Exposición Individualsept 2009 - nov 2009· Por Rafael López-Ramos

Lucía Madriz

dpm Gallery

Los organismos modificados genéticamente (OMG o GMO, del inglés Genetically Modified Organism) plantean a nuestra civilización otra de las tantas paradojas provocadas por el descubrimiento y aplicación de las nuevas tecnologías que nos trajo la investigación científica durante la segunda mitad del siglo XX, las mismas que comienzan a ver su aplicación masiva en los albores de este milenio globalizado e hipercomunicado. Un OMG es un organismo vivo (virus, bacteria, vegetal o animal) cuyo material genético ha sido manipulado en laboratorio con el fin de ser alterado deliberadamente para otorgarle alguna característica específica. Comúnmente se les denomina transgénicos y son creados por ingenieros genéticos mediante el aislamiento de segmentos del ADN de un ser vivo para introducirlos en el genoma (material hereditario) de otro. 

Desde hace varios años Lucía Madriz ha dedicado un importante segmento de su obra –mayormente, el enmarcado en su práctica instalativa– a analizar el conflicto y la disyuntiva en que nos coloca el uso de la biotecnología en el terreno de la alimentación y los cultivos agrícolas. En estas instalaciones, que construye usando granos y cereales esenciales en la dieta humana de numerosas naciones y culturas latinoamericanas y del mundo (frijoles, maíz, arroz), Madriz formula cuestionamientos fundamentales “que mucha gente comparte, en torno a la soberanía alimentaria y los alimentos genéticamente modificados”, según expresó la artista en su declaración personal para la tercera Trienal de Aukland (2007), donde presentó su instalación Red Alert. 

Exposición Individual: Lucía Madriz — imagen 1
Lucía Madriz. Money Talks, 2003. Arroz y fríjoles. 300 x 300 cm. (118 1/8 x 118 1/8 pulgadas).

El pasado mes de mayo Lucía Madriz inauguró una exposición personal en la dpm Gallery del distrito artístico de Wynwood, Miami, el otro espacio con que cuenta la galería, aparte de su sede en Guayaquil, Ecuador. La muestra estuvo integrada por una instalación de piso y cinco obras de pared que me inclinaría a definir como pinturas-objeto. La instalación Money Talks es una versión de la que presentara Madriz en Art Basel Miami Beach 2006, aunque esta incorpora un video que reproduce diferentes etapas de la producción de la pieza. Su diseño consiste básicamente en el texto de su título, inscrito en elegante tipografía Edwardian Script; una imagen que, si se viera fuera de foco, parecería estampada en tinta china sobre papel de arroz, aunque en realidad está formada por frijoles negros sobre fondo de arroz blanco, ordenados con cartesiana precisión –en realidad la artista pega sobre el suelo un número de granos que sirven de guía y forman las letras–, para finalmente, lograr transmitirnos esta sorprendente y paradójica sensación de estar ante una alfombra mágica, gastronómica, que, sin embargo, está destinada a no volar y, mucho menos, a ser pisada o ingerida. 

Cuando Lucía Madriz “siembra” sus granos sobre el ríspido piso de la galería está incurriendo en el sacrilegio que para cualquier persona del Tercer Mundo sería eso de “jugar con la comida”, pero al mismo tiempo su juego es tan serio como para llegar a convertirse en una verdadera declaración en defensa de la comida y de un mayor control público sobre su futuro. En este sentido, sus instalaciones podrían ser asumidas como una especie de altares (la semejanza formal con los mandalas de arena tibetanos puede no ser casual) en los cuales la artista estaría ofrendando comida a los supuestos dioses que rigen la opinión pública, los poderes legislativo y ejecutivo de las naciones, y por último, pero no menos importante, la FAO (sigla en inglés de Food and Agriculture Organization, organismo de la ONU que regula lo relacionado con el tema), para pedir que la misma no se vaya a ver afectada por el uso irresponsable o excesivamente egoísta de la tecnología genética. El mismo título de la obra, Money Talks, parece subrayar ese punto al recurrir a la popular frase anglosajona money talks, bullshit walks (el dinero habla, la sandez camina), que a su vez, en este caso, la obra de Madriz podría estar parafraseando como money talks, foody walks, sugiriendo los grandes intereses monetarios implicados en la industria de los alimentos transgénicos, mayormente controlada por compañías privadas. 

Las otras cinco piezas que completan la exposición son una suerte de pinturas-objeto, puesto que su simple montaje sin marco, su soporte vegetal y las formas azarosas que este crea, son elementos tan importantes en su composición (en los sentidos visual y semántico) como lo plasmado sobre dicho soporte. En las cinco obras, resueltas en acrílico sobre madera (55 x 55 cm - 21 ¾ x 21 ¾ pulgadas) y producidas en 2009, Lucía Madriz contrasta los caprichosos dibujos y formas naturales producidos por las vetas, fibras y nudos de la madera pulida, con el trazado de formas geométricas creado por la artista con ayuda de instrumentos, para lograr unas simetrías de cariz arquitectónico, que evocan el perfil de nuestras megalópolis contemporáneas, en contraposición a los diversos tonos de verde y tierra que sugieren lo natural y el ambiente campestre, solucionados mediante veladuras y capas de acrílico en varios planos que dan cuerpo a las composiciones. Una metáfora visual que ensaya una aproximación más sutil e indirecta al tema de la instalación que encabeza la muestra, a saber: la necesidad de un reordenamiento de nuestra relación con la naturaleza, guiado por un código de conducta ético, más que por la primitiva avaricia monetaria, una ganancia que, además de mezquina, el tiempo demostrará tonta, al tener tantas probabilidades de convertirse en una de las más costosas y efímeras de la historia humana. Un dinero que no tendrá a quién contarle su penosa historia. 

RAFAEL LÓPEZ-RAMOS

Lucía Madriz, por Rafael López-Ramos | artnexus