La música y el sentido de lo urbano unen a dos artistas pertenecientes a culturas diferentes: Muu Blanco, de Venezuela, y Robert Lippok, de Alemania. Ambos realizaron una exposición sonora en la Sala Mendoza entre febrero y marzo del presente año. La muestra quedó complementada con videos con imágenes tomadas en Caracas y en Berlín.
La experiencia se concretó en un performance musical de hora y media la noche inaugural pero el origen del proyecto se remonta más atrás. Muu Blanco fue dos veces a Berlín en 2007 y 2008 a captar sonidos e imágenes de esa ciudad, mientras que Lippok estuvo en noviembre de 2008 en Caracas para realizar el mismo trabajo. El proyecto tuvo el apoyo del Goethe Institut Venezuela, y esta experiencia continuará cuando sea presentada próximamente en la galería Wohnmaschine en Berlín, en el verano de 2010. Por otra parte, de la música creada por ambos artistas en la Sala Mendoza se realizará un CD con dos piezas de sus respectivas autorías, de 15 minutos de duración. El CD contendrá, además, varias tomas sonoras intactas, sin intervención alguna, de los sonidos de Caracas y Berlín. La experiencia se convertirá en un interesante documento sonoro.

Lippok es músico de la banda alemana To Rococo Rot ,fundada a mediados de los años 90. Nació en Berlín en 1966, estudió teatro y ha trabajado tanto en música como en artes visuales. En su banda se ha dedicado a crear música para obras instalativas y performáticas de otros artistas, así como para las suyas propias. Su obra visual se centra en la confrontación de espacios arquitectónicos. Muu Blanco, por otra parte, nace también en 1966, pero en Caracas. Realiza estudios (a manera de pasantías) en la Escuela Federico Brandt y en el Instituto Universitario de Estudios Superiores Armando Reverón. Coincidencialmente, como Lippok, es creador de paisajes urbanos abstractos, pues como fotógrafo y videoartista dispone las imágenes resultantes en las salas de exhibición trastocando la lógica del espectador. Crea espacios urbanos imposibles componiendo secuencias de las imágenes, a veces a manera de caleidoscopio; en otras, sólo con cambiar su dirección. No en balde, en 1983 Blanco se definió como un productor de ideas, más que artista plástico o músico, pues, en efecto, se ha dedicado a establecer relaciones entre la música y el arte contemporáneo en sus múltiples manifestaciones: fotografía, video, arte digital, performance, instalación, etc. Sus otros oficios, el de DJ y productor y animador de un programa de radio sobre música electrónica en vivo, están relacionados con su rol de artista cuya obra está estrechamente ligada a la vida, particularmente, la vida citadina. Ello y los recursos digitales (computadora, cámara digital) conforman las herramientas de su música y/o fotografía y video digital. Lo que importa es la indagatoria de los diversos medios de producción de una imagen, que puede ser visual o auditiva. En todo caso, siempre sensorial.
Paisaje Sonoro es consecuencia lógica de estas dos experiencias. Se trató de un trabajo de campo con la idea de construir un paisaje aún más abstracto, pues la muestra consistió en ocho módulos con ocho cornetas dispuestos en la sala principal de la Sala Mendoza, cada uno con composiciones musicales producto de la fusión de los sonidos tomados de ambas ciudades. En la noche inaugural, cada uno, de manera individual, trabajó con ocho canales los sonidos de la ciudad que respectivamente visitaron. Luego Muu Blanco combinó los 16 canales y el resultado se quedó sonando el tiempo que duró la exposición. Simultáneamente con el área de sonidos, en la sala contigua se proyectaban los videos. El contraste del lugar para ambos artistas fue determinante. “Mientras Berlín es una ciudad de cantos de aves y de largos silencios –recuerda Blanco–, la Caracas de Parque Central (serie de torres que se erigen en una zona de fuerte congestión caraqueña) casi ensordece a Robert Lippok”. Evidentemente, son urbes radicalmente distintas y la percepción musical urbana cambia.
La experiencia consistió, como escribió Blanco, en un “reciclaje de fragmentos y residuos”, sólo que, en lugar de objetos, son residuos de sonidos. Para Muu Blanco, en Berlín, la melodía del canto de los pájaros es más intensa que el ruido de los trenes y de los autobuses. Para Lippok, en cambio, Caracas es la “anarquía libre de los sonidos”, cosa que pudo constatar cuando visitó las zonas populares como La Yaguara, la parroquia Sucre y la avenida Victoria, además de los sótanos del Parque Central. Señaló Lippok en una entrevista: “Trato de poner los sonidos tal y como los percibo. Caracas suena con más capas y más intensidad. Es música. Bien sea de salsa, clásica o reggaetón. Aquí la música es una elipsis de vida”.
Con esta exposición, el Goethe Institut cerró el proyecto Cultura Urbana, que se llevó a cabo en Venezuela durante todo el año 2008. Esta muestra abrió otras fronteras en la percepción del arte contemporáneo, pues los sonidos constitutivos son parte un nuevo concepto y una nueva objetualidad sensorial.
SUSANA BENKO
