Exposición Individualsept 2009 - nov 2009· Por Tania Turner

Néstor Quiñones

Museo del Eco (UNAM)

El largo pasillo con sus techos lejanísimos a la entrada de El Eco prepara la atmósfera irreal, abstracta, contenida, que habitará en el espectador de la exposición de Néstor Quiñones (México, 1967).

A tan sólo unos cuantos pasos de haber dejado atrás la pesadez alienante de la cotidianidad urbana, Quiñones nos invita a reflexionar sobre la evolución de la vida en la Tierra. Es insoslayable que para entrar al mundo propuesto por el artista tenemos que iniciar conexiones neuronales, confrontando las formas repetidas en que vinculamos nuestros pensamientos para romper la inercia y pensar-nos en deconstrucción.

Exposición Individual: Néstor Quiñones — imagen 1
Néstor Quiñones. Arquetipo 1, 2009. Caja de lámina, focos de neón, balastros, acrírlico, tela y pintura.120 x 90 x 25cm (47 1/5 x 35 2/5 x 9 4/5 pulgadas)

El texto es esencial para la comprensión de la propuesta visual de Quiñones; en él se ve reflejada una preocupación vieja, permanente, sobre la inteligencia humana y sobre la percepción de lo que llamamos realidad. La claridad y selección de las referencias científicas —materia prima de la instalación— dejan ver intencionadamente los aspectos marginales, residuales, de las teorías, lo que provoca curiosamente una experiencia casi mística.

Como en una especie de ritual, Quiñones nos prepara para las primeras instalaciones, pero no para su recepción y aprehensión sencilla. Por el contrario, las piezas sorprenden; incluso, el artista juega con el espectador. Piezas, aparentemente muy simples, compuestas por focos diversos deslumbran a la vista, incluso lastiman, pero en el centro huecos amorfos ausentes de toda luz parecen jalarnos a un hoyo negro universal. Sensación de horror y vértigo, pero también de incontrolable curiosidad. ¿Qué hay detrás?

La exposición consta de dos partes que se integran y, en mi opinión, se necesitan y corresponden para provocar la reflexión del espectador. La primera parte, que cierra con el texto Memoria Emocional, nos presenta tres piezas luminosas. Son cajas con tapa de acrílico, donde se han colocado focos normales, en espiral o cilíndricos; en el centro de las mismas, se cortó una figura amorfa que, cubierta de modo convexo con una tela negra, nos presenta una total oscuridad.

En la primera pieza, la más pequeña, un hoyo elíptico invita al cuestionamiento: ¿Es una falla?, ¿por qué pienso que es una falla?, ¿qué es lo real: la luz o la oscuridad?, ¿por qué sólo una de esas dos opciones puede ser la realidad?, ¿qué me lleva a pensar de este modo?

La reflexión sobre nuestra percepción es el sentido que el artista busca en nosotros con su instalación, pues el siguiente texto expone el pensamiento sobre el inconsciente colectivo de Jung y las ideas de Bergson, en las que nos habla sobre “la continuidad existencial del ser humano, que en su hoy solamente es el ayer que se prolonga en el mañana”. En las siguientes piezas, las Sombras se expanden derritiéndose, como en un fluir del miasma, o se hacen más rígidas y simétricas, como el intento que hacemos siempre de reprimir nuestros deseos más profundos.

La segunda parte de la exposición, llamada Sobre las Cajas Vivas, puede verse como una continuación de la reflexión anterior, pues nos confronta con la percepción sobre nuestra forma de ver la realidad y sobre el concepto mismo de realidad.

Cuatro fotografías en formato grande, aproximadamente de metro por metro y medio, flotan alrededor del espectador, quien, para mirarlas, tiene que convertirse en el pivote en el que parecen girar las imágenes. El que gira es el espectador y su mente, que va de un escenario presentado a otro, preguntándose nuevamente: ¿Qué hay detrás?

Las fotografías muestran espacios de colonias populares de los cuatro puntos cardinales de la ciudad de México. Las colonias y momentos elegidos para ser captados por la cámara fotográfica casi no muestran vida, tienden a ser escenarios más bien de abandono, grises, donde el concreto abarca nuestra visión. Espacios marginales que son continuidades en los cinturones de la urbe.

Las imágenes parecen irreales, quizá por la crudeza con la que se presentan los lugares. La luz de las fotografías genera una sensación de extrañeza que, combinada con el gris del concreto retratado, provoca una sensación de ahogo. Todas las fotografías están agujereadas intencionadamente, de modo simétrico o de manera caótica, lo que corrobora el ahogo, porque los huecos generan una pulsión de fuga. Nuevamente, ¿qué hay detrás? De pronto, la oscuridad que se entrevé por los agujeros de las fotografías parece más real que la imagen presentada. Es como si desearamos que así fuera, el deseo de desaparecer, volver a la Nada, o simplemente pensar que “hay algo más”.

La sobrepoblación de viviendas en un cerro, donde el panorama gris es salpicado una o dos veces por alguna pared que consiguió pintarse; la calle vacía de un barrio popular muestra un carrito de basura abandonado, una tierra de nadie; una feria en la que nadie juega, y parece ni siquiera soplar el aire; una cancha de basquetbol vacía en la que un hoyo negro se abre como “ojo de Dios”. Las imágenes se duelen con los huecos insertos cual balazos, o como rasguños que buscan descubrir lo que está contenido. Las imágenes se abren, se repliegan al vacío que se expande, se vencen ante la pesadez de su posible irrealidad. ¿Qué hay detrás?

TANIA TURNER

Néstor Quiñones, por Tania Turner | artnexus