y Eric Fischl hasta García Márquez: sus curvas, sus senos, sus glúteos, su pubis, sus enigmas y misterios físicos, que siempre la han inspirado y confundido porque también son flores y nubes, olas y versos, y los delirios de la posesión. ¡Y esto es porque esta “retrospectiva” sólo puede ser definida como una gran celebración que nos recuerda que hay derecho a buscar la Felicidad!
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
