Exposición Individualsept 2009 - nov 2009· Por Ruth Estévez

Enrique Ježik

Galería Enrique Guerrero

Enrique Jezik escarba en lugar de amontonar. Un procedimiento inusual si tenemos en cuenta la fiebre de la superposición. Picando desde la superficie, nos encontraremos con algo que desde el principio parecía intuido, a una distancia poco definida, encubierto. Jezik no busca una imagen definitiva o mediadora sino que prefiere encontrar el resultado en el desgaste de producirla, como metalenguaje escultórico. Este agresivo tallado perpetrado a la materia prima es un ceremonial de destrucción que tiene la capacidad de transmitirnos una violencia contenida; la resistencia de la materia es proporcional a la intensidad y direccionalidad de los golpes, como si cada uno de los interventores entendiera perfectamente las reglas de este doloroso proceso. 

En la exposición de Enrique Jezik, Mira y mapa telescópica, la excavación se convierte en un proceso paradójico. Seis paneles de yeso aparecen tallados, dibujando la mira telescópica de un arma de fuego a una escala mayor que la real. Agudizando la mirada y apuntando a través de la lente ampliada, el blanco se perfila a la distancia correcta para hacer un disparo efectivo. La superficie de yeso, que sirve como lienzo y pared al mismo tiempo, confunde la visión de la víctima o el asaltante, evitando cualquier posibilidad de horizonte. Es, en realidad, la mira para un ojo ciego.

Exposición Individual: Enrique Ježik — imagen 1
Enrique Ježik. Mapa, 2009. 6 paneles de madera laminada.

Mi locura y mi miedo

tienen grandes ojos muertos

la fijeza de la fiebre

lo que mira en esos ojos

es la nada del universo

mis ojos son ciegos cielos

Georges Bataille

Me pregunto a qué apuntan, pues, esas miras ciegas más que a la nada. Dibujadas en el panel bidimensional, sólo pueden significar un diccionario de términos. Mildot, Rangefinder, Alemana o Crosshair son los sobrenombres de estas siluetas, herramientas sofisticadas para blancos específicos. Armas que necesitan miras perfectas en el marco de lo ilegal para usos encubiertos, ilícitos. A ciegas, estas miras ya no apuntan a un personaje concreto, sino a un sujeto informe, excluyendo su finalidad dirigida.

Al lado de esta primera serie de miras telescópicas, seis paneles de madera están esculpidos en forma de bajo relieve. En la superficie quemada procesalmente se distinguen los siete estados norteños de México. Dibujados sin distinciones de tamaño, nos muestran una situación geográfica imaginaria, en un mapa descompuesto. Una mira telescópica que no puede ver nada, y un mapa geográfico disgregado. 

La relación entre ambas piezas resalta un país invadido por la incertidumbre, convertido en un campo estratégico de miras que disparan en diferentes dianas. La original materia prima de ambas obras ya no funciona como metáfora de resistencia, sino como espejismo. Sin embargo, me resulta especialmente importante en este acto de excavación a pequeña escala la idea del descubrimiento. Hay que enterrar a los muertos para no sentirnos convidados al asesinato, porque el deseo de matar es algo, dice Bataille, interdicto. Olvidar a los caídos es, sin embargo, un analgésico para la memoria; mientras más capas se interpongan, más lejana se nos confiere la realidad. Por lo que escarbar es un acto de violencia necesaria a pesar de la posibilidad de un accidente fortuito. A medida que se excava y se socavan las capas cosméticas, las sustracciones de Jezik revelan la estratificación de contenidos: activar espacios olvidados más como recordatorio que como reserva.

RUTH ESTÉVEZ

Enrique Ježik, por Ruth Estévez | artnexus