A principios de los años ochenta Miguel von Dangel comienza a utilizar mapas en la elaboración de sus cuadros; estos primeros revelarían una nueva faceta dentro de su ocupación artística. Desde los inicios de su carrera había incursionado con propuestas que reflejan su interés por explorar nuevas técnicas; la integración de materiales de distintas procedencias enriquecería, de manera notable, aquellas creaciones que se fundamentan en el ensamblaje de objetos diversos. Los encapsulados constituyen otra vertiente de su actividad plástica, y en estas composiciones se preservan segmentos vegetales, animales y minerales artificiosamente fosilizados tras la transparencia del poliéster. Por otra parte, los cadáveres de animales disecados, y los derivados de éstos —pieles, plumas, esqueletos, etc— develan problemáticas que el artista desarrolla con verdadera audacia, tal es el caso de Retrato espiritual de un Tiempo, 1960-1970, en el que coloca un perro crucificado, y Monumento, 1975-1985, conformada por un caballo embalsamado erguido en posición ecuestre. Una estética transgresiva y residual, que armoniza con la práctica taxidermista, le brinda la posibilidad de realizar esculturas con cuerpos inanimados que le imprimen un acento necrófilo, y en muchos casos místico, a estas producciones que desdibujan los límites entre arte y naturaleza; las mismas se transforman en un claro llamamiento en torno a la necesidad de cuidar y rescatar la fauna del planeta.

Von Dangel ha profundizado en estas búsquedas a lo largo de su trayectoria. En 1991 se le otorgó el Premio Nacional de Artes Plásticas; asimismo, fue galardonado en Eco Art 1992, en Río de Janeiro. Posteriormente, representó a Venezuela en la XLV Bienal de Venecia en 1993; en esta confrontación mostró La Batalla de San Romano, 1990, una ejecución descomunal no sólo por la longitud de sus dimensiones (32 metros), sino por su elocuencia y expresividad. En su reciente exposición, Utopía, que promocionó la Galería Medicci entre el 8 de marzo y el 31 de mayo, se exhiben veintidós piezas diseñadas en diferentes formatos, de 2008 y 2009. El autor indaga con intensidad los temas de su preferencia: lo ancestral, lo religioso, lo cultural y lo cósmico, con ello construye imágenes que evocan un tiempo y un espacio míticos. Fragmentos y objetos se aglutinan de manera aleatoria intentando una ubicación en el espacio, se configura así una visión totalizadora que reúne lo diminuto de una concha marina con la amplitud de un mapamundi. De este modo, crea una realidad abigarrada que exacerba nuestro sentido de la vista: estridencias cromáticas, relieves burbujeantes y texturas disímiles hacen que cada elemento adquiera significaciones polisémicas.
No obstante, en medio del conjunto se visualiza la figura de uno o varios rectángulos, intencionalmente remarcados, que estabilizan, en cierta medida, el desbordamiento compositivo que parece desplazarse más allá del soporte; así lo evidencia Tenochtitlán Insvla Venezuola, 2008, a la que se añaden plumas y alfileres entrelazados a una profusa gestualidad; La Gran Tau, Tawantinsuyo, Así en la Tierra como en el Cielo y Memoria de Lampedusa ejemplifican este tratamiento pictórico. Simbólicamente, el rectángulo es una de las variantes del mandala que alude tanto al orden universal como al equilibrio individual, Utopía Según Tomás Moro, 2008, es una composición que se acerca a este tipo de diagramaciones; las formas concéntricas se alternan para destacar los contrastes entre lo ordenado y lo caótico, lo orgánico y lo geométrico, lo claro y lo oscuro.
Su poética, basada en el exceso y la desmesura, se vincula con lo que algunos autores han señalado como rasgos de lo latinoamericano; en estos últimos planteamientos discurre sobre narrativas fantásticas, cartografías imaginarias y acontecimientos inverosímiles. El artista pretende superar los límites de la materialidad a través del trabajo artístico; por ello escudriña el mundo a partir de la heterogeneidad de sus componentes. En los albores del siglo XXI su propuesta nos ofrece un paisaje nuevo, y quizás inédito en sus connotaciones, acorde con la cultura globalizada que identifica la sociedad de nuestro tiempo, inmersa en las redes telemáticas y la transculturización permanente.
Como ocurre en la generalidad de las obras de arte, la suya establece interrogantes relacionadas con el destino de la humanidad y su orbe terrestre. “Entendemos, entonces –escribe Susana Benko en el catálogo–, por qué las piezas que conforman la exposición Utopía emulan la conformación del cosmos, los movimientos y las transformaciones que ocurren en el mundo, e incluso el devenir histórico a partir de esta visión global de los procesos y comportamientos humanos. Es la creación en sumo como un acto de fé. El artista, como Dios, es un creador de universos que se encarnan en su obra...” El discurso de Miguel von Dangel transmite una fuerza vigorizante que no deja de asombrarnos, tanto por el impacto de las imágenes como por la crudeza de sus contenidos.
GLADYS YUNES YUNES
