Liliana Porter

Trabajos forzados (soga), 2006. Repisa, cuerda y figura de resina (instalación de pared). 5 x 110 x 26 cm. (2 x 43 ¼ x 10 1/5 pulgadas).

Primer Planosept 2009 - nov 2009· Por Rubén Bonet

Liliana Porter

Museo Rufino Tamayo

Una línea en el tiempo es la exposición, con carácter de retrospectiva, que le dedica el Museo Rufino Tamayo a la artista Liliana Porter, y que muestra el trabajo de los últimos 40 años de trayectoria de la artista, nacida en Buenos Aires en 1941, y quien reside y trabaja en Nueva York desde 1964, sin por ello dejar de lado en su obra la narratividad y un fuerte componente literario muy propios de la cultura argentina; las referencias a la obra de Borges son constantes.

Liliana Porter llevaba 50 años sin exponer en México, país donde residió durante tres años siendo discípula de Mathias Goeritz, uno de sus profesores "predilectos" y de quien pensaba que era "un ejemplo de la libertad, de lo transgresor y de las ideas nuevas", y país también donde a los 17 años presentó su primera exposición, en la galería Proteo del Distrito Federal.

Esta muestra, realizada bajo la curaduría de Tobias Ostrander, aglutina 38 piezas que incluyen pinturas, grabados, dibujos, fotografías, instalaciones y video, fechados los primeros trabajos en 1968. En palabras del curador, el arte de Liliana Porter tiene la particularidad de que con la utilización de pequeños recursos plantea grandes interrogantes en torno al tiempo y sus afinidades —espacio, memoria, mortalidad—, preguntas que resuenan en sus obras y en las investigaciones complementarias que ellas articulan: investigaciones sobre la representación, la estructuración de la realidad y el anhelo por el significado, ya que buena parte de su obra se fundamenta en el papel tradicional de la fotografía como documento y como un registro temporal.

Primer Plano: Liliana Porter — imagen 1
Sin título (Círculo), 1973-1974. Instalación de pared. Fotografía blanco y negro laminada.

El hecho de que Porter de joven migrara de Buenos Aires a la Ciudad de México con su familia, para posteriormente trasladarse definitivamente a Nueva York, reubicaciones las llama la artista, llevó a que se diera cuenta de cómo tres tiempos de diferente huso horario coexistían en el mismo plano mental. Además, el hecho de llegar a Nueva York le hizo tener plena conciencia de lo que significa ser latinoamericano en un contexto anglosajón. Entender abruptamente esto sirvió para que la artista tuviera claro a qué público y con qué inquietudes iban dirigidas sus piezas.

El tema del tiempo y las aproximaciones de la artista en sus trabajos se erigen en el eje del discurso de la muestra, mientras que la línea es el hilo conductor visual a lo largo de las salas de exhibición. Una línea de tiempo es un auxiliar gráfico que ayuda a organizar visualmente el tiempo secuencial. A través de ella se sitúan eventos temporales, uno después de otro, en una estructura lineal. El concepto de la línea comenzó con una pieza realizada en 1973, The Line (La Línea), en la que Porter dibujó el trazo de una línea sobre su dedo, que luego continuó sobre la superficie de un papel blanco. Posteriormente, fotografió dicha situación para producir un fotograbado que habría de imprimirse en otra hoja de papel. Sobre esta nueva superficie la artista dibujó una línea que daba continuidad a aquella que originalmente había dibujado sobre su mano.

Como espectadores observamos una única línea continua, cuando la realidad es que esta línea ha recorrido distintos tiempos y espacios. Dentro de la tradición renacentista, la línea es utilizada para crear la ilusión de un espacio real. El objetivo final es que esta línea, forma unificadora y homogénea, juegue con el concepto de diferentes temporalidades reunidas por una misma imagen y un único momento perceptivo sobre todas las líneas en el tiempo.

Primer Plano: Liliana Porter — imagen 2
Dibujo con martillo plástico, 1993-1995. Dibujo con martillo azul, plata sobre gelatina, coloreado a mano.

Las posibles referencias a los grandes clásicos es un modo de tender una línea a través del tiempo que une la Historia del Arte, haciendo hincapié en la idea de continuidad, reiteración y, en cierto modo, tradición. Pero en esta pieza en concreto, también alude a la ligereza, a lo más liviano, para evocar una sugerente y poderosa imagen mental.

Una de las características fundamentales del trabajo de Liliana Porter, es asociar la ligereza con la fragilidad de las estructuras temporales, aunque ahí están los vínculos que finalmente marcan una historia personal y una manera muy particular de incidir en los hechos a través del tiempo. Tanto con una línea, con una instalación de hilos, o con esas delicadas y diminutas réplicas de cerámica, el poder de evocación es inmenso. Los maravillosos espacios que proporciona la arquitectura del Museo Tamayo potencian la solemnidad de lo simple y lo ligero y agrandan el espacio mental de percepción.

La insistencia en  ciertos temas  que se repiten a lo largo de piezas realizadas en diferentes momentos, son herramientas fundamentales en el cuestionamiento de Liliana Porter al devenir lineal temporal. Y es que sobre ese fútil y esquivo tema que es el tiempo trata esta exposición.

RUBÉN BONET

Presidente de la Fundación Adopte a un Escritor.

Liliana Porter, por Rubén Bonet | artnexus