Kadir López no deja de sorprender, y hasta despistar un poco, a quienes han seguido su carrera artística con alguna atención. En algo más de un lustro —por solo referirme a los años más recientes—, este creador ha pasado de la instalación y el objeto a la pintura de pescadores y la huella impresionista, de la temática humana y marina al tema arquitectónico, y de este último al diseño gráfico. ¿Poética mutante? ¿Producción visual inconexa? No es así, tan simple. Se trata de una creación con muchos entresijos. Los rumbos en la obra de Kadir —otrora Kdir López— tienen parcial fundamento en la investigación experimental, el juego continuo, la búsqueda de una expresión más sólida, el cuestionamiento y el riesgo artísticos, la revisitación.
Si me remonto al año 1994, cuando Kadir López aún estudiaba en el Instituto Superior de Arte, puedo recordar sus apropiaciones de carteles relativos al ex paradigma mundial del socialismo —la extinta Unión Soviética—, resignificados en pinturas de gran formato. De modo que su reciente exposición en La Acacia vino a mostrar nuevos acercamientos al diseño informacional. Esta vez, al que saturaba con anuncios las páginas de publicaciones periódicas y fachadas de establecimientos comerciales en la Cuba neocolonial, capitalista. El artista tomó reclamos publicitarios de firmas estadounidenses y cubanas, y los sobrepuso a instantáneas epocales que registraban, principalmente, el entorno construido de La Habana.

“Todas las obras están hechas sobre carteles de publicidad originales (de los años 20 al 59), con todo el ingrediente histórico que esto implica”, me precisó Kadir López. “He investigado, minuciosamente, la ubicación de cada uno en la ciudad, o algún elemento significativo. He encontrado material fotográfico para hacer la reconstrucción de La Habana dentro del cartel... y reaportar anécdotas”.
De esa forma, la arquitectura y el mar volvían a su obra. La apropiación posmoderna, ensayada por el arte pop con dosis paródica de pretensa neutralidad, tampoco abandonaba definitivamente la poética del artista. Nacido en 1972, tuvo que realizar una labor arqueológica para hallar exponentes documentales de una realidad física y social que no vivió. No solamente por haber nacido varios años después de 1959; sino también por nacer y crecer en una ciudad (Las Tunas) muy alejada de la capital cubana. Ahora bien, en los esmerados que articuló y concertó con ayuda de un colaborador, Kadir López se apropió de una realidad que, a mi juicio, sólo hasta cierto punto no ha sido vivida por él y sus coetáneos.
Quienes residan en La Habana o la visiten, pueden ver todavía la flota rodante, digna de un museo, que forman los autos de añejas marcas estadounidenses también apreciables en las recreaciones de López. Pueden ver a esos hoy obsoletos vehículos de alquiler transitar con la misma carrocería por las mismas sendas y los mismos nodos urbanísticos. Pueden ver a esos “almendrones” circular por el mismo paisaje arquitectónico, ecléctico, perceptible en las obras de Kadir López.
Son automóviles y edificios deteriorados por la acción del tiempo, la desidia y/o la insolvencia económica. Y que en las piezas de López lucen comme il faut: erosionados por los años, las reacciones fotoquímicas y el manoseo del soporte fotográfico. Es también una impresión deseada por el artista, que explotó el efecto de la pátina y la corrosión metálica para ponderar la distancia temporal. Así propició también el alejamiento reflexivo. Y, con el respeto a las superficies pulidas –características de esos carteles de acero esmaltados en porcelana– y las variadas soluciones compositivas logradas con su intervención sobre ellos, potenció la aproximación estética.
Las marcas distribuidoras de petróleo y sus derivados, citadas por el artista, están descontinuadas en Cuba; mas la demanda de combustible y de fuentes abastecedoras conserva vigencia, con otros nombres. Los edificios y espacios urbanos sobrevivientes muestran alteraciones en sus colores originales, vanos, carpinterías o distribuciones internas; pero, rara vez, alguna modificación radical o irreversible. Los anuncios antiguos han desaparecido o cambiado. De cualquier modo, los escogidos por él están vaciados de su función primigenia: los productos publicitados ya no se fabrican ni se venden mayoristamente en Cuba, aunque sigan usándose. Como artefactos artísticos, asumen roles simbólicos y toman a veces la forma de objetos utilitarios. Han sido reciclados, al igual que algunos temas y medios expresivos en la obra de Kadir López, que tampoco ha renunciado a la instalación.
Signs resultó un título muy apropiado para su muestra. En las lenguas inglesa y española, los signos son unidades de significantes y significados. Tienen, igualmente, funciones denotativas y connotativas. Equivalen a indicios de objetos o fenómenos. Pero en inglés sí están muy definidos como letreros, carteles y señales de tránsito: formas recurrentes en la exposición. En ella, el artista mostró palimpsestos visuales y culturales, construidos en definitiva como la realidad: por estratos superpuestos e integrados, “rezagos” latentes en la sociedad.
ISRAEL CASTELLANOS LEÓN
